La palabra Espiritualidad está cargada de muchas asociaciones y significados bastante diversos e incluso divergentes. Muchas veces nos señala una mirada sobre mundos más allá de nuestra percepción corriente, llenos de entidades y reglas ajenas a nuestro modo cotidiano de vivir y convivir, miradas esotéricas, muy ligadas al movimiento new age. Lo mismo pasa con la palabra Amor, frecuentemente asociada a la anterior. Llena de atribuciones diversas y divergentes, tanto que el Amor puede entenderse como mi deseo de poseer a otro a mi medida, como al contrario, abrirme a aceptarlo tal como es...
Por mi parte, sin sentirme sino distante de cualquier conversación o espacio de reflexión en torno a cosas ajenas a mi percepción y experiencia, a pesar de ello me he visto rodeado de la palabra Espiritualidad y Amor en mis búsquedas personales y profesionales, sintiéndome además muy cómodo dentro de esos espacios y conversaciones con personas diversas.
Me acerco a una definición de Espiritualidad finalmente, algo así como una la disposición a renunciar a las pretensiones del Ego de conocer, captar, controlar la existencia y la vida misma, subyugado ante la fuerza y la sabiduría implícita en el hecho mismo de la vida tal como es, muy superior a cualquier capacidad individual de comprenderlo en forma intelectual.
Espiritualidad se refiere a la experiencia misma de lo mucho más allá de mis fronteras personales, del Ego, que la existencia misma se despliega en armonía infinita y perfecta. Ante lo cual sólo queda entregarse, soltar. Es una actitud de respeto por lo desconocido incognoscible, lo más allá de mí, pero que sin embargo, ES, está aquí siempre. La existencia. lo que ES.
En cuanto a la muy manoseada palabra Amor, me quedo con la disposición a aceptarme a mí mismo y a cualquier otro tal cual ES. Acepto lo que es, no algo fácil siempre, es un arduo camino, muy reconfortante pero sin final. Obviamente emparentada con la Espiritualidad.
Es quizá también el sentimiento asociado a esa aceptación, de vivir con lo que soy, con lo que los otros son, en el intento de facilitar su despliegue sin oponer teorías de lo que es mejor o correcto, sino más bien en una actitud de atenta curiosidad, interés por lo que voy mostrándome de mí, por lo que el otro va siendo en su fluir.
Esto exige deponer todo proyecto, toda expectativa o diseño que pueda tener. Es pura apertura, franca curiosidad, disposición al asombro. Espacio para el brotar... brotar... bonita palabra para mirar el desarrollo de cada uno... no se me escapa que la Psiquiatría habla de brotes y eso no deja de dejar preguntas en torno a lo que consideramos enfermo
En el campo de las Psicoterapias y la Psiquiatría, hubo toda una época ligada a un diseño de ser humano "normal" "adaptado" implícitamente "sano".
Sin embargo, hay enfoques, como el psicoanálisis en algunas de sus escuelas, y otras terapias como la contemplativa y la humanista, fuertemente ligadas al budismo y sus prácticas, que más bien se posicionan desde la idea de que la salud está dentro de nosotros, y no en un modelo fuera.
Desde la mirada médica alopática, desde lamirada adaptativa, el brote mismo nos inquieta, una irregularidad de la rama, un grano que cortamos y sacamos porque en su irrupción de lo previo nos parece feo, no sospechamos la rama o la flor que puede llegar a desarrollarse. Ronald Laing practicaba lo que llamaba "viaje metanoico" con sus pacientes psicosis... darles un entorno protegido para que brotaran, no interponiéndose en la manifestación confiando en que la psicosis es una transformación similar al paso de gusano a mariposa a través de la crisálida, desde su punto de vista, la afección psicológica contiene el germen de su propia curación, porque no es enfermedad sino desarrollo, cuando miramos la película completa.
Disposición a escuchar atentamente, intentando cuestionar o sacudir todos los obstáculos, los más de ellos puestos por nosotros mismos, para que podamos escuchar con claridad nuestro propio ser que nunca se equivoca en torno a lo que vamos siendo y necesitamos. A veces la lucha no sólo es con el miedo de los que nos rodean y quieren normalizar, sino también con uno mismo es enorme, para darse espacio a ser.
Estas prácticas terapéuticas, amorosas, espirituales en el sentido que le estoy dando a esas palabras, no necesitan de nada más que una afinada escucha, curiosidad, inocencia, apertura por parte del terapeuta. Mi mejor maestro en esto es Columbo, antiguo detective televisivo setentero, con cada de nada o de ganso medio pavo, desentrañaba todo en base a simples preguntas. El arte de preguntar y escuchar.
Se distinguen estas actitudes de las escuelas que quieren mostrarnos modelos, de diversos orígenes y épocas, que dictan cómo vivir mejor.
Son parte del gran movimiento Espiritual en el mundo, que se dispone a descorrer los velos para enfrentarnos a nuestra verdadera naturaleza y despliegue. Apocalipsis, etimológicamente correr el velo... Vivimos el Apocalipsis, los tiempos de descorrer los velos y vivir en nuestra verdad, en lo que somos tal cual.
Hay una gran corriente de psicoterapias, que teniendo inspiraciones de origen diverso, están confluyendo en las prácticas de acompañar a la gente a este enfrentamiento, amoroso, a lo que cada uno es. Ya lejos de un enfoque normativo.
En esto las prácticas de meditación, las que no aportan contenidos ni objeto de meditación, sino el presente mismo, son totalmente complementarias y facilitadoras del proceso.
Practico meditación hace años, pasando por muchas, me quedé con la tradición zen, la meditación sentada llamada zazén, una de cuyas traducciones al español me encanta: "Sentarse Honestamente". Es quizá también a lo que aspiro cuando atiendo un consultante en mi práctica como terapeuta. Sentarme, honestamente, escuchando.
He tenido larga relación con otras prácticas terapéuticas, particularmente Osteopatía y Craneosacral. También con algo de los últimos avances en Quiropraxia. Es fascinante pues estas disciplinas en sus últimas generaciones, han dejado de lado la manipulación física del cuerpo, coincidiendo con variaciones menores, en una actitud meditativa, de apertura, acercando las manos al consultante sin hacer otra cosa que contemplar el presente, apartándose de la mente que clasifica, diagnostica y predice. He visto cosas sorprendentes.
Es un encuentro que va más allá de la patología, a un nivel donde no existe. Confiando en que la Inteligencia, no el intelecto humano, la Inteligencia que sostiene el orden de la vida, retoma la salud cuando la mente se silencia y deja de intervenir el cuerpo y el ser.
"Let The Work do the work" (déjale al trabajo hacer el trabajo)
"Trust the Tide" (confía en la Marea)
"Surrender your understanding, your Ego" (Rinde tu entendimiento, tu ego)
Palabras de mi difunto maestro y amigo Mike Boxhall.
Matías Fernández Depetris
Psicoterapeuta sin club discípulo de Groucho Marx
(Fundador y miembro único de Psicoterapia Sinclubista Marxista)
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21/6/12
13/6/12
¿Para qué sirve ir al terapeuta?
Una amiga complicada con su vida ha venido dándole vueltas a consultar un terapeuta, lleva unos años en ello y se resiste.
Me pregunta qué pienso, una y otra vez, y entre las razones que tiene para dudar está un muy buen amigo suyo, hombre muy culto que lleva muchos años, décadas en terapia. Parece tratarse de un psicoanálisis.
Lo que la inquieta es que su amigo es un experto en su propia vida, tiene nutridas y diversas explicaciones para todo, sabe una brutalidad de teoría psicoanalítica y de la vida de Freud y Jung, pero sin embargo no parece haber cambiado en nada.
Ella me pregunta ¿para qué sirve ir a terapia? ¿para tener explicaciones o para cambiar?...
Personalmente pienso que quizás el efecto es un poco de cada cosa, pero claramente al menos en lo que a mí respecta, creo que alguien que va a terapia, sufriendo por sus trabas existenciales, más que "saber" o "conocer" busca alivio a su sufrimiento, es lo que asociamos con cambio.
Es cierto sin embargo que muchos de nosotros adictos a los tratamientos terapéuticos, disfrutamos en las explicaciones y en sentirnos cercanos a los creadores de las teorías fundacionales, como Freud por ejemplo. Esto, en cualquier caso, si dentro del marco de un proceso analítico lo que sucede es que el consultante en lugar de verse enfrentado a sí mismo y modificar su existencia, va adquiriendo conocimientos teóricos, ya no es propiamente una terapia o proceso psicoanalítico, sino más bien adoctrinamiento, formación en un marco teórico explicativo de la existencia, de lo que resulta no necesariamente una vida más sana sino un seguidor y más bien un creyente.La vertiente religiosa del psicoanálisis.
Si, bien lo decía Bion, notable personaje inspirado de la tradición, el psicoanálisis tiene al menos tres vértices, Ciencia, Arte y Religión.
De la veta religiosa resulta lo que antes describo, psicoanalizados que resultan en creyentes y seguidores, y también instituciones anquilosadas destinadas no al desarrollo de lo novedoso sino a la conservación del Dogma, tal cual, una Iglesia.
En cuanto Ciencia, intenta legitimarse estableciendo "conocimiento" acerca de lo humano, de lo singular a lo general, leyes científicas sobre el ser y el comportamiento.
En cuanto Arte, el psicoanálisis es una práctica, que debe ser ejercida en plena libertad creativa para estar viva y vigente al momento mismo del encuentro del psicoanalistas con su consultante, no puede deberse más que a la frescura del momento y su fugacidad.
No puede estar regida por formas ni constreñida por dogmas que pertenecen al vértice Religioso.
Es también lo artístico en psicoanálisis totalmente contradictorio con el vértice científico que busca ir de lo singular a lo general, pues en el encuentro analítico se trata precisamente de despejar lo general, lo que enajena al sujeto de su singularidad, para ir al encuentro de la verdad singular, personal, que pulsa bajo el manto de identificaciones y adaptaciones a lo cultural. Es ir al encuentro del sujeto, dislocando, desubicando el lugar de su verdad de cualquier otro campo que no sea el propio.
Lo que la inquieta es que su amigo es un experto en su propia vida, tiene nutridas y diversas explicaciones para todo, sabe una brutalidad de teoría psicoanalítica y de la vida de Freud y Jung, pero sin embargo no parece haber cambiado en nada.
Ella me pregunta ¿para qué sirve ir a terapia? ¿para tener explicaciones o para cambiar?...
Personalmente pienso que quizás el efecto es un poco de cada cosa, pero claramente al menos en lo que a mí respecta, creo que alguien que va a terapia, sufriendo por sus trabas existenciales, más que "saber" o "conocer" busca alivio a su sufrimiento, es lo que asociamos con cambio.
Es cierto sin embargo que muchos de nosotros adictos a los tratamientos terapéuticos, disfrutamos en las explicaciones y en sentirnos cercanos a los creadores de las teorías fundacionales, como Freud por ejemplo. Esto, en cualquier caso, si dentro del marco de un proceso analítico lo que sucede es que el consultante en lugar de verse enfrentado a sí mismo y modificar su existencia, va adquiriendo conocimientos teóricos, ya no es propiamente una terapia o proceso psicoanalítico, sino más bien adoctrinamiento, formación en un marco teórico explicativo de la existencia, de lo que resulta no necesariamente una vida más sana sino un seguidor y más bien un creyente.La vertiente religiosa del psicoanálisis.
Si, bien lo decía Bion, notable personaje inspirado de la tradición, el psicoanálisis tiene al menos tres vértices, Ciencia, Arte y Religión.
De la veta religiosa resulta lo que antes describo, psicoanalizados que resultan en creyentes y seguidores, y también instituciones anquilosadas destinadas no al desarrollo de lo novedoso sino a la conservación del Dogma, tal cual, una Iglesia.
En cuanto Ciencia, intenta legitimarse estableciendo "conocimiento" acerca de lo humano, de lo singular a lo general, leyes científicas sobre el ser y el comportamiento.
En cuanto Arte, el psicoanálisis es una práctica, que debe ser ejercida en plena libertad creativa para estar viva y vigente al momento mismo del encuentro del psicoanalistas con su consultante, no puede deberse más que a la frescura del momento y su fugacidad.
No puede estar regida por formas ni constreñida por dogmas que pertenecen al vértice Religioso.
Es también lo artístico en psicoanálisis totalmente contradictorio con el vértice científico que busca ir de lo singular a lo general, pues en el encuentro analítico se trata precisamente de despejar lo general, lo que enajena al sujeto de su singularidad, para ir al encuentro de la verdad singular, personal, que pulsa bajo el manto de identificaciones y adaptaciones a lo cultural. Es ir al encuentro del sujeto, dislocando, desubicando el lugar de su verdad de cualquier otro campo que no sea el propio.
20/3/12
(R)evolución
Ayer en la radio escuché a la muñeca comunista, se permite ir a apoyar movimientos regionales en el norte, bajo el discurso de que este modelo neoliberal nadie lo eligió. Que yo recuerde, llevamos varias elecciones en las que el único modelo no neoliberal representado por el PC, sacó mínimos votos. La gente ha elegido gobiernos neoliberales capitalistas, por amplia mayoría en relación a los modelos alternativos incluyendo a los comunistas. Luego, en lugar de ir a apoyar a las gentes como si fueran pobres víctimas de un poder externo, cuándo corno nos pondremos a mirar que somos víctimas del poder interno que nos esclaviza, aceptando el modelo sumisión - dominación y su ramificación capitalista neoliberal, por opción propia. Todos los días aceptamos que se nos trate como se nos trata, se nos pague lo que se nos paga, se nos regule la convivencia tal como ocurre. El asunto sigue siendo "La Pasión de la Servidumbre Voluntaria" La verdadera (r)evolución está en la consciencia.
16/3/12
Arraigo, Leyes y autorregulación...
Como seres desarraigados de nuestra naturaleza esencial, así llamados civilizados, hemos perdido hace mucho la capacidad de sentir a través de lo que somos básicamente, sensopercepciones. Excluídos del contacto con nosotros mismos, lo que nos permitiría autoregularnos, vamos en el progresivo y caricaturezco desarrollo de leyes y normas de comportamiento, que regulan lo que nuestra entraña podría perfectamente, si pudiéramos sentirla. Por ejemplo ¿qué necesidad tenemos de semáforos? Recuerdo los días post terremoto 27F, no había luz, por tanto no había semáforos, y era notable ver cómo los conductores nos entendíamos perfecta y armónicamente con la mirada, como en no pocas ciudades de culturas menos apegadas al control externo.
11/10/11
Estudiantes ¿Año perdido?
Me resulta sorprendente la linealidad de nuestro pensamiento, centrados en objetivos lejanos y únicos de rendimientos y cumplimiento de metas, se habla del año perdido de los estudiantes.
Me pregunto si no será un año ganado, en el ejercicio de las libertades, sí quizá hasta el hartazgo, lo que también es una ganancia, conocer los límites de las propias ganas de expresarse en rebelión. Un año de aprender a escuchar, o de aprender lo que pasa cuando no se escucha. Un año para saber por experiencia qué es un político, qué es un político en gestación en sus tiempos de preparación como dirigente estudiantil. Aprender para qué sirve un partido político, para qué sirve organirzarse, para qué no sirve... Un año de conocer la necesidad del respeto en las relaciones para que pueda darse una relación y una imposición, de la oportunidad de pensar en los medios legítimos de protesta que a pesar de legítimos pueden volverse en contra... en fin. Un año ganado, lejos.
8/9/11
El fracaso de un sexólogo. (Silicone + Viagra times...)
En el trabajo profesional con parejas se me presentó algo que me llevó a iluminar aspectos de la relación de pareja que no había ordenado así antes.
Me consultó una pareja que había trabajado dos años en terapia con un sexólogo. Inicialmente habían estado preocupados por las dificultades en esa área (falta de deseo, relaciones algo mecánicas, evitación del encuentro particularmente ella).
Por recomendación de su psiquiatra, él acudió a un sexólogo que comenzó a trabajar con ambos, apuntando específicamente a la decaída actividad sexual. Los estimuló a cuidar el estado físico, el arreglo personal, a comprar ropas nuevas más juveniles. Los invitó a señalar y cuidar espacios para encontrarse en la semana, cenar, café, actividades de esparcimiento y culturales. Les sugirió el uso de viagra y equivalentes y a ella le abrió el mundo de los implantes de silicona y la lencería erótica.
El resultado era no muy alentador, rodeados de nuevas ropas, actividades y sugerentes juguetes, pastillas y voluminosos implantes, su situación íntima no cambiaba. El viagra dejó de surtir efecto, ella se arrepintió dolorosamente del aspecto que le daban los implantes y cómo le quedaron los labios y pómulos inyectados.
El sexólogo tenía aún más recursos, dada la inutilidad de lo previo les sugirió hacer proyectos juntos, construir una casa en la playa (con crédito, claro), viajar por asia... ... a él le propuso un implante inflable en el pene... ... ... ...
En ese punto se sintieron incómodos con el abordaje del profesional y por una sugerencia de amigos decidieron recurrir a un psicoterapeuta.
Lo que para mí al recibirlos, ya en el primer encuentro fue impresionante era lo lejanos que eran ellos uno a otro, quizá lo que los unía era el interés por pedir ayuda. Revisando sus vidas, no tenían casi nada en común y tampoco mucho interés en desarrollarlo. Lo que les quedaba era la crianza de unos hijos ya grandes, una vida social ritualizada de la que ambos se declaraban aburridos pero no se atrevían a apartar, y la administración de su hogar y algunas propiedades.
Carecían de un proyecto de pareja. No había proyecciones. Indagando un poco más, buscando si el estado de cosas era desde siempre o había un punto de quiebre en la historia común, habían ocurrido hechos dolorosos de traición a ciertos acuerdos por parte de él, y mucha rabia y dolor en ella. Con el tiempo fueron enterrados.
En éste primer encuentro ella vio y declaró sorprendida haber entendido que ella se retiró, se puso a distancia de él.
Él comprendió en ese momento y lo dijo, que luego de lo ocurrido, él intentaba buscar la cercanía acosándola, exigiéndole sexualmente, sus "deberes de esposa" a lo que a veces ella accedía con desgano, haciéndolos a ambos sentir cada vez peor. Hasta que él, cansado, se retiró a una distancia cómoda.
Es así como llegaron a hacer la diferencia central entre "falta de sexo o problemas sexuales" y "falta de intimidad y problemas en el encuentro de pareja".
Todo esto movilizó el inicio de un proceso terapéutico en pareja acerca del que por ahora nada puedo decir excepto que se inició con interés, y con el foco en el problema del encuentro y la intimidad.
Encuentro e intimidad, versus sexo, técnicas. Lo encuentro muy elocuente.
9/7/11
Encuentros Terapéuticos.
Personales: Los recursos de la "persona", el Ego. Desde y con el Yo y sus funciones. Saber. Distinciones clínicas, diagnósticos, análisis, pronósticos. Tratamientos, técnicas, intervenciones, propósitos, objetivos. Dar. Controlar, supervisar.
Transpersonales: Más allá del Ego, del Yo y sus funciones. La Consciencia en meditación. Presencia plena. El Arte de Hacer Nada. Hacerse a un lado. Escuchar. Recibir con todos los sentidos. Rendirse, entregarse ante la suprema existencia, ineludible. Dejarse llevar en lo que Es para que Sea. ser testigo, con suerte. Abrir una ventana en la red interpersonal del nivel de la mente, para que entre el aire fresco, para que la fuerza del universo sacuda las pequeñeces del supuesto saber restituyendo la dinámica de lo que Es. Liberar, soltar.
Humberto Maturana dice "El amar es el modo de relacionarse en el cual el otro no tiene que disculparse por ser. En el cual la actitud de uno no antepone un prejuicio, una expectativa o una exigencia en la relación. Y abre, por lo tanto, un espacio para que aparezca lo que tenga que aparecer..."
Si lo entendemos así el Universo Es la expresión misma del amor, y lo transpersonal, ni siquiera es ir al encuentro de ello, es aceptar que estamos inmersos, bañándonos en ese elixir. Basta despejarse de la mente, acogerla, ir más allá ...
Si lo entendemos así ¿qué estamos haciendo en nuestras relaciones? ¿parejas? ¿hijos?
9/3/11
Un Terapeuta, ¿escucha?
La escucha. Punto central de las disciplinas terapéuticas.
Cuando un terapeuta "escucha" intentando dar con un diagnóstico ¿escucha?
En tal caso ¿qué escucha, si no sus modelos teóricos para ver cómo encajar al consultante en alguna categoría conocida?...
Entonces, ¿escucha al otro? ¿se escucha? sus propios temores, ideologías, etc...
¿En qué consiste entonces la psicoterapia?
¿En traducir al sujeto a una mirada y lenguaje científico normalizador?
¿Indicarle al consultante lo que le pasa y esperar que se adhiera a nuestra idea de solución? (que ni siquiera probablemente es nuestra sino de algún laboratorio que hace buen negocio creando nombres de enfermedad a diversos estados anímicos...)
O, hacia el otro lado, abrirse a la escucha, e intentar que el consultante se escuche, alguna vez, en nuestras palabras, reflejo, que finalmente conducen a la clara noción de que nadie sino tú, puede escucharte...
Muy de moda está el "mindfullness" ("presencia plena") en psicoterapia, un curioso injerto de la meditación con psicoterapia. Conozco pasionales defensores del concepto, que no han meditado nunca, y basan su práctica profesional en las categorías diagnósticas médicas dictadas por asociaciones médicas psiquiátricas norteamericanas.
Siendo estricto, ¿qué posibilidades hay de estar plenamente presente con alguien a quien vemos como "limítrofe" o "trastorno de personalidad".
¿Tiene valor el diagnóstico en psicoterapia?
¿Es un lastre de nuestra dependencia médica en parte de la historia de la disciplina?
21/1/11
Las madres, esas locas...
Almorzaba hoy y en la mesa a mi lado un grupo de mujeres alrededor de los casi 30. Posteriormente llega otra, levemente mayor, madre, con un pequeño de semanas de vida, en su coche... escucho frases ...¿estai como toas las locas?... si po porque se ponen toas locas... ¿te dieron sulpilan.. o algo más fuerte? sipo, Jorge me dijo que le dijo a mi cuñá, la Claudia, tu la cachai... "o tomai algo o me voy de la casa" ... claro, no, si recién parías se ponen toas locas...
Conversación entre nomadresaún y una novel madre, infortunadamente hermana de la acogedora comentarista y prima de alguna otra, amiga a medias del resto.
Era impresionante ver las contorsiones que la loca hacía por contenerse...
Las descripciones de lo que se trataba eso de "se ponen toas locas" se centraba en que se ponen sensibles a los ruidos, al humo de cigarrillo cerca del recién nacido, estrictas con los horarios, no quieren salir, no quieren exponer al niño bruscamente al ruido, sol, cosas de la ciudad. No están muy dadas a lo que los demás.
Recordé a un viejo psicoanalista, Donald Winnicott, que hablaba que en las primeras semanas post parto, las madres entran en lo que llamó Preocupación Maternal Primaria, y decía que es un estado mental muy particular de volcamiento absoluto a las delicadas necesidades del recién nacido.
En un cierto sentido es como si el nacimiento en sentido psicológico, aún no se hubiera producido, madre hijo aún son uno, no dos. El estado mental que en la madre prima en esos días, a la luz de un exámen psiquiátrico sería visto como psicótico, fuera de "la realidad", si no consideramos que la realidad primordial de esa madre es el sostén de la fragilidad del ser que ha llegado a su vida, o más bien que va llegando a la vida a través de ella.
Recordando la escena que relaté, qué ciegos, sordos e insensibles nos hemos vuelto a los hechos más simples y básicos de la vida.
21/1/10
Mala Fe, mala, muy mala.
La fe es un gran problema. Es mala.
La más potente enseñanza budista que recibí: "No confíes en nadie".
Me costó pescarle el hilo, pero se trata de CONSCIENCIA Y RESPONSABILIDAD.
No es depositando la confianza en que otros hagan por nosotros algo, que resolveremos el enfrentamiento de nuestra vida.
Confiar en que otro hará algo primero para que luego nosotros nos hagamos cargo es la semilla fundacional de la dinámica de la queja permanente y el estancamiento.
Tener fe, para mucha gente parece tener que ver con sentarse a esperar que sus vidas cambien de *alguna* manera, confiando en la providencia, Dios, los ángeles, los maestros ascendidos, mi papá, el papa....
Mala Fe.
La más potente enseñanza budista que recibí: "No confíes en nadie".
Me costó pescarle el hilo, pero se trata de CONSCIENCIA Y RESPONSABILIDAD.
No es depositando la confianza en que otros hagan por nosotros algo, que resolveremos el enfrentamiento de nuestra vida.
Confiar en que otro hará algo primero para que luego nosotros nos hagamos cargo es la semilla fundacional de la dinámica de la queja permanente y el estancamiento.
Tener fe, para mucha gente parece tener que ver con sentarse a esperar que sus vidas cambien de *alguna* manera, confiando en la providencia, Dios, los ángeles, los maestros ascendidos, mi papá, el papa....
Mala Fe.
Eduardo, Sebastián y los irresponsables de siempre.
Nuestras recientes "elecciones" presidenciales me dejaron algo frío, indiferente. Puede ser que mi cómoda vida burguesa no se vea muy afectada por las posibles diferencias, o que mi poca inteligencia no me permita el análisis apropiado para llegar a niveles importantes de angustia por el futuro, de tal modo que me importe.
Por otra parte, para qué estamos con cosas, Sebastián, como le dice la gordi, es un DC. No es la derecha terrorífica, la que inicia un mandato dando gracias a la presi y recibiendo en su casa al contendor. Si son amigos, de chicos, son medio emparentados, negocios, Cachagua, ¿cachai?
Bien bueno está por otra parte, que la mitad del país que se ha comido 20 años de derrotas electorales, tenga la posibilidad de celebrar abiertamente, la verdad lo sentí como la indispensable liberación de un gas atravesado en las intestinas redes sociales de este país.
Respecto a la escandalera de muchos concertacionistas con lo que pueda venir, no estaría mal recordar e imaginar, para los que estábamos del lado del "NO" cuando Pinochet nos preguntaba si lo queríamos o no, ¿Cómo sería estar del lado de los Pinochet Boys aterrados viendo que los "comunistas" llegaban al poder terminando con 30 años de autoritarismo tranquilizador? Se tuvieron que comer los nervios y asistir a estos últimos 20 años en que se pudo ver que ni locos ni comeguaguas, algo mediocres, algo corruptos, algo decentes, trabajadores y eficientes, no tan de izquierda, un poco impredecibles, los gobiernos de la concertación han administrado el país con decencia mínima, como seres humanos.
¿Son los concertacionistas los "buenos"? .... ..... Churra.
Bueno, hasta ahí con las elecciones, que me dan lo mismo. El punto de todo esto era precisamente que me desespera su poco ver gente sentada a una mesa bien provista y bien regada, depositando su confianza en un candidato y sentándose a esperar que se hagan las cosas, con mucho discurso, asado y vino.
Qué podrá cambiar en una sociedad si cada uno de sus miembros deposita la esperanza de que se hagan las cosas en un administrador.
¿Cuántas acciones inmediatas, locales, en el entorno de nuestros hogares, podrían cambiar muchas cosas de las que nos quejamos cotidianamente?
¿Dependerá de Sebastián, de Eduardo o de cualquiera lo que hagamos con nuestra basura, el trato a quienes dependen de nosotros, nuestro nivel de desarrollo y trabajo?
Por otra parte, para qué estamos con cosas, Sebastián, como le dice la gordi, es un DC. No es la derecha terrorífica, la que inicia un mandato dando gracias a la presi y recibiendo en su casa al contendor. Si son amigos, de chicos, son medio emparentados, negocios, Cachagua, ¿cachai?
Bien bueno está por otra parte, que la mitad del país que se ha comido 20 años de derrotas electorales, tenga la posibilidad de celebrar abiertamente, la verdad lo sentí como la indispensable liberación de un gas atravesado en las intestinas redes sociales de este país.
Respecto a la escandalera de muchos concertacionistas con lo que pueda venir, no estaría mal recordar e imaginar, para los que estábamos del lado del "NO" cuando Pinochet nos preguntaba si lo queríamos o no, ¿Cómo sería estar del lado de los Pinochet Boys aterrados viendo que los "comunistas" llegaban al poder terminando con 30 años de autoritarismo tranquilizador? Se tuvieron que comer los nervios y asistir a estos últimos 20 años en que se pudo ver que ni locos ni comeguaguas, algo mediocres, algo corruptos, algo decentes, trabajadores y eficientes, no tan de izquierda, un poco impredecibles, los gobiernos de la concertación han administrado el país con decencia mínima, como seres humanos.
¿Son los concertacionistas los "buenos"? .... ..... Churra.
Bueno, hasta ahí con las elecciones, que me dan lo mismo. El punto de todo esto era precisamente que me desespera su poco ver gente sentada a una mesa bien provista y bien regada, depositando su confianza en un candidato y sentándose a esperar que se hagan las cosas, con mucho discurso, asado y vino.
Qué podrá cambiar en una sociedad si cada uno de sus miembros deposita la esperanza de que se hagan las cosas en un administrador.
¿Cuántas acciones inmediatas, locales, en el entorno de nuestros hogares, podrían cambiar muchas cosas de las que nos quejamos cotidianamente?
¿Dependerá de Sebastián, de Eduardo o de cualquiera lo que hagamos con nuestra basura, el trato a quienes dependen de nosotros, nuestro nivel de desarrollo y trabajo?
16/1/10
Limosna Cotidiana
Tantos medigos, esquinas, lava parabrisas, malabaristas, contorsionistas, simples llorones mendicantes, payasos, magos, banderilleras, pedigüeños de toda calaña.
Esquinas de Santiago, de las urbes del mundo. Proceso en desarrollo.
Sí, el "desarrollo" desarrolla, pobreza también.
Más tecnología, más potencia, más lujo en tu nuevo auto, más mendigos, más contaminación, más abismo de clases. Más fantástico tu auto, más desagradable llegar a la esquina en rojo, mientras atisbas de reojo cuántos menesterosos esperan el aterrizaje de tu super nave para arrimarse a pedir.... calculas, en qué posición quedarás, quizás te salves.
¿Salvarse de qué?
Del impacto de la realidad. De la simple realidad que en una esquina da cuenta de la violencia del "desarrollo" moderno.
Muchos tenemos grandes explicaciones para evitar dar limosna. Justificaciones de todo tipo, escuchamos o decimos que esas personas deberían buscar trabajo, que elgobierno no se hace cargo...
Mientras llenamos nuestras mentes y bocas de palabras, esas personas tienen vidas reales transcurriendo en las calles.
¿Se aprovecha alguien que por muy sano que esté está en la calle mendigando?
Difícilmente, alguien que llega a eso por la razón que sea tiene el legítimo derecho de apelar a la compasión de sus conciudadanos para resolver su vida cotidiana.
Si alguien tiene oportunidad de hacer otra cosa y se queda en la calle, no se hace un bien tampoco. Lo ético de trabajar, de DAR algo a cambio de lo que RECIBES, de entregar para poner algo en tu mesa, no lo alcanza.
Y el que no tiene otra, por muy sano que parezca a nuestros ojos, debido a vaya uno a saber qué circunstancias no ha podido hacer otra cosa, ahí está, delante tuyo, y te pide.
Eso es ineludible. Aunque le hagas el quite, se lo hiciste a la persona del mendigo, pero no al encuentro de la realidad.
Me parece que la limosna es un modo posible mientras no haya otro al alcance, de compartir cuando se tiene con alguien que abiertamente lo necesita.
Hay mafias de mendigos, es cierto, son explotados, sí, pero eso también es una manera de vivir. Y nuestro lindo discurso acerca de no alimentar a las mafias no resuelve el día a día que nadie resuelve, de millones de congéneres miserables. ¿puedes tú ofrecer una alternativa?
Tender la mano, es tan básico, atávico quizás.
¿¿Las instituciones de caridad?? A cuánto funcionario ocioso financias con tu aporte, antes de que llegue una ayuda efectiva a un verdadero necesitado. Grandes instituciones internacionales, lindos edificios hechos por grandísimos arquitectos, que no trabajan gratis por cierto, enormes y fastuosos jardines, cristales ahumados, alfombras, perfumes, glamour whiskerdoso, muchos idiomas, buen café, oficina insonorizada, climatizada. Sueldos amplios, jornada laboral corta y flexible. Una gran masas de "cientistas sociales" dedicados a producir y evaluar "proyectos" notables discursos sociofilosóficos que engrosan el archivo del ego científico de buenos burgueses.
¿Cuántos recursos, infinitos recursos, destinados al sociólogo chic, antes de llegar a ser un plato de comida, ropa, techo para quien no alcanzó ni a educarse?
Limosna es lo que recibimos quienes vivimos de hacer malabares con las ideas.
Esquinas de Santiago, de las urbes del mundo. Proceso en desarrollo.
Sí, el "desarrollo" desarrolla, pobreza también.
Más tecnología, más potencia, más lujo en tu nuevo auto, más mendigos, más contaminación, más abismo de clases. Más fantástico tu auto, más desagradable llegar a la esquina en rojo, mientras atisbas de reojo cuántos menesterosos esperan el aterrizaje de tu super nave para arrimarse a pedir.... calculas, en qué posición quedarás, quizás te salves.
¿Salvarse de qué?
Del impacto de la realidad. De la simple realidad que en una esquina da cuenta de la violencia del "desarrollo" moderno.
Muchos tenemos grandes explicaciones para evitar dar limosna. Justificaciones de todo tipo, escuchamos o decimos que esas personas deberían buscar trabajo, que elgobierno no se hace cargo...
Mientras llenamos nuestras mentes y bocas de palabras, esas personas tienen vidas reales transcurriendo en las calles.
¿Se aprovecha alguien que por muy sano que esté está en la calle mendigando?
Difícilmente, alguien que llega a eso por la razón que sea tiene el legítimo derecho de apelar a la compasión de sus conciudadanos para resolver su vida cotidiana.
Si alguien tiene oportunidad de hacer otra cosa y se queda en la calle, no se hace un bien tampoco. Lo ético de trabajar, de DAR algo a cambio de lo que RECIBES, de entregar para poner algo en tu mesa, no lo alcanza.
Y el que no tiene otra, por muy sano que parezca a nuestros ojos, debido a vaya uno a saber qué circunstancias no ha podido hacer otra cosa, ahí está, delante tuyo, y te pide.
Eso es ineludible. Aunque le hagas el quite, se lo hiciste a la persona del mendigo, pero no al encuentro de la realidad.
Me parece que la limosna es un modo posible mientras no haya otro al alcance, de compartir cuando se tiene con alguien que abiertamente lo necesita.
Hay mafias de mendigos, es cierto, son explotados, sí, pero eso también es una manera de vivir. Y nuestro lindo discurso acerca de no alimentar a las mafias no resuelve el día a día que nadie resuelve, de millones de congéneres miserables. ¿puedes tú ofrecer una alternativa?
Tender la mano, es tan básico, atávico quizás.
¿¿Las instituciones de caridad?? A cuánto funcionario ocioso financias con tu aporte, antes de que llegue una ayuda efectiva a un verdadero necesitado. Grandes instituciones internacionales, lindos edificios hechos por grandísimos arquitectos, que no trabajan gratis por cierto, enormes y fastuosos jardines, cristales ahumados, alfombras, perfumes, glamour whiskerdoso, muchos idiomas, buen café, oficina insonorizada, climatizada. Sueldos amplios, jornada laboral corta y flexible. Una gran masas de "cientistas sociales" dedicados a producir y evaluar "proyectos" notables discursos sociofilosóficos que engrosan el archivo del ego científico de buenos burgueses.
¿Cuántos recursos, infinitos recursos, destinados al sociólogo chic, antes de llegar a ser un plato de comida, ropa, techo para quien no alcanzó ni a educarse?
Limosna es lo que recibimos quienes vivimos de hacer malabares con las ideas.
5/3/09
Ciencia y Verdad. Felices Sueños.
Leyendo a un viejo maravilloso, Masanobu Fukuoka, me encuentro con su afirmación acerca de que el saber de los científicos sobre la vida, es como el de las ranas de un charco.
Del charco saben, mientras están vivas, son expertas en su charco, pero como se ve muchas veces, se salen del charco y entran a una carretera, y ya son totalmente estúpidas, mueren aplastadas.
La ciencia es un dominio de conocimiento, preciso, limitado, definido por sus reglas. Tal cual un juego como el fútbol o el ajedrez.
El problema no es la ciencia, un buen científico sabe perfectamente el límite de sus conocimientos y su aplicabilidad, Tal como una buena rana no saldrá de su charco, al menos sin tener claro que sale de sus límites de conocimiento.
En el campo psicoterapéutico, me muevo actualmente muy fuera de lo científico en lo que como psicólogo fui formado con claro énfasis.
Es más, la ciencia no sólo me es ajena sino contraria como marco de conocimiento y práctica.
La ciencia, tal como el modelo médico occidental lo representa, busca ubicar la generalidad, la normalidad. Para la ciencia no hay individuos, el médico y el terapeuta científico buscan el diagnóstico, esto es, el casillero donde encajar a un individuo, despojándolo de toda su singularidad para ubicarlo en un grupo amplio.
La psicoterapia es el arte del despliegue de la singularidad, mi trabajo consiste precisamente en desmontar toda identificación con lo "normal" con el "deber", para permitir el brote y desarrollo de lo genuino de cada ser.
¿Existencialismo?, puede ser.
La existencia se me aparece de una potencia infinita, actualmente estoy lejos de creer que algún conocimiento o técnica humana pueda doblegar lo que ES. Lo que es, verdad suprema de los hechos, se impone siempre finalmente, por la fuerza propia de lo real.
Nada más elocuente que lo que vemos que está pasando con el planeta y la "civilización", producto de nuestro "conocimiento y técnica" en gran parte científico. El modelo económico, desarrollado por expertos altamente educados. Todo se revienta como una burbuja, y aparece la naturaleza, lo real, inmutable.
Por mucho que nos duela, no deja de ser cierto que la desaparición completa del planeta tierra, en el peor de los casos, nada significa en el contexto del Universo y sus magnitudes.
Felices sueños.
Del charco saben, mientras están vivas, son expertas en su charco, pero como se ve muchas veces, se salen del charco y entran a una carretera, y ya son totalmente estúpidas, mueren aplastadas.
La ciencia es un dominio de conocimiento, preciso, limitado, definido por sus reglas. Tal cual un juego como el fútbol o el ajedrez.
El problema no es la ciencia, un buen científico sabe perfectamente el límite de sus conocimientos y su aplicabilidad, Tal como una buena rana no saldrá de su charco, al menos sin tener claro que sale de sus límites de conocimiento.
En el campo psicoterapéutico, me muevo actualmente muy fuera de lo científico en lo que como psicólogo fui formado con claro énfasis.
Es más, la ciencia no sólo me es ajena sino contraria como marco de conocimiento y práctica.
La ciencia, tal como el modelo médico occidental lo representa, busca ubicar la generalidad, la normalidad. Para la ciencia no hay individuos, el médico y el terapeuta científico buscan el diagnóstico, esto es, el casillero donde encajar a un individuo, despojándolo de toda su singularidad para ubicarlo en un grupo amplio.
La psicoterapia es el arte del despliegue de la singularidad, mi trabajo consiste precisamente en desmontar toda identificación con lo "normal" con el "deber", para permitir el brote y desarrollo de lo genuino de cada ser.
¿Existencialismo?, puede ser.
La existencia se me aparece de una potencia infinita, actualmente estoy lejos de creer que algún conocimiento o técnica humana pueda doblegar lo que ES. Lo que es, verdad suprema de los hechos, se impone siempre finalmente, por la fuerza propia de lo real.
Nada más elocuente que lo que vemos que está pasando con el planeta y la "civilización", producto de nuestro "conocimiento y técnica" en gran parte científico. El modelo económico, desarrollado por expertos altamente educados. Todo se revienta como una burbuja, y aparece la naturaleza, lo real, inmutable.
Por mucho que nos duela, no deja de ser cierto que la desaparición completa del planeta tierra, en el peor de los casos, nada significa en el contexto del Universo y sus magnitudes.
Felices sueños.
1/3/09
Psicoterapia y Cambio
En el ámbito "psi" mucho se insiste sobre el "cambio". Creo que hay algo falaz en ello.
Hay una insistencia en cambiar, para parecerse a otro.
De eso, es precisamente de lo que la gente llega enferma. Del intento infinito de ser otro.
La psicoterapia efectiva, levanta falsedades, revela lo que estaba oculto, reprimido, maltrecho.
No instala nada.
La instalación de características diversas en las personas, o la anulación de otras, por medio de técnicas diversas, siempre obedece a un modelo de salud que dice que lo sano es algo bien definido, e intenta llevar a los individuos por ese carril.
La anulación de la subjetividad.
Dentro del movimiento psicoanalítico se trata de lo contrario, de desahogar la subjetividad.
Más que ayudar a alguien a ser otro, se trata más bien de que sea cada vez más él mismo.
El trabajo de un psicoanalista o un buen terapeuta, a mi ver, es trabajar indagando para revelar, develar, destapar, acompañando al consultante a acercarse a sí mismo, a lo que es, y no a lo que debiera ser según algún modelo ideal.
Habrá contradicciones, por cierto, muchas. No se trata de resolverlas, se trata de convivir con ella, en una actitud que más se parece a la contemplación oriental, apertura, escucha, que a algunas técnicas psicoterapéuticas que buscan resolver.
Hay una insistencia en cambiar, para parecerse a otro.
De eso, es precisamente de lo que la gente llega enferma. Del intento infinito de ser otro.
La psicoterapia efectiva, levanta falsedades, revela lo que estaba oculto, reprimido, maltrecho.
No instala nada.
La instalación de características diversas en las personas, o la anulación de otras, por medio de técnicas diversas, siempre obedece a un modelo de salud que dice que lo sano es algo bien definido, e intenta llevar a los individuos por ese carril.
La anulación de la subjetividad.
Dentro del movimiento psicoanalítico se trata de lo contrario, de desahogar la subjetividad.
Más que ayudar a alguien a ser otro, se trata más bien de que sea cada vez más él mismo.
El trabajo de un psicoanalista o un buen terapeuta, a mi ver, es trabajar indagando para revelar, develar, destapar, acompañando al consultante a acercarse a sí mismo, a lo que es, y no a lo que debiera ser según algún modelo ideal.
Habrá contradicciones, por cierto, muchas. No se trata de resolverlas, se trata de convivir con ella, en una actitud que más se parece a la contemplación oriental, apertura, escucha, que a algunas técnicas psicoterapéuticas que buscan resolver.
31/12/08
Morir es cierto
De hecho la muerte es roca sólida, realidad en estado puro.
La frase me impactó hace años, Morir es cierto, decía Roser Bru en una serie de bellos grabados.
¿Cuánta gente se va a dormir cada día pensando en las cosas del día siguiente, y no despierta más, muere en el sueño?
Vivimos como si cada nuevo día fuera una cosa ordinaria, dada por hecho.
¿En qué nos basamos para creer que la existencia es eterna, tal como se nos presenta hoy?
No es que mi veta melancólica esté por predicar una cierta adicción a la vecindad de la muerte, como un modo amargo de vivir.
Lo que pasa es que es tan evidente y tan simple, pero tan negado y apartado de nuestras consciencias.
Vivimos sufriendo porque las cosas no son como deberían ser, según nuestras creencias.
Es tan sólido el hecho de que las cosas son lo que son. No lo que queremos que sean.
El sufrimiento se constituye en esa lucha, contra lo que es como es, y fundamentalmente grave es cuando se trata de nosotros mismos.
El terapeuta que soy vive de eso, de la lucha que establecemos, a veces a muerte, contra el que somos esencialmente. Digo lucha a muerte porque muchos cánceres y otras enfermedades se presentan ante el terapeuta como un lento suicidio, un castigo.
Es largo de explicar, pero a este punto me llevó el psicoanálisis, y en este punto me encontré el budismo. Es también mi punto de partida en la psicoterapia seria, el encuentro con Humberto Maturana, Todo lo dicho es dicho por alguien, y la "verdad" en la que creemos no es más que un conjunto insustancial de criterios de validación de lo que consideramos cierto.
Esencialmente, no hay fundamentos en lo que pensamos. La naturaleza es natural y eso nada tiene que ver con nuestras opiniones.
La frase me impactó hace años, Morir es cierto, decía Roser Bru en una serie de bellos grabados.
¿Cuánta gente se va a dormir cada día pensando en las cosas del día siguiente, y no despierta más, muere en el sueño?
Vivimos como si cada nuevo día fuera una cosa ordinaria, dada por hecho.
¿En qué nos basamos para creer que la existencia es eterna, tal como se nos presenta hoy?
No es que mi veta melancólica esté por predicar una cierta adicción a la vecindad de la muerte, como un modo amargo de vivir.
Lo que pasa es que es tan evidente y tan simple, pero tan negado y apartado de nuestras consciencias.
Vivimos sufriendo porque las cosas no son como deberían ser, según nuestras creencias.
Es tan sólido el hecho de que las cosas son lo que son. No lo que queremos que sean.
El sufrimiento se constituye en esa lucha, contra lo que es como es, y fundamentalmente grave es cuando se trata de nosotros mismos.
El terapeuta que soy vive de eso, de la lucha que establecemos, a veces a muerte, contra el que somos esencialmente. Digo lucha a muerte porque muchos cánceres y otras enfermedades se presentan ante el terapeuta como un lento suicidio, un castigo.
Es largo de explicar, pero a este punto me llevó el psicoanálisis, y en este punto me encontré el budismo. Es también mi punto de partida en la psicoterapia seria, el encuentro con Humberto Maturana, Todo lo dicho es dicho por alguien, y la "verdad" en la que creemos no es más que un conjunto insustancial de criterios de validación de lo que consideramos cierto.
Esencialmente, no hay fundamentos en lo que pensamos. La naturaleza es natural y eso nada tiene que ver con nuestras opiniones.
31/10/08
Consciencia, ¿Ideología o flujo existencial?
Me ha tenido ocupado la pregunta por la palabra "consciencia", se usa de modos diversos, y creo que en el campo psi, es una palabra crucial con usos diversos.
Mirando hacia atrás puedo darme cuenta de que usaba la palabra, para una idea relacionada con desarrollar una ideología, una posición personal ante el mundo a partir de experiencias que me impactaban en mis modos de percibir y relacionarme con el mundo. Me sentía más consciente al tener más opiniones precisas acerca de los temas de la vida.
Por ejemplo, en algún minuto me espanté al "tomar consciencia" del modo fríamente industrializado en que se producen los alimentos a los que comúnmente accedemos.
Detalles aparte, me pareció que algo que era tratado de maneras fríamente comerciales, productivas, centradas en la eficiencia, descuidaba otros aspectos del proceso de generar alimentos y que, eso inevitablemente tendría consecuencias en las vidas de los que se alimentan de esas fuentes. Exceso de tóxicos en beneficio de la productividad, etc... muy en la línea de las innumerables posturas "sanas" de la actualidad. Esa "consciencia" me llevó a ser selectivo y cuidadoso en las cosas que ingiero y doy a los míos.
Así muchas otras cosas, como el medio de transporte, ropa, uso de tecnología.... a partir de ciertas experiencias, fijaba una idea y construía con eso una ideología, una creencia de que había un modo de vivir más saludable y que eso estaba, por supuesto, en mis ideas en desarrollo.
Estaba, de lo más chocho conmigo mismo, sin duda.
Sin embargo, con el tiempo me fui sintiendo algo esquemático, un poco torpe, funcionando desde ideas que parecían muy desarrolladas, pero que sin embargo me mantenían centrado en ideas, y con ello completamente cerrado a lo nuevo de la vida que transcurre cotidianamente.
Esto ocurría al estar teniendo otros golpes experienciales en los que me sentía de lo más ajustado y cómodo en actitudes que sin embargo iban contra o estaban fuera de mis creencias acerca de la vida, experiencias que mis ideas previas (prejuicios) no podían abarcar, pero que la circunstancia de un momento mostraba como "el" camino preciso, para esa ocasión.
Algo mareado, de pronto me veo situado en un estado que hoy denominaría "más consciente". Mareado porque si bien se siente "más consciente" es de lo más ignorante, no tengo nada muy claro, cambio de opiniones constantemente, pero sin embargo parezco ser bastante más agradable para los demás... algo confuso para mis obsesivos esquemas occidentales.
Es extraño, porque en realidad me parece que no puedo definir de antemano las cosas, que traen su definición consigo, al momento de presentarse, es como si "yo" y "mis" opiniones no tuvieran ninguna importancia. Los hechos de la vida se desenvuelven conmigo en ello, con las respuestas desde el hecho mismo, no desde el pensamiento.
Hoy entonces, voy pensando en "consciencia" de un modo que no tiene que ver con conceptos previos acerca de lo que es el mundo, ser consciente, o lo bueno, sino más bien con una idea más cerca de la palabra "conección", "integración" al mundo.
Llamo consciencia a eso que ocurre cuando nos conectamos con lo que es, cualquier cosa sea eso, con nuestra circunstancia, en pleno movimiento momento a momento, y que nos lleva a actuar de un modo ajustado, preciso, a lo que es, no por pensamiento, propósitos, valores o cualquier idea, sino por, ajuste, integracíon, o, consciencia.
Es en ese sentido que comprendo la salud mental, un "ir hacia" dicha integración, incorporarse al mundo dispuesto a sorprenderse, a encontrarse con uno mismo en la vida diaria cada día, no como un progresivo conocimiento intelectual de uno mismo que acaba en una idea acerca de lo que uno es, sino como un proceso sin fin, constante dinámica de encuentro con uno mismo y el mundo, que en ese punto no son dos cosas, no son una.
De hecho precisamente, el estar demasiado identificado con lo que uno cree que uno es, basado en la historia y en la mirada de otros sobre nosotros, es lo que muchas veces nos hace rígidos para enfrentar la vida tal como es, sufrimos enormidades en el intento de torcer lo que es, intentando encajar nuestro concepto de lo que somos en lo que vamos viviendo.
Llevando esta reflexión al campo de la psicoterapia. Mi enfoque "sinclubista marxista" no es ningún chiste. Es una aplicación directa y clara de este desenvolvimiento.
Desde dos ángulos, desde el consultante, creo que queda implícitamente muy claro en todo lo anterior, busco favorecer la apertura de la rigidez de las creencias acerca de lo que el consultante es, en un primer tiempo rompiendo la vieja ideología de la "identidad", para en un segundo tiempo acompañarlo a ir al encuentro_conocimiento_efímero de sí en cada instante, abriéndolo a un estado existencial en el que uno sabe quién es, después de serlo, cada vez, para luego olvidarlo.
Desde el ángulo del psicoterapeuta, tiene mayor importancia la definición "sinclubista marxista". El enfrentarse al encuentro clínico, abierto, sin amarras a escuelas, instituciones, supervisores, modelos teóricos, conceptos de salud y enfermedad, no permite que uno se ubique dentro de un club o sociedad profesional que tienden a exigir adherencia a un modelo que por completo que sea, está en otro momento apartado del encuentro clínico que es lo que da sentido y existencia al psicoterapeuta como tal.
La cita a Groucho Marx, no es más que un refuerzo de lo mismo al tomar su frase "¿a quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?" Es lo que a mi modo ejemplifica muy bien la actitud más prescindente de juicio posible, una fenomenología del encuentro psi, muy cerca de "La Política de La Experiencia" de Ronald Laing.
La cita que también hago frecuentemente a Carlos Caszely con su "No tengo porqué estar de acuerdo con lo que pienso", será evidente que no es más que otro brote del mismo arbusto.
Mirando hacia atrás puedo darme cuenta de que usaba la palabra, para una idea relacionada con desarrollar una ideología, una posición personal ante el mundo a partir de experiencias que me impactaban en mis modos de percibir y relacionarme con el mundo. Me sentía más consciente al tener más opiniones precisas acerca de los temas de la vida.
Por ejemplo, en algún minuto me espanté al "tomar consciencia" del modo fríamente industrializado en que se producen los alimentos a los que comúnmente accedemos.
Detalles aparte, me pareció que algo que era tratado de maneras fríamente comerciales, productivas, centradas en la eficiencia, descuidaba otros aspectos del proceso de generar alimentos y que, eso inevitablemente tendría consecuencias en las vidas de los que se alimentan de esas fuentes. Exceso de tóxicos en beneficio de la productividad, etc... muy en la línea de las innumerables posturas "sanas" de la actualidad. Esa "consciencia" me llevó a ser selectivo y cuidadoso en las cosas que ingiero y doy a los míos.
Así muchas otras cosas, como el medio de transporte, ropa, uso de tecnología.... a partir de ciertas experiencias, fijaba una idea y construía con eso una ideología, una creencia de que había un modo de vivir más saludable y que eso estaba, por supuesto, en mis ideas en desarrollo.
Estaba, de lo más chocho conmigo mismo, sin duda.
Sin embargo, con el tiempo me fui sintiendo algo esquemático, un poco torpe, funcionando desde ideas que parecían muy desarrolladas, pero que sin embargo me mantenían centrado en ideas, y con ello completamente cerrado a lo nuevo de la vida que transcurre cotidianamente.
Esto ocurría al estar teniendo otros golpes experienciales en los que me sentía de lo más ajustado y cómodo en actitudes que sin embargo iban contra o estaban fuera de mis creencias acerca de la vida, experiencias que mis ideas previas (prejuicios) no podían abarcar, pero que la circunstancia de un momento mostraba como "el" camino preciso, para esa ocasión.
Algo mareado, de pronto me veo situado en un estado que hoy denominaría "más consciente". Mareado porque si bien se siente "más consciente" es de lo más ignorante, no tengo nada muy claro, cambio de opiniones constantemente, pero sin embargo parezco ser bastante más agradable para los demás... algo confuso para mis obsesivos esquemas occidentales.
Es extraño, porque en realidad me parece que no puedo definir de antemano las cosas, que traen su definición consigo, al momento de presentarse, es como si "yo" y "mis" opiniones no tuvieran ninguna importancia. Los hechos de la vida se desenvuelven conmigo en ello, con las respuestas desde el hecho mismo, no desde el pensamiento.
Hoy entonces, voy pensando en "consciencia" de un modo que no tiene que ver con conceptos previos acerca de lo que es el mundo, ser consciente, o lo bueno, sino más bien con una idea más cerca de la palabra "conección", "integración" al mundo.
Llamo consciencia a eso que ocurre cuando nos conectamos con lo que es, cualquier cosa sea eso, con nuestra circunstancia, en pleno movimiento momento a momento, y que nos lleva a actuar de un modo ajustado, preciso, a lo que es, no por pensamiento, propósitos, valores o cualquier idea, sino por, ajuste, integracíon, o, consciencia.
Es en ese sentido que comprendo la salud mental, un "ir hacia" dicha integración, incorporarse al mundo dispuesto a sorprenderse, a encontrarse con uno mismo en la vida diaria cada día, no como un progresivo conocimiento intelectual de uno mismo que acaba en una idea acerca de lo que uno es, sino como un proceso sin fin, constante dinámica de encuentro con uno mismo y el mundo, que en ese punto no son dos cosas, no son una.
De hecho precisamente, el estar demasiado identificado con lo que uno cree que uno es, basado en la historia y en la mirada de otros sobre nosotros, es lo que muchas veces nos hace rígidos para enfrentar la vida tal como es, sufrimos enormidades en el intento de torcer lo que es, intentando encajar nuestro concepto de lo que somos en lo que vamos viviendo.
Llevando esta reflexión al campo de la psicoterapia. Mi enfoque "sinclubista marxista" no es ningún chiste. Es una aplicación directa y clara de este desenvolvimiento.
Desde dos ángulos, desde el consultante, creo que queda implícitamente muy claro en todo lo anterior, busco favorecer la apertura de la rigidez de las creencias acerca de lo que el consultante es, en un primer tiempo rompiendo la vieja ideología de la "identidad", para en un segundo tiempo acompañarlo a ir al encuentro_conocimiento_efímero de sí en cada instante, abriéndolo a un estado existencial en el que uno sabe quién es, después de serlo, cada vez, para luego olvidarlo.
Desde el ángulo del psicoterapeuta, tiene mayor importancia la definición "sinclubista marxista". El enfrentarse al encuentro clínico, abierto, sin amarras a escuelas, instituciones, supervisores, modelos teóricos, conceptos de salud y enfermedad, no permite que uno se ubique dentro de un club o sociedad profesional que tienden a exigir adherencia a un modelo que por completo que sea, está en otro momento apartado del encuentro clínico que es lo que da sentido y existencia al psicoterapeuta como tal.
La cita a Groucho Marx, no es más que un refuerzo de lo mismo al tomar su frase "¿a quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?" Es lo que a mi modo ejemplifica muy bien la actitud más prescindente de juicio posible, una fenomenología del encuentro psi, muy cerca de "La Política de La Experiencia" de Ronald Laing.
La cita que también hago frecuentemente a Carlos Caszely con su "No tengo porqué estar de acuerdo con lo que pienso", será evidente que no es más que otro brote del mismo arbusto.
16/10/08
Yo, soy otro.
En alguna entrevista a Francisco Varela de las que están en youtube, por ahí deja caer la frase "Yo, soy otro" o yo, es otro.
Tremenda frasecita que evidentemente hace justicia a la trayectoria budista de Varela. Sin embargo, me quedé dándole vueltas, pues también desde el psicoanálisis aquello tiene mucho sentido.
El Yo, yo, ese que he creído ser, aquello con lo que me identifico, nace en el espejamiento de los Otros. inicialmente la madre, y en la medida en que progresa el desarrollo, se va ampliando los otros en los cuales nos espejamos para saber quienes somos.
Entretejido en esto hay mucho de Lacan. Uno se ve en el rostro de la madre para D. Winnicott. Sin embargo, cuando la madre mira al bebé, lo mira cargada de todas las fantasías, deseos, proyectos, conscientes o no, que están depositados en ese hijo, en el nombre que lleva, y en su imágen, aún antes de nacer.
El Yo, se configura así, articulado al deseo de ese Otro. Es fiel a lo que el Otro le refleja. Lo que creo ser se apega fielmente a aquello que en el Otro veo que soy.
El espejo entonces, no es cualquier espejo, es un espejo particular, de hecho único en su estructura. Casi no es un espejo, porque no espeja del todo, sólo cumple con ser un espejo en la medida en que activa nuestra imagen para nosotros cuando le hacemos frente.
Así es como, yo, soy otro.
Ese yo, otro, que soy, no es el que miraba interrogando al rostro de la madre en un implícito ¿quién soy? del que se nutre. Es lo que la madre reflejó.
Si algo soy, está más cerca del flujo de consciencia que se miró en el rostro materno para constituir esa ilusión, "yo".
El desarrollo humano, la primera mitad de la vida, consiste en la consolidación en un "Yo soy". Ilusión pura, identificación con aspectos reflejados por otros acerca de quienes somos.
Es una fuente fundamental de conflicto con uno mismo. Precisamente, si soy, yo, a la medida de otro, en algún espacio de la experiencia personal, el flujo del sí mismo, de ser, no encaja del todo en el molde puesto por otro. Lucha interna de toda la vida.
Si el proceso se da sin problemas, bien instalada la imagen, de pronto, se suelta, se resquebraja, no encajamos, no somos "ése" que creíamos ser. Tras el yo, se anuncia el Sí mismo. El Ser. Si madura en forma óptima, caen las máscaras del Yo, y surge un flujo más libre, espontáneo, hasta sorprendente e intolerable para "yo" que no se reconoce. Luego de una lucha, más o menos larga, el yo claudica, entrega su antigua hegemonía, para convivir aceptando un flujo existencial que no maneja ni anticipa.
Podría aquí señalarse dos tipos de psicoterapias. Las que ayudan en la primera etapa, la consolidación del Yo, y las que toman el segundo movimiento, la caída del imperio del Yo.
Tremenda frasecita que evidentemente hace justicia a la trayectoria budista de Varela. Sin embargo, me quedé dándole vueltas, pues también desde el psicoanálisis aquello tiene mucho sentido.
El Yo, yo, ese que he creído ser, aquello con lo que me identifico, nace en el espejamiento de los Otros. inicialmente la madre, y en la medida en que progresa el desarrollo, se va ampliando los otros en los cuales nos espejamos para saber quienes somos.
Entretejido en esto hay mucho de Lacan. Uno se ve en el rostro de la madre para D. Winnicott. Sin embargo, cuando la madre mira al bebé, lo mira cargada de todas las fantasías, deseos, proyectos, conscientes o no, que están depositados en ese hijo, en el nombre que lleva, y en su imágen, aún antes de nacer.
El Yo, se configura así, articulado al deseo de ese Otro. Es fiel a lo que el Otro le refleja. Lo que creo ser se apega fielmente a aquello que en el Otro veo que soy.
El espejo entonces, no es cualquier espejo, es un espejo particular, de hecho único en su estructura. Casi no es un espejo, porque no espeja del todo, sólo cumple con ser un espejo en la medida en que activa nuestra imagen para nosotros cuando le hacemos frente.
Así es como, yo, soy otro.
Ese yo, otro, que soy, no es el que miraba interrogando al rostro de la madre en un implícito ¿quién soy? del que se nutre. Es lo que la madre reflejó.
Si algo soy, está más cerca del flujo de consciencia que se miró en el rostro materno para constituir esa ilusión, "yo".
El desarrollo humano, la primera mitad de la vida, consiste en la consolidación en un "Yo soy". Ilusión pura, identificación con aspectos reflejados por otros acerca de quienes somos.
Es una fuente fundamental de conflicto con uno mismo. Precisamente, si soy, yo, a la medida de otro, en algún espacio de la experiencia personal, el flujo del sí mismo, de ser, no encaja del todo en el molde puesto por otro. Lucha interna de toda la vida.
Si el proceso se da sin problemas, bien instalada la imagen, de pronto, se suelta, se resquebraja, no encajamos, no somos "ése" que creíamos ser. Tras el yo, se anuncia el Sí mismo. El Ser. Si madura en forma óptima, caen las máscaras del Yo, y surge un flujo más libre, espontáneo, hasta sorprendente e intolerable para "yo" que no se reconoce. Luego de una lucha, más o menos larga, el yo claudica, entrega su antigua hegemonía, para convivir aceptando un flujo existencial que no maneja ni anticipa.
Podría aquí señalarse dos tipos de psicoterapias. Las que ayudan en la primera etapa, la consolidación del Yo, y las que toman el segundo movimiento, la caída del imperio del Yo.
Lo Que Un Psicoanalista Sabe Según Fito Páez
Qué sabe un psicoanalista:
Un psicoanalista sabe, que no sabe.
Sabe también que su consultante no sabe que él si sabe
y cree que el doc es el que sabe.
Sabe también que su consultante estará sano cuando sepa
que nada sabe, menos su psicoanalista...
Que eso si que sabe....
Yo soy un psicoanalista,
Y me acaba de quedar claro
Pues otro (psicoanalista) que leyó esto dijo:
Éste tipo nada sabe !
Me acordé de Fito Páez, debe estar cantándole a su psicoanalista -al final del análisis- cuando dice:
"Yo no sé donde va donde va mi vidaaaaaa..
yo no sé donde va
pero tampoco creo que sepas vos !"
Un psicoanalista sabe, que no sabe.
Sabe también que su consultante no sabe que él si sabe
y cree que el doc es el que sabe.
Sabe también que su consultante estará sano cuando sepa
que nada sabe, menos su psicoanalista...
Que eso si que sabe....
Yo soy un psicoanalista,
Y me acaba de quedar claro
Pues otro (psicoanalista) que leyó esto dijo:
Éste tipo nada sabe !
Me acordé de Fito Páez, debe estar cantándole a su psicoanalista -al final del análisis- cuando dice:
"Yo no sé donde va donde va mi vidaaaaaa..
yo no sé donde va
pero tampoco creo que sepas vos !"
14/10/08
Curarse... ¿sanación o curadera?
No pocas veces me ha llamado la atención el doble significado y el juego que puede hacerse con la palabra cura, curado, curarse.
(al menos en Chile, para los extranjeros, curarse es sanar pero también es intoxicarse con alcohol).
Hoy escuchaba a un consultante hablar de ser libre, y que sólo curado (con alcohol) se había asomado a conocer aspectos de sí que luego de años de terapia está enfrentando, una mayor libertad.
De pronto dijo:
"curado solamente podría haber imaginado todo esto".
A lo que respondí en el acto:
" ¡ Claro, como ahora estás haciéndolo, curado ! "
(Yo pienso que es el principio del fin de la terapia).
Me dejó pensando también, cuantas "curaciones" momentáneas nos provee el alcohol. Cuando estamos borrachos, que podemos usar como excusa para no responsabilizarnos de nuestros actos y dichos, estando "curados", es entonces cuando estamos abiertos a quienes somos, no a la articulación obediente con lo que se espera de nosotros mismos.
Entonces, el actual abuso del alcohol, progresivo y en gente muy joven, podría estarnos mostrando cuan oprimidos nos tenemos a nosotros mismos por esta cultura homogeneizante y represiva de lo singular, de lo único, de la excepción, creyendo que es otra cosa que nuestra alucinación y creación colectiva.
Pasión de la servidumbre voluntaria, decía Étienne de la Boétie por el 1500 en Francia.
(al menos en Chile, para los extranjeros, curarse es sanar pero también es intoxicarse con alcohol).
Hoy escuchaba a un consultante hablar de ser libre, y que sólo curado (con alcohol) se había asomado a conocer aspectos de sí que luego de años de terapia está enfrentando, una mayor libertad.
De pronto dijo:
"curado solamente podría haber imaginado todo esto".
A lo que respondí en el acto:
" ¡ Claro, como ahora estás haciéndolo, curado ! "
(Yo pienso que es el principio del fin de la terapia).
Me dejó pensando también, cuantas "curaciones" momentáneas nos provee el alcohol. Cuando estamos borrachos, que podemos usar como excusa para no responsabilizarnos de nuestros actos y dichos, estando "curados", es entonces cuando estamos abiertos a quienes somos, no a la articulación obediente con lo que se espera de nosotros mismos.
Entonces, el actual abuso del alcohol, progresivo y en gente muy joven, podría estarnos mostrando cuan oprimidos nos tenemos a nosotros mismos por esta cultura homogeneizante y represiva de lo singular, de lo único, de la excepción, creyendo que es otra cosa que nuestra alucinación y creación colectiva.
Pasión de la servidumbre voluntaria, decía Étienne de la Boétie por el 1500 en Francia.
Represión y Shenpa
La idea psicoanalítica de Represión, cuando algo no puede hacerse presente a la consciencia por resultar inaceptable para nuestra propia idea de nosotros mismos o de lo aceptable e inaceptable, tiene un interesante paralelo en la práctica budista, como en otras comúnmente vistas dentro de las esoterias orientales.
Escuché una grabación de Pema Chödrön, monja budista tibetana y parte de la organización Shambhala. Habla de un concepto que no había escuchado antes, aún cuando es una idea implícita y englobada en los conceptos de ego y apego (ap_ego).
Shenpa. Se refiere al hecho de que en la meditación, sea práctica sentada o en momentos post, cuando estamos invitados a abrirnos, suspender todo juicio acerca de lo que se nos presenta en la mente, abandonar bueno o malo, simplemente, estar ahí. Convivir con esas presentaciones. A veces esto se nos hace imposible, quedamos enganchados a un autoconcepto que no admite vernos de cierta manera. Un proceso del ego que nos cierra, nos cierra a la experiencia llana, fundamental de nosotros mismos tal cual fluye. El camino budista se dirige a esto. Se habla de hacerse amigo de uno mismo.
Esto me recuerda la idea de R. Laing, psicoanalista inglés mistificado como antipsiquiatra por su valiente enfrentamiento al modo opresivo con el que el mundo de la salud mental "trata" a los consultantes.
Laing habla, en "La Política de La Experiencia" de la diferencia en el plano terapéutico de enfrentar al consultante como un objeto para cambiar, versus alguien para aceptar, tal como es, acompañar su autodescubrimiento.
Los budistas zen te dicen "za zen", siéntese honestamente. El encuentro terapéutico (y concibo al psicoanálisis tal cual), lo concibo de ese modo, una reincidencia insistente en sentarse honestamente, con uno mismo, sin juzgar, hacerse amigo de uno.
Escuché una grabación de Pema Chödrön, monja budista tibetana y parte de la organización Shambhala. Habla de un concepto que no había escuchado antes, aún cuando es una idea implícita y englobada en los conceptos de ego y apego (ap_ego).
Shenpa. Se refiere al hecho de que en la meditación, sea práctica sentada o en momentos post, cuando estamos invitados a abrirnos, suspender todo juicio acerca de lo que se nos presenta en la mente, abandonar bueno o malo, simplemente, estar ahí. Convivir con esas presentaciones. A veces esto se nos hace imposible, quedamos enganchados a un autoconcepto que no admite vernos de cierta manera. Un proceso del ego que nos cierra, nos cierra a la experiencia llana, fundamental de nosotros mismos tal cual fluye. El camino budista se dirige a esto. Se habla de hacerse amigo de uno mismo.
Esto me recuerda la idea de R. Laing, psicoanalista inglés mistificado como antipsiquiatra por su valiente enfrentamiento al modo opresivo con el que el mundo de la salud mental "trata" a los consultantes.
Laing habla, en "La Política de La Experiencia" de la diferencia en el plano terapéutico de enfrentar al consultante como un objeto para cambiar, versus alguien para aceptar, tal como es, acompañar su autodescubrimiento.
Los budistas zen te dicen "za zen", siéntese honestamente. El encuentro terapéutico (y concibo al psicoanálisis tal cual), lo concibo de ese modo, una reincidencia insistente en sentarse honestamente, con uno mismo, sin juzgar, hacerse amigo de uno.
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