Era una esquina de Santiago, de esas que ya se producen poco gracias al muro que conforman las autopistas.
La esquina no era entre dos calles, sino entre dos mundos.
Un semáforo en rojo puso a un flamante jeep Cherokee con su flamante dueño que lucía lentes, reloj, y actitud Cherokee, cara de satisfacción y velocidad... envidiable... junto a un clásido carretonero de Santiago. De esos que abundaban en barrios como La Vega y alrededor de algunas ferias. Enjuto hasta el límite, una lección de anatomía, vestido sólo con un gastado pantalón arremangado, a pata pelá, mugriento y con cara de espanto, tirando un carro cargado hasta el asombro, con ruedas que no ruedan...
El abismo que separa las realidades alcanza niveles sorprendentes para mí.
Pienso, el flamante conductor del bello auto, ¿no recibe impacto alguno? Yo creo que eso duele y envenena hasta el fondo del alma, a todos. Para qué decir el carretonero... Pienso que el impacto se recibe en alguna parte, el cuerpo (contracturas y enfermedades varias), la violencia de nuestras relaciones, las adicciones múltiples de las que somos parte (el consumo, estimulantes, drogas legales y de las otras, la hiperestimulación (tv, mp3, audífonos, "noticias")).
La pobreza, la marginalidad, la falta de oportunidades, la explotación ¿sólo daña a los marginados y explotados? Yo creo que no, creo que los "ganadores" de este mundo estamos permanentemente sufriendo el impacto del dolor del maltrato sobre el que se asienta nuestra convivencia cotidiana y que creamos en cada uno de nuestros haceres en el mundo.
No hay que esperar el próximo carretón para vivir la experiencia. Basta con saber algo de la vida íntima del conserje de nuestro edificio, la secretaria, el junior, el que nos lava el auto, nuestra "asesora del hogar" (renunciamos a llamarla empleada, pero ¿la tratamos mejor? ¿le pagamos dignamente?...
¿Somos inmunes al mundo que creamos?
¿Cómo hacemos para participar de la creación de realidades que luego nos parecen horribles y ajenas?
Matías Fernández Depetris
Psicoterapeuta sin club discípulo de Groucho Marx
(Fundador y miembro único de Psicoterapia Sinclubista Marxista)
24/3/08
20/3/08
18/3/08
Silencio y Obscuridad
Lentamente la urbe y sus vías se han ido inundando de imágen y sonidos, muchas veces estridentes, llamativos, controladores.
Muchos lugares tienen pantallas que es casi imposible evitar, con imágenes que no podemos apartar de nuestro campo visual.
Restaurantes, malls, tiendas, micros, carros de metro, estaciones, buses, salas de espera en ámbitos variados, llenas de pantallas de última generación con esa imagen que supera a la realidad en brillo y colorido.
No pocas veces me ha sorprendido constatar que la música ambiental acompaña imágenes de clips musicales sin coincidir. Uno escucha una cosa y ve otra.
Las imágenes en video no coinciden tampoco con la propuesta aparente de los ambientes en los que la pantalla los ofrece.
Nos dejamos llevar, con esa bovina pasividad, la misma con la que permitimos que la televisión inunde nuestros hogares con las imágenes más diversamente chocantes, violentas y espantosas, en una concentración tal que en pocos meses hemos visto más sangre, tortura, violencia y sexo que el más desatado delincuente o el más experto policía.
Es increíble, a veces pagamos por eso. Vamos al cine, elegimos violencia, terror, desconfianza. Quizás en la ilusión de que eso quede en la pantalla. La ilusión del cine, todos sabemos que son actores. Pero, en el cine, en el teatro, la literatura, pagamos para que nos engañen. Para que nos ayuden a crear un mundo ficticio, por terrorífico que sea, tiene fin. Si no pagas no entras.
Nos llenamos de aparatos, mp3, mp4, celulares, palms, combinaciones de ellos, todo el día pendientes de sus sonidos y luces, de sus baterías, de sus accesorios y cables, de sus envases para transportarlos.
Colonizados por la exterioridad, dejamos que nos atrapen los sentidos, llamando desde afuera con su canto de sirena.
Eludimos el silencio, la obscuridad. Como dijo sabiamente un amigo hace poco, hoy en día pagamos, y cada vez más caro, por silencio y obscuridad.
Parece ser pecaminoso querer comer sin una tv, sin "música". Dejé de ir a mi restaurant preferido, almorzaba todos los sábado, al dueño le dio por "aggiornarse" remodeló el local, y por supuesto, sendas pantallas para que nadie se pierda la imagen de carreras de moto, auto, o una que otra bella mina mediática, al ritmo de música "lounge" que tiene aroma a calma, pero que no deja conversar.
¿Iremos a encontrar algo en esta desesperada búsqueda por el sonido más perfecto, la imagen digital?
Entiendo, la economía, el crecimiento positivo permanente, requiere adictos, adictos a lo exterior, tenemos que cambiar el celular, es muy viejo, el mp3, muy poca capacidad, el computador, no procesa los últimos formatos de imágen ... ... ...
En realidad, qué aburrido pensar en silencio y oscuridad ¿inventarán alguna vez un modo de iluminar el cielo y eliminar la noche? mejor aún, en una de esas hacemos desaparecer las pantallas inventando un modo de proyectar en el cielo.
Nos vemos, me voy al mall a cambiar el celular.
Muchos lugares tienen pantallas que es casi imposible evitar, con imágenes que no podemos apartar de nuestro campo visual.
Restaurantes, malls, tiendas, micros, carros de metro, estaciones, buses, salas de espera en ámbitos variados, llenas de pantallas de última generación con esa imagen que supera a la realidad en brillo y colorido.
No pocas veces me ha sorprendido constatar que la música ambiental acompaña imágenes de clips musicales sin coincidir. Uno escucha una cosa y ve otra.
Las imágenes en video no coinciden tampoco con la propuesta aparente de los ambientes en los que la pantalla los ofrece.
Nos dejamos llevar, con esa bovina pasividad, la misma con la que permitimos que la televisión inunde nuestros hogares con las imágenes más diversamente chocantes, violentas y espantosas, en una concentración tal que en pocos meses hemos visto más sangre, tortura, violencia y sexo que el más desatado delincuente o el más experto policía.
Es increíble, a veces pagamos por eso. Vamos al cine, elegimos violencia, terror, desconfianza. Quizás en la ilusión de que eso quede en la pantalla. La ilusión del cine, todos sabemos que son actores. Pero, en el cine, en el teatro, la literatura, pagamos para que nos engañen. Para que nos ayuden a crear un mundo ficticio, por terrorífico que sea, tiene fin. Si no pagas no entras.
Nos llenamos de aparatos, mp3, mp4, celulares, palms, combinaciones de ellos, todo el día pendientes de sus sonidos y luces, de sus baterías, de sus accesorios y cables, de sus envases para transportarlos.
Colonizados por la exterioridad, dejamos que nos atrapen los sentidos, llamando desde afuera con su canto de sirena.
Eludimos el silencio, la obscuridad. Como dijo sabiamente un amigo hace poco, hoy en día pagamos, y cada vez más caro, por silencio y obscuridad.
Parece ser pecaminoso querer comer sin una tv, sin "música". Dejé de ir a mi restaurant preferido, almorzaba todos los sábado, al dueño le dio por "aggiornarse" remodeló el local, y por supuesto, sendas pantallas para que nadie se pierda la imagen de carreras de moto, auto, o una que otra bella mina mediática, al ritmo de música "lounge" que tiene aroma a calma, pero que no deja conversar.
¿Iremos a encontrar algo en esta desesperada búsqueda por el sonido más perfecto, la imagen digital?
Entiendo, la economía, el crecimiento positivo permanente, requiere adictos, adictos a lo exterior, tenemos que cambiar el celular, es muy viejo, el mp3, muy poca capacidad, el computador, no procesa los últimos formatos de imágen ... ... ...
En realidad, qué aburrido pensar en silencio y oscuridad ¿inventarán alguna vez un modo de iluminar el cielo y eliminar la noche? mejor aún, en una de esas hacemos desaparecer las pantallas inventando un modo de proyectar en el cielo.
Nos vemos, me voy al mall a cambiar el celular.
5/2/08
Instituciones Psicoanaliticas, un oximoron
La sola idea de institución psicoanalítica para mí es un oximoron, la armonización imposible de dos opuestos.
El psicoanálisis es para mí la herramienta liberadora más poderosa que conozco en tanto aborda y desarticula las dinámicas del poder desde el núcleo central del mismo. El individuo, el individuo atrapado por la "pasión de la servidumbre voluntaria" (Etienne de la Boetie). No hay un punto más central del anclaje del poder que el núcleo subjetivo del individuo dispuesto a servir, desesperado por encontrar su amo. Deseando la ley que lo marque dentro de un feudo, lo ordene liberándolo de la tensión constante de la responsabilidad personal, sin tregua, y el desamparo constitutivo de lo humano.
Es en la esperanza de servir a un amo que hacemos ilusiones de estar amparados por el poderoso, aceptando nuestra pobre condición humana en la medida en que sentimos que si somos favorecidos por el amo, todopoderoso y superior, estaremos al abrigo de los riesgos propios de nuestra condición de pobres y humildes mortales. Como si hubiera otros que no pertenecen a esta miserable condición y podrían concedernos el favor. Dispuestos estamos a darlo todo en pos de sostener la ilusión, no importando cuánta evidencia se nos presente de lo contrario. El amo no hará otra cosa que servirse del voluntario sirviente, sin que uno ni otro escapen a las condiciones de la existencia, totalmente democráticas, igual para todos.
El psicoanálisis se inicia sobre el fenómeno transferencial, la ubicación de un amo en el psicoanalista. El psicoanalista bien formado sabrá conducir el proceso para disolver la dinámica de poder implícita en una relación tal. Cierto es que esto se escapa a muchos psicoanalistas que no hacen otra cosa que explotar la dinámica hasta extremos ridículos, llevando procesos interminables en que su analizado sólo va agregando carga culpable por ser y existir tal como es.
Las instituciones psicoanalíticas que he conocido, no son otra cosa que agrupaciones de sujetos temerosos de su precariedad e ignorancia, agrupados bajo una jerarquía de señores a los que se supone de algún modo superiores o dotados de algún don casi místico en la revelación de los secretos de lo humano. Profetas vivientes. Sus enseñanzas se transforman en sagrada escritura que los fieles repiten al pie de la letra, sin un punto de reflexión profunda ni de búsqueda experiencial personal al respecto. La mayor parte de los jerarcas de las instituciones son hombres talentosos en lo clínico, creativos y libres que se han atrevido a hablar en su idioma personal, recreando y apoderádose del psicoanálisis, herejes muchas veces con lo conservador del movimiento.
Su ejemplo muchas veces es seguido del modo que propone la sumisión y el poder, contra la voluntad de estos maestros, sus seguidores siguen a la persona santificándola, cosifican sus palabras y no su ejemplo personal de búsqueda. Se llega al punto del fetichismo en el que tener o no determinado libro en su versión original, haber sido analizado por un analizado del linaje de un determinado analista, llega a tener un valor delirante.
El problema es que cuando el psicoanálisis hace su efecto tal como lo entendiera Bion y Lacan a mi modo de ver, el sujeto termina arrojado al vacío de la existencia creativa, impredecible e incierta, incapaz de sostenerse en estructuras religiosas como la descrita.
En ese punto no es posible sostener ideas sin criticarlas por el poder o rango del que las emitió, y la institución no soporta tal movimiento, a no ser que el rebelde se haga lugar como nuevo caudillo.
Bion, en el momento en que más fanatismo generaba dentro de la sociedad londinense, enfrentando una posible reelección, decide irse a Beverly Hills California, donde prácticamente no lo conocían, en sus palabras "antes de que me hunda el peso de las medallas". Desarrolló todo un trabajo dentro del tema "el místico y el grupo" que explora la relación de los grupos con el caudillo y la verdad.
Yo creo que las instituciones psicoanalíticas son un imposible, algo se pierde, o lo institucional que no resiste la libertad de pensamiento, o lo psicoanalítico que no resiste ataduras.
El psicoanálisis como experiencia es un acceso ético, el locus de la verdad subjetiva se suelta de su posición sometida en el Otro, liberada esa amarra, será lo que la existencia presente en adelante.
El psicoanálisis es para mí la herramienta liberadora más poderosa que conozco en tanto aborda y desarticula las dinámicas del poder desde el núcleo central del mismo. El individuo, el individuo atrapado por la "pasión de la servidumbre voluntaria" (Etienne de la Boetie). No hay un punto más central del anclaje del poder que el núcleo subjetivo del individuo dispuesto a servir, desesperado por encontrar su amo. Deseando la ley que lo marque dentro de un feudo, lo ordene liberándolo de la tensión constante de la responsabilidad personal, sin tregua, y el desamparo constitutivo de lo humano.
Es en la esperanza de servir a un amo que hacemos ilusiones de estar amparados por el poderoso, aceptando nuestra pobre condición humana en la medida en que sentimos que si somos favorecidos por el amo, todopoderoso y superior, estaremos al abrigo de los riesgos propios de nuestra condición de pobres y humildes mortales. Como si hubiera otros que no pertenecen a esta miserable condición y podrían concedernos el favor. Dispuestos estamos a darlo todo en pos de sostener la ilusión, no importando cuánta evidencia se nos presente de lo contrario. El amo no hará otra cosa que servirse del voluntario sirviente, sin que uno ni otro escapen a las condiciones de la existencia, totalmente democráticas, igual para todos.
El psicoanálisis se inicia sobre el fenómeno transferencial, la ubicación de un amo en el psicoanalista. El psicoanalista bien formado sabrá conducir el proceso para disolver la dinámica de poder implícita en una relación tal. Cierto es que esto se escapa a muchos psicoanalistas que no hacen otra cosa que explotar la dinámica hasta extremos ridículos, llevando procesos interminables en que su analizado sólo va agregando carga culpable por ser y existir tal como es.
Las instituciones psicoanalíticas que he conocido, no son otra cosa que agrupaciones de sujetos temerosos de su precariedad e ignorancia, agrupados bajo una jerarquía de señores a los que se supone de algún modo superiores o dotados de algún don casi místico en la revelación de los secretos de lo humano. Profetas vivientes. Sus enseñanzas se transforman en sagrada escritura que los fieles repiten al pie de la letra, sin un punto de reflexión profunda ni de búsqueda experiencial personal al respecto. La mayor parte de los jerarcas de las instituciones son hombres talentosos en lo clínico, creativos y libres que se han atrevido a hablar en su idioma personal, recreando y apoderádose del psicoanálisis, herejes muchas veces con lo conservador del movimiento.
Su ejemplo muchas veces es seguido del modo que propone la sumisión y el poder, contra la voluntad de estos maestros, sus seguidores siguen a la persona santificándola, cosifican sus palabras y no su ejemplo personal de búsqueda. Se llega al punto del fetichismo en el que tener o no determinado libro en su versión original, haber sido analizado por un analizado del linaje de un determinado analista, llega a tener un valor delirante.
El problema es que cuando el psicoanálisis hace su efecto tal como lo entendiera Bion y Lacan a mi modo de ver, el sujeto termina arrojado al vacío de la existencia creativa, impredecible e incierta, incapaz de sostenerse en estructuras religiosas como la descrita.
En ese punto no es posible sostener ideas sin criticarlas por el poder o rango del que las emitió, y la institución no soporta tal movimiento, a no ser que el rebelde se haga lugar como nuevo caudillo.
Bion, en el momento en que más fanatismo generaba dentro de la sociedad londinense, enfrentando una posible reelección, decide irse a Beverly Hills California, donde prácticamente no lo conocían, en sus palabras "antes de que me hunda el peso de las medallas". Desarrolló todo un trabajo dentro del tema "el místico y el grupo" que explora la relación de los grupos con el caudillo y la verdad.
Yo creo que las instituciones psicoanalíticas son un imposible, algo se pierde, o lo institucional que no resiste la libertad de pensamiento, o lo psicoanalítico que no resiste ataduras.
El psicoanálisis como experiencia es un acceso ético, el locus de la verdad subjetiva se suelta de su posición sometida en el Otro, liberada esa amarra, será lo que la existencia presente en adelante.
4/2/08
Vivir en la Mente. El Mapa y el Dragon.
Gudo Wafu Nishijima, cuenta de un hombre a quien fascinaban los dragones, los estudiaba, los imaginaba, los dibujaba. Leía de dragones, soñaba con dragones, cantaba acerca de dragones. Sus murallas estaban llenas de bellas ilustraciones de dragones, sus muebles plenos de hermosas figuras de dragones.
Un buen día, un dragón pasaba por ahí y no tuvo mejor idea que asomarse por la ventana de la casa del buen hombre, el que al verlo, presa del más absoluto terror, cayó muerto al instante.
Tengo la impresión de que esta pequeña historia es tan cercana a mi vida. Cuántas veces desarrollamos interminables modelos mentales acerca de cosas que suponemos que nos gustaría vivir, pero una vez en ellas, no podemos de miedo frente a una realidad fáctica, ineludible, que no admite las decoraciones y matices para los que la mente se presta.
Viene a mi mente mi antiguo maestro Humberto Maturana, creo que de las cosas que más me marcó de su enseñanza era el énfasis en la distinción entre hechos y explicaciones. Las cosas son lo que son, lo demás son ideas, explicaciones.
Es la vieja idea de confundir el mapa con el territorio que representa. Los mapas por buenos que sean son mapas. Muchas veces vivimos la vida en mapas, dentro de nuestras cabezas, y cuando el territorio se nos hace presente con matices y detalles que no estaban en el mapa sufrimos insoportablemente.
Vivir en el pasado y en el futuro es vivir dentro del mapa. El territorio existencial es aquí y ahora. Lugar donde no hay espacio para dudas, las cosas son lo que son. En el mapa está lo que nos gustaría que fueran, o lo que podrían haber sido si es que las condiciones hubieran sido otras. Sin embargo, eso es fantasía. La realidad es sólida.
¿Cuánto tiempo de vida perdemos navegando en nuestras anticipaciones y lamentos por lo que no es como nos gustaría?
¿Cuánto más simple es vivir enfrentado a lo que es?
Simple no dice "fácil".
Un buen día, un dragón pasaba por ahí y no tuvo mejor idea que asomarse por la ventana de la casa del buen hombre, el que al verlo, presa del más absoluto terror, cayó muerto al instante.
Tengo la impresión de que esta pequeña historia es tan cercana a mi vida. Cuántas veces desarrollamos interminables modelos mentales acerca de cosas que suponemos que nos gustaría vivir, pero una vez en ellas, no podemos de miedo frente a una realidad fáctica, ineludible, que no admite las decoraciones y matices para los que la mente se presta.
Viene a mi mente mi antiguo maestro Humberto Maturana, creo que de las cosas que más me marcó de su enseñanza era el énfasis en la distinción entre hechos y explicaciones. Las cosas son lo que son, lo demás son ideas, explicaciones.
Es la vieja idea de confundir el mapa con el territorio que representa. Los mapas por buenos que sean son mapas. Muchas veces vivimos la vida en mapas, dentro de nuestras cabezas, y cuando el territorio se nos hace presente con matices y detalles que no estaban en el mapa sufrimos insoportablemente.
Vivir en el pasado y en el futuro es vivir dentro del mapa. El territorio existencial es aquí y ahora. Lugar donde no hay espacio para dudas, las cosas son lo que son. En el mapa está lo que nos gustaría que fueran, o lo que podrían haber sido si es que las condiciones hubieran sido otras. Sin embargo, eso es fantasía. La realidad es sólida.
¿Cuánto tiempo de vida perdemos navegando en nuestras anticipaciones y lamentos por lo que no es como nos gustaría?
¿Cuánto más simple es vivir enfrentado a lo que es?
Simple no dice "fácil".
31/1/08
Dificultad para disfrutar, ¿Culpa judeocristiana o consciencia lucida?
Tengo un amigo que gusta de decir que es la culpa judeocristiana la que nos impide disfrutar de lo que tenemos. Yo no se bien qué quiera él decir, pero cuando lo escucho me pasan ciertas cosas.
Con ese amigo pertenecemos a un grupo de amigos profesionales bien posicionados en el ámbito de nuestro oficio, somos independientes y gozamos de prestigio y demanda laboral más que suficiente. Somos dueños de nuestros horarios y tiempos de vacaciones que nos tomamos cómodamente. Un mes en el verano más menos, un par de semanas repartidas el resto del año, viajes, congresos.
Entre pitos y flautas calculo que tomamos libre cerca de dos meses por año. No tenemos jefe y aún cuando dependemos del mercado nuestros honorarios profesionales son del rango alto. Educamos a nuestros hijos en los colegios que elegimos, con acceso a idiomas y a un mundo universitario internacional, pagamos coberturas de salud de primer nivel, tenemos o podríamos tener más de una o dos propiedades de descanso fuera de Santiago. Vamos frecuentemente a restaurantes sin fijarnos mucho en nada más que el gusto de disfrutar del refinamiento gastronómico y la buena atención. Tenemos acceso a libros en todo el rango de nuestros intereses. Tenemos autos a disposición, casi nuevos y en muy buen estado. Tenemos o optamos libremente por no tener asesoría profesional en el hogar. Pagamos seguros de vida con ahorro, y muchas cosas más que el pudor (o la consciencia lúcida de la que quiero hablar... o la culpa judeocristiana) no me dejan detallar.
El detalle me resulta un poco idiota, no son las cosas en sí, su cantidad, diversidad o precio, el lujo privilegiado es la amplitud de opciones y la posibilidad de elegir el modo de vivir en cada aspecto.
Solemos decir entre nosotros que nos sacamos la cresta trabajando para tener lo que tenemos.
Siendo honesto, en este acto me declaro divergente en relación a esa última afirmación. Hablo por mí, pero no me saco la cresta, ni con mucho. Vivo en un barrio elegido. Trabajo lo que quiero, tengo lo que necesito me demoro no más de 30 minutos a mi trabajo, en bicicleta por el puro gusto porque el auto lo dejo en casa. Hago deporte diariamente una hora. Me doy el tiempo para aprender algo de música. Trabajo en una oficina a mi gusto, bien ubicada, amplia, que algún día puede llegar a ser mía si termino con el crédito hipotecario que es lo único que me debe distanciar mucho de un millonario, o lo segundo, porque si ser rico es no tener que trabajar para vivir, ahí estoy lejos. Pero ni tanto.
Ser rico es vivir con menos de lo que uno gana. Cosa relativamente fácil de organizar en la clase media alta a la que calculo pertenezco, pero en los rangos inferiores de ingreso la cosa es muy distinta.
Creo que justificarme y no cuestionar mi posición socio económica con un cerrado "me mato trabajando por lo que tengo", recurso que utilicé por años, ya no me satisface.
Sacarse la cresta o matarse trabajando tiene que ver más con viajar horas, léase HORAS, en micros bajo la línea de lo digno, sin opción, pagar cerca de un tercio del ingreso en ello, estar muy poco con la familia y muchas veces agobiado por la realidad, no tener más que la paciencia como recurso en una sala de urgencia cuando hay un problema se salud, la resignación a la hora de aceptar el lugar en que pudimos educar a los hijos y el modo en que son tratados, la deriva para encontrar las cuatro paredes en las cuales se asienta el sentido de familia y hogar. Un trabajo con el que nos uno no se alcanza a relacionar con el arte y el placer de realizarlo si se vive pensando en el miedo a perderlo.
No por poco la ex ministra de salud, actual presidenta, llevó a su hija a la Clínica Alemana cuando tuvo que hacerlo... No por poco dudo que algún ministro eduque a sus hijos en colegios municipalizados o liceos. Pero eso es otro tema...
Bueno, no se, pero no me calza la culpa judeocristiana, que puede ser parte del asunto, pero judíos y cristianos, también tienen tradiciones de hombres espirituales, profundos, conscientes. Algo de lucidez habrá en que me duela hasta el hueso cuando un muchachito sano aún me pide una moneda por limpiar el parabrisa o por alguna pirueta de esquina, sin mucho más horizonte que pelear por la mejor esquina, mantenerse popular dentro del grupo dominante, y mantenerse alejado de los mil y un desvíos que la vida de la calle le presentará. Cuando veo una señora que podría ser mi madre o mi abuela circulando a la caza de una moneda para juntar lo mínimo. O cuando se me acerca lloroso algún cuentero, normalmente hombres entre sus 40 y 50, con un niño en brazos de aspecto decaído y una receta en la mano de algo que no puede pagar. Lo primero es pensar "me están cuenteando", claro, es posible, pero lo horroroso es que hay muchos que podrían estar pidiendo del mismo modo sin estar contando ningún cuento.
La brecha hoy no es como cuando yo era chico, que pasaban por mi casa todas las tardes a pedir pan duro, fruta, azúcar, lo que fuera para matar el hambre, así de crudo era hace 35 años. Hoy quizás nadie use una ropa desgarrada o un zapato distinto de otro a no ser que a la pobreza se una alguna singularidad de pertenencia psiquiátrica. La ropa está tirada, a costa del nivel de vida de los chinos o equivalentes, claro... la comida abunda, y se pudre por algunos lados, mientras en otros no asoma...
La brecha al menos en este país es otra, las oportunidades de encontrar un lugar digno, decente, conducente en el mundo.
El mundo del privilegio es un asunto serio. No creo que simplemente sea una distorsión perceptiva por la culpa. La culpa como la angustia ligada, pueden estar siendo una muy buena señal de que algo no anda bien. Temo a nuestro hábito de dormir con drogas esas sensaciones que son las que nos llevan a cuestionarnos, ejercicio pasado de moda.
Yo creo que se trata simplemente de que sin hacer mayores análisis, yo se casi organísmicamente, que vivir como vivo sucede por sobre una buena porción de la humanidad que subsiste en condiciones inhumanas y probablemente mi posición descansa en le precariedad de otras vidas.
Yo no tengo asomo de solución, pero quiero dejar de tapar el sol con un dedo.
No creo que sea un problema político administrativo, me harté de descansar en exigir a otros se hagan cargo de mi responsabilidad. Es un asunto de consciencia personal.
Con ese amigo pertenecemos a un grupo de amigos profesionales bien posicionados en el ámbito de nuestro oficio, somos independientes y gozamos de prestigio y demanda laboral más que suficiente. Somos dueños de nuestros horarios y tiempos de vacaciones que nos tomamos cómodamente. Un mes en el verano más menos, un par de semanas repartidas el resto del año, viajes, congresos.
Entre pitos y flautas calculo que tomamos libre cerca de dos meses por año. No tenemos jefe y aún cuando dependemos del mercado nuestros honorarios profesionales son del rango alto. Educamos a nuestros hijos en los colegios que elegimos, con acceso a idiomas y a un mundo universitario internacional, pagamos coberturas de salud de primer nivel, tenemos o podríamos tener más de una o dos propiedades de descanso fuera de Santiago. Vamos frecuentemente a restaurantes sin fijarnos mucho en nada más que el gusto de disfrutar del refinamiento gastronómico y la buena atención. Tenemos acceso a libros en todo el rango de nuestros intereses. Tenemos autos a disposición, casi nuevos y en muy buen estado. Tenemos o optamos libremente por no tener asesoría profesional en el hogar. Pagamos seguros de vida con ahorro, y muchas cosas más que el pudor (o la consciencia lúcida de la que quiero hablar... o la culpa judeocristiana) no me dejan detallar.
El detalle me resulta un poco idiota, no son las cosas en sí, su cantidad, diversidad o precio, el lujo privilegiado es la amplitud de opciones y la posibilidad de elegir el modo de vivir en cada aspecto.
Solemos decir entre nosotros que nos sacamos la cresta trabajando para tener lo que tenemos.
Siendo honesto, en este acto me declaro divergente en relación a esa última afirmación. Hablo por mí, pero no me saco la cresta, ni con mucho. Vivo en un barrio elegido. Trabajo lo que quiero, tengo lo que necesito me demoro no más de 30 minutos a mi trabajo, en bicicleta por el puro gusto porque el auto lo dejo en casa. Hago deporte diariamente una hora. Me doy el tiempo para aprender algo de música. Trabajo en una oficina a mi gusto, bien ubicada, amplia, que algún día puede llegar a ser mía si termino con el crédito hipotecario que es lo único que me debe distanciar mucho de un millonario, o lo segundo, porque si ser rico es no tener que trabajar para vivir, ahí estoy lejos. Pero ni tanto.
Ser rico es vivir con menos de lo que uno gana. Cosa relativamente fácil de organizar en la clase media alta a la que calculo pertenezco, pero en los rangos inferiores de ingreso la cosa es muy distinta.
Creo que justificarme y no cuestionar mi posición socio económica con un cerrado "me mato trabajando por lo que tengo", recurso que utilicé por años, ya no me satisface.
Sacarse la cresta o matarse trabajando tiene que ver más con viajar horas, léase HORAS, en micros bajo la línea de lo digno, sin opción, pagar cerca de un tercio del ingreso en ello, estar muy poco con la familia y muchas veces agobiado por la realidad, no tener más que la paciencia como recurso en una sala de urgencia cuando hay un problema se salud, la resignación a la hora de aceptar el lugar en que pudimos educar a los hijos y el modo en que son tratados, la deriva para encontrar las cuatro paredes en las cuales se asienta el sentido de familia y hogar. Un trabajo con el que nos uno no se alcanza a relacionar con el arte y el placer de realizarlo si se vive pensando en el miedo a perderlo.
No por poco la ex ministra de salud, actual presidenta, llevó a su hija a la Clínica Alemana cuando tuvo que hacerlo... No por poco dudo que algún ministro eduque a sus hijos en colegios municipalizados o liceos. Pero eso es otro tema...
Bueno, no se, pero no me calza la culpa judeocristiana, que puede ser parte del asunto, pero judíos y cristianos, también tienen tradiciones de hombres espirituales, profundos, conscientes. Algo de lucidez habrá en que me duela hasta el hueso cuando un muchachito sano aún me pide una moneda por limpiar el parabrisa o por alguna pirueta de esquina, sin mucho más horizonte que pelear por la mejor esquina, mantenerse popular dentro del grupo dominante, y mantenerse alejado de los mil y un desvíos que la vida de la calle le presentará. Cuando veo una señora que podría ser mi madre o mi abuela circulando a la caza de una moneda para juntar lo mínimo. O cuando se me acerca lloroso algún cuentero, normalmente hombres entre sus 40 y 50, con un niño en brazos de aspecto decaído y una receta en la mano de algo que no puede pagar. Lo primero es pensar "me están cuenteando", claro, es posible, pero lo horroroso es que hay muchos que podrían estar pidiendo del mismo modo sin estar contando ningún cuento.
La brecha hoy no es como cuando yo era chico, que pasaban por mi casa todas las tardes a pedir pan duro, fruta, azúcar, lo que fuera para matar el hambre, así de crudo era hace 35 años. Hoy quizás nadie use una ropa desgarrada o un zapato distinto de otro a no ser que a la pobreza se una alguna singularidad de pertenencia psiquiátrica. La ropa está tirada, a costa del nivel de vida de los chinos o equivalentes, claro... la comida abunda, y se pudre por algunos lados, mientras en otros no asoma...
La brecha al menos en este país es otra, las oportunidades de encontrar un lugar digno, decente, conducente en el mundo.
El mundo del privilegio es un asunto serio. No creo que simplemente sea una distorsión perceptiva por la culpa. La culpa como la angustia ligada, pueden estar siendo una muy buena señal de que algo no anda bien. Temo a nuestro hábito de dormir con drogas esas sensaciones que son las que nos llevan a cuestionarnos, ejercicio pasado de moda.
Yo creo que se trata simplemente de que sin hacer mayores análisis, yo se casi organísmicamente, que vivir como vivo sucede por sobre una buena porción de la humanidad que subsiste en condiciones inhumanas y probablemente mi posición descansa en le precariedad de otras vidas.
Yo no tengo asomo de solución, pero quiero dejar de tapar el sol con un dedo.
No creo que sea un problema político administrativo, me harté de descansar en exigir a otros se hagan cargo de mi responsabilidad. Es un asunto de consciencia personal.
30/1/08
Ciclista amoroso. (Carga con tu propio peso)
No soy muy amoroso, soy mas bien bestia bruta. Pero no me gusta la idea de ciclista furioso.
A la bicicleta me subí de chico, como muchos supongo. Santiago era un pueblo hace 30 años, y se recorría amablemente en bici. Tengo muchas anécdotas y aventuras de esa época libre.
Viviendo el sueño occidental del progreso, y habiendo heredado cierta pasión por la sangre italiana, apenas pude compré mi primer auto, y seguí teniendo uno "como todo el mundo" (interesante el egocentrismo clasemediaalta que revelo).
Pero, como los cambios sobrevinieron, llegó el Transantiago, y mi viaje en auto a trabajar aumentó a casi el doble por la maravilla de paraderos que hicieron ocupando vías de circulación. Los ingenieros ocuparon una pista de Av. Tobalaba al llegar a Bilbao.
Hace rato venía pensando en volver a la bici, un día de Marzo, de los primeros a vuelta de vacaciones, probé. Fantástico, una revelación. Desde ahí no he parado, el auto no lo uso en la semana y la vida realmente cambia en muchos sentidos.
La bicicleta exige una atención casi animal, plena y conectada, poca mente, mucha reacción lúcida desde el cuerpo. Llego a mi destino totalmente renovado. Me contrasta con el auto en que, al menos yo, me voy mascando el chicle mental y llego a mi destino totalmente agotado de mí mismo.
Un día pedaleando me vino a la mente la frase "carga con tu propio peso". Me encantó, es el sentido de responsabilidad que impone la bicicleta. Consumir petróleo con todas las consecuencias que tiene su extracción, distribución comercial y combustión en el mundo, es cargar con ese peso a otros animales (humanos y de los otros). Uno paga por la bencina, pero ese dinero no compensa el daño. Desde otro punto de vista si uno come en exceso, más de lo que requiere, el pedaleo se hace cargando un peso muerto, uno se regula solo. Uno no carga a nadie con los excesos propios. Se ahorra un problema de la modernidad, el deporte obligado por lo sedentario de la vida diaria. Es tan absurdo que uno tiende a querer tener un auto de lujo, comer de lujo, y luego tenemos una guata de lujo. Obligado a generar tiempo extra para actividad física, ya no por el placer de hacerla.
Como andar a pie, en el hecho de trasladarse, uno integra un conjunto de necesidades. Contraría un poco esta visión moderna en que ya el auto parece parte del esquema corporal de muchos, pero a mí me hace más sentido. Ojalá me dure.
A la bicicleta me subí de chico, como muchos supongo. Santiago era un pueblo hace 30 años, y se recorría amablemente en bici. Tengo muchas anécdotas y aventuras de esa época libre.
Viviendo el sueño occidental del progreso, y habiendo heredado cierta pasión por la sangre italiana, apenas pude compré mi primer auto, y seguí teniendo uno "como todo el mundo" (interesante el egocentrismo clasemediaalta que revelo).
Pero, como los cambios sobrevinieron, llegó el Transantiago, y mi viaje en auto a trabajar aumentó a casi el doble por la maravilla de paraderos que hicieron ocupando vías de circulación. Los ingenieros ocuparon una pista de Av. Tobalaba al llegar a Bilbao.
Hace rato venía pensando en volver a la bici, un día de Marzo, de los primeros a vuelta de vacaciones, probé. Fantástico, una revelación. Desde ahí no he parado, el auto no lo uso en la semana y la vida realmente cambia en muchos sentidos.
La bicicleta exige una atención casi animal, plena y conectada, poca mente, mucha reacción lúcida desde el cuerpo. Llego a mi destino totalmente renovado. Me contrasta con el auto en que, al menos yo, me voy mascando el chicle mental y llego a mi destino totalmente agotado de mí mismo.
Un día pedaleando me vino a la mente la frase "carga con tu propio peso". Me encantó, es el sentido de responsabilidad que impone la bicicleta. Consumir petróleo con todas las consecuencias que tiene su extracción, distribución comercial y combustión en el mundo, es cargar con ese peso a otros animales (humanos y de los otros). Uno paga por la bencina, pero ese dinero no compensa el daño. Desde otro punto de vista si uno come en exceso, más de lo que requiere, el pedaleo se hace cargando un peso muerto, uno se regula solo. Uno no carga a nadie con los excesos propios. Se ahorra un problema de la modernidad, el deporte obligado por lo sedentario de la vida diaria. Es tan absurdo que uno tiende a querer tener un auto de lujo, comer de lujo, y luego tenemos una guata de lujo. Obligado a generar tiempo extra para actividad física, ya no por el placer de hacerla.
Como andar a pie, en el hecho de trasladarse, uno integra un conjunto de necesidades. Contraría un poco esta visión moderna en que ya el auto parece parte del esquema corporal de muchos, pero a mí me hace más sentido. Ojalá me dure.
Miedo a la muerte
Ayer mi hermano me pregunta ¿tienes miedo a la muerte? No se exactamente porqué, pero estábamos en ese momento almorzando en un restaurant de comida orgánica, yo bebía un té blanco y masticaba mis vegetales (hay un divertido y dramático artículo de Ken Wilber "Medita y come tus verduras"). Quizás eso hizo a mi hermano suponer que me protejo de morir.
La verdad, hago una vida cada vez mas sana, opción poco ideológica, pero muy pragmática, con los años he ido descubriendo lo mal que me sentía haciendo ciertas cosas y lo muchísimo mejor que me siento haciendo ciertas otras, muy simples y pocas. El instinto me ha ido guiando a lo que para algunos amigos es una vida monástica. Menos es mas, digo yo. Pero, no es por miedo a la muerte, hasta donde la autoconsciencia me acompaña es amor a la vida que no es nada sin la muerte.
Morir es lo único cierto. Es la única realidad pienso. Es la base de lo real. "Morir es cierto" decía Roser Bru en una serie de grabados, ¿habrá algo más cierto?. El límite del conocimiento, la apertura al misterio, al menos para mí que no tengo ninguna capacidad hacia lo sobrenatural o más allá de la muerte. Habiendo enterrado a varios cadáveres que antes fueron seres queridos, habiendo tenido amplio contacto con la muerte de muchas formas, tengo la impresión de que morir no me mata. El tema es mas bien, dos cosas, cómo vivo mientras no muero, y derivado de eso, quedar atrapado entre la vida y la muerte. Eso si me parece más bien latoso.
En el primer punto, me gusta vivir más livianito, más despierto. Me gusta disfrutar de los primeros momentos de luz de la mañana y dormir cuando cae la noche. Me gusta sentirme cerca de quienes me importan, cerca, no intelectualmente cerca, cada vez soy menos amigo del chicharreo verbal. Me gusta ver desarrollarse a las personas, no en vano vivo de eso, especialmente me gusta ver el crecimiento de mis hijas, las búsquedas de mis cercanos. Me gusta mi vida diaria, mi viaje en bicicleta de ida y vuelta a la consulta, las personas que me encuentro en lo cotidiano. El chiste rápido, el giro de la palabra a la que los chilenos somos dados. Algo de andaluces por ahí queda.
En el segundo punto, confieso cierto rechazo a la idea de quedar a medio camino entre la vida y la muerte, quedar en alguna condición en la que no pueda decidir mi destino y quede en manos de personas que actuarán según cualquiera de los modos imaginarios de tener compasión de un pobre moribundo que no se muere nunca. En esto probablemente coincidimos muchos, preferiría morirme de un paraguazo.
La verdad, hago una vida cada vez mas sana, opción poco ideológica, pero muy pragmática, con los años he ido descubriendo lo mal que me sentía haciendo ciertas cosas y lo muchísimo mejor que me siento haciendo ciertas otras, muy simples y pocas. El instinto me ha ido guiando a lo que para algunos amigos es una vida monástica. Menos es mas, digo yo. Pero, no es por miedo a la muerte, hasta donde la autoconsciencia me acompaña es amor a la vida que no es nada sin la muerte.
Morir es lo único cierto. Es la única realidad pienso. Es la base de lo real. "Morir es cierto" decía Roser Bru en una serie de grabados, ¿habrá algo más cierto?. El límite del conocimiento, la apertura al misterio, al menos para mí que no tengo ninguna capacidad hacia lo sobrenatural o más allá de la muerte. Habiendo enterrado a varios cadáveres que antes fueron seres queridos, habiendo tenido amplio contacto con la muerte de muchas formas, tengo la impresión de que morir no me mata. El tema es mas bien, dos cosas, cómo vivo mientras no muero, y derivado de eso, quedar atrapado entre la vida y la muerte. Eso si me parece más bien latoso.
En el primer punto, me gusta vivir más livianito, más despierto. Me gusta disfrutar de los primeros momentos de luz de la mañana y dormir cuando cae la noche. Me gusta sentirme cerca de quienes me importan, cerca, no intelectualmente cerca, cada vez soy menos amigo del chicharreo verbal. Me gusta ver desarrollarse a las personas, no en vano vivo de eso, especialmente me gusta ver el crecimiento de mis hijas, las búsquedas de mis cercanos. Me gusta mi vida diaria, mi viaje en bicicleta de ida y vuelta a la consulta, las personas que me encuentro en lo cotidiano. El chiste rápido, el giro de la palabra a la que los chilenos somos dados. Algo de andaluces por ahí queda.
En el segundo punto, confieso cierto rechazo a la idea de quedar a medio camino entre la vida y la muerte, quedar en alguna condición en la que no pueda decidir mi destino y quede en manos de personas que actuarán según cualquiera de los modos imaginarios de tener compasión de un pobre moribundo que no se muere nunca. En esto probablemente coincidimos muchos, preferiría morirme de un paraguazo.
26/1/08
Rudolf Steiner, Antroposofia, Medicina, Pedagogia Waldorf.
A la antroposofía llegué por su medicina. Luego de años de padecer una sinusitis crónica con frecuentes episodios agudos que eran tratados con antibióticos cada vez más fuertes, llegó un momento en que el antibiótico usado me hizo sentir tan mal, que juré nunca más utilizarlos.
Comencé una búsqueda desconfiada en las medicinas alternativas, varias me interesaron, pero ninguna me hizo tanto sentido y claro efecto como la medicina antroposófica, en ese momento con la Dra. Blanca Ortúzar. El cuadro de sinusitis infecciosa con fiebre alta con el que llegué a consultarla, mejoró en unos 10 días, y luego de un año de tratamiento ininterrumpido con homeopatía antroposófica (diluciones bajas en relación a homeopatía tradicional) desaparecieron los cuadros de rinitis que eran muy recurrentes. Tuve un par de sinusitis infecciosas más en dos años (muy poco para lo acostumbrado) y luego de eso en 6 años he tenido uno o dos. La rinitis prácticamente desapareció, la última primavera en pleno auge del problema del plátano oriental, no tuve molestia alguna.
Al ver los resultados, comenzamos a ir en familia. A la fecha mis dos hijas se han tratado sólo con este tipo de medicina con resultados notables, han cursado todas las enfermedades infantiles sin requerir antibióticos, analgésicos ni antipiréticos. La fiebre es bienvenida como parte de una reacción del organismo.
Las explicaciones, mejor ni les cuento, insoportables. Pura metafísica. Todo tipo de entelequias suprasensibles, seres y campos de existencia en los más diversos niveles sutiles. Para mí, un delirio total. Con todo respeto.
Sin embargo, me quedo con las palabras de mi querido maestro Jorge Fernández Tornini, "el método, se valida por sus resultados". Escapándole a las extrañas explicaciones, en las que sólo quedaría creer a ciegas porque no hablan de nada que esté en la experiencia, al menos en la mía, nos quedamos con la práctica. Los médicos dentro de este enfoque son excepcionales en su entrega, rigor, dedicación a sus pacientes, y sin duda alguna, resultados. En un cierto sentido son como médicos a la antigua, ven a la familia, dan indicaciones de sentido común, si bien es una "medicina ampliada" en el sentido de servirse de todos los recursos de la medicina, sin rechazar nada.
Una cosa lleva a la otra. Con gran temor inicial de mi parte y luego de una espantosa experiencia con nuestra hija mayor en un colegio Montessori, entramos a la pedagogía Waldorf, Al Jardín Akelae y al Colegio San Cristóbal, que constituyen la tercera destilación de la pedagogía Waldorf en Chile, que para mí tenía fama de cerrada al mundo y sectaria, muy fundamentalista.
Debo decir con entusiasmo que mis prejuicios y temores iniciales se vieron rápidamente aliviados. Y me fue conquistando una pedagogía que aborda a los niños y a su familia de un modo integral, entendiendo profundamente lo que cada edad y momento del desarrollo requiere y puede lograr, facilitando el camino sin empujar, en un contexto donde lo estético, lo armónico, la imaginación y la creatividad se entretejen con el asombro ante la existencia.
Mis hijas se han desarrollado de tal modo que no podría imaginar nada mejor, y en general es lo que vemos en los otros niños. Otra vez, si voy a las explicaciones, no lo tolero, me salen con todo tipo de entidades invisibles... no puedo con eso. Pero si me pongo a observar lo que sí veo, el modo de trabajar, el compromiso y la pasión de los profesores, la madurez de ellos para enfrentar los problemas propios de la comunidad escolar, las ganas con las que mis hijas van a clases, cómo se desarrollan, la actitud ante el mundo y el conocimiento que van desarrollando... no imagino nada mejor. Ayer mi hija estaba preocupada por la fecha en la que volvíamos de vacaciones, no quiere perderse un sólo día de clases...
Circunstancias me llevaron a conocer otro aspecto de este grupo de gente. Su granja terapéutica en Curacaví. Tuve en tratamiento a un buen hombre con el que no había podido un buen número de profesionales de la salud mental, la cúspide de los expertos se daban por vencidos con él.
Hice el contacto y en un notable proceso este muchacho ingresó en la granja terapéutica (nadie está allí a la fuerza). Otra vez prefiero obviar la metafísica. Lo que vi es que lo enchufaron en la realidad más básica. Dormir con la noche, despertar con el día, una alimentación de lujo en horarios bien cuidados y por sobre todo el más intenso trabajo corporal que implica llevar adelante una granja con cultivos diversos y lechería. Para no alargarme puedo decir que hasta donde he sabido ese hombre en algo más de año y medio está transformado en un alegre y sabio granjero que ha desarrollado varias de sus capacidades a niveles sorprendentes.
En algún minuto ante todo esto tuve el interés de conocer el pensamiento de Steiner. Asistí a un seminario en torno a su libro "La Teosofía". Partimos bien, el tipo invita a hacer ciencia de lo suprasensible. Digamos que era leal a la pregunta de Groucho Marx que encabeza esta página ¿a quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos? Propone creer a la propia experiencia y que para ello las personas deben alcanzar lo suprasensible como experiencia personal para luego hacer ciencia acerca de lo que serían experiencias accesibles a varias personas. El problema es que se queda en la invitación. Y se manda con descripciones de su percepción del mundo. Insoportable para mí, creer o creer. Para avanzar en el estudio sólo queda creer que el hombre tuvo esas experiencias del mundo y la existencia, y seguir sus elucubraciones. Para mí imposible, eso es del plano de la religión institucional, donde a uno le dicen como son las cosas que uno no ve, y uno cree en eso y sigue. Ya tuve suficiente con mis años de psicoanalista y las invenciones freudianas acerca de lo humano. Otra religión equivalente.
Lo más cerca que yo estoy de la religión es el encuentro con lo misterioso, con la apertura de lo incognoscible, pero no con el relleno que alguien quiere ponerle desde sus voladuras personales. Hay otro libro en que Steiner propone un método para alcanzar percepción de los mundos ocultos. No me convence.
Sin embargo, sigo convencido con estas prácticas que se derivan del pensamiento de Rudolf Steiner, sólo por su cara visible, con eso me basta y me convence. No deja de producirme inquietud profunda el que todo esto venga de tan ajenas visiones...
Comencé una búsqueda desconfiada en las medicinas alternativas, varias me interesaron, pero ninguna me hizo tanto sentido y claro efecto como la medicina antroposófica, en ese momento con la Dra. Blanca Ortúzar. El cuadro de sinusitis infecciosa con fiebre alta con el que llegué a consultarla, mejoró en unos 10 días, y luego de un año de tratamiento ininterrumpido con homeopatía antroposófica (diluciones bajas en relación a homeopatía tradicional) desaparecieron los cuadros de rinitis que eran muy recurrentes. Tuve un par de sinusitis infecciosas más en dos años (muy poco para lo acostumbrado) y luego de eso en 6 años he tenido uno o dos. La rinitis prácticamente desapareció, la última primavera en pleno auge del problema del plátano oriental, no tuve molestia alguna.
Al ver los resultados, comenzamos a ir en familia. A la fecha mis dos hijas se han tratado sólo con este tipo de medicina con resultados notables, han cursado todas las enfermedades infantiles sin requerir antibióticos, analgésicos ni antipiréticos. La fiebre es bienvenida como parte de una reacción del organismo.
Las explicaciones, mejor ni les cuento, insoportables. Pura metafísica. Todo tipo de entelequias suprasensibles, seres y campos de existencia en los más diversos niveles sutiles. Para mí, un delirio total. Con todo respeto.
Sin embargo, me quedo con las palabras de mi querido maestro Jorge Fernández Tornini, "el método, se valida por sus resultados". Escapándole a las extrañas explicaciones, en las que sólo quedaría creer a ciegas porque no hablan de nada que esté en la experiencia, al menos en la mía, nos quedamos con la práctica. Los médicos dentro de este enfoque son excepcionales en su entrega, rigor, dedicación a sus pacientes, y sin duda alguna, resultados. En un cierto sentido son como médicos a la antigua, ven a la familia, dan indicaciones de sentido común, si bien es una "medicina ampliada" en el sentido de servirse de todos los recursos de la medicina, sin rechazar nada.
Una cosa lleva a la otra. Con gran temor inicial de mi parte y luego de una espantosa experiencia con nuestra hija mayor en un colegio Montessori, entramos a la pedagogía Waldorf, Al Jardín Akelae y al Colegio San Cristóbal, que constituyen la tercera destilación de la pedagogía Waldorf en Chile, que para mí tenía fama de cerrada al mundo y sectaria, muy fundamentalista.
Debo decir con entusiasmo que mis prejuicios y temores iniciales se vieron rápidamente aliviados. Y me fue conquistando una pedagogía que aborda a los niños y a su familia de un modo integral, entendiendo profundamente lo que cada edad y momento del desarrollo requiere y puede lograr, facilitando el camino sin empujar, en un contexto donde lo estético, lo armónico, la imaginación y la creatividad se entretejen con el asombro ante la existencia.
Mis hijas se han desarrollado de tal modo que no podría imaginar nada mejor, y en general es lo que vemos en los otros niños. Otra vez, si voy a las explicaciones, no lo tolero, me salen con todo tipo de entidades invisibles... no puedo con eso. Pero si me pongo a observar lo que sí veo, el modo de trabajar, el compromiso y la pasión de los profesores, la madurez de ellos para enfrentar los problemas propios de la comunidad escolar, las ganas con las que mis hijas van a clases, cómo se desarrollan, la actitud ante el mundo y el conocimiento que van desarrollando... no imagino nada mejor. Ayer mi hija estaba preocupada por la fecha en la que volvíamos de vacaciones, no quiere perderse un sólo día de clases...
Circunstancias me llevaron a conocer otro aspecto de este grupo de gente. Su granja terapéutica en Curacaví. Tuve en tratamiento a un buen hombre con el que no había podido un buen número de profesionales de la salud mental, la cúspide de los expertos se daban por vencidos con él.
Hice el contacto y en un notable proceso este muchacho ingresó en la granja terapéutica (nadie está allí a la fuerza). Otra vez prefiero obviar la metafísica. Lo que vi es que lo enchufaron en la realidad más básica. Dormir con la noche, despertar con el día, una alimentación de lujo en horarios bien cuidados y por sobre todo el más intenso trabajo corporal que implica llevar adelante una granja con cultivos diversos y lechería. Para no alargarme puedo decir que hasta donde he sabido ese hombre en algo más de año y medio está transformado en un alegre y sabio granjero que ha desarrollado varias de sus capacidades a niveles sorprendentes.
En algún minuto ante todo esto tuve el interés de conocer el pensamiento de Steiner. Asistí a un seminario en torno a su libro "La Teosofía". Partimos bien, el tipo invita a hacer ciencia de lo suprasensible. Digamos que era leal a la pregunta de Groucho Marx que encabeza esta página ¿a quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos? Propone creer a la propia experiencia y que para ello las personas deben alcanzar lo suprasensible como experiencia personal para luego hacer ciencia acerca de lo que serían experiencias accesibles a varias personas. El problema es que se queda en la invitación. Y se manda con descripciones de su percepción del mundo. Insoportable para mí, creer o creer. Para avanzar en el estudio sólo queda creer que el hombre tuvo esas experiencias del mundo y la existencia, y seguir sus elucubraciones. Para mí imposible, eso es del plano de la religión institucional, donde a uno le dicen como son las cosas que uno no ve, y uno cree en eso y sigue. Ya tuve suficiente con mis años de psicoanalista y las invenciones freudianas acerca de lo humano. Otra religión equivalente.
Lo más cerca que yo estoy de la religión es el encuentro con lo misterioso, con la apertura de lo incognoscible, pero no con el relleno que alguien quiere ponerle desde sus voladuras personales. Hay otro libro en que Steiner propone un método para alcanzar percepción de los mundos ocultos. No me convence.
Sin embargo, sigo convencido con estas prácticas que se derivan del pensamiento de Rudolf Steiner, sólo por su cara visible, con eso me basta y me convence. No deja de producirme inquietud profunda el que todo esto venga de tan ajenas visiones...
Videntes, auras y otras hierbas...
A lo largo de los años y cada vez con más frecuencia, me encuentro frente a personas que tienen una experiencia de la realidad en el plano de lo "suprasensible", es decir, que va más allá de lo sensible a los 5 sentidos por todos conocidos. Hay personas que ven "el aura" algo que parece ser un borde luminoso que en diversos colores, que muchos asocian a diversas cualidades del sujeto, rodea a seres vivos. Dentro de estas personas hay quienes se sienten capaces de describir características estables o transitorias del individuo que observan. Otro tipo de videncias que me ha tocado presenciar, son más llamativas, me ha tocado compartir con un colega que tiene variados rangos de visión extrasensorial. Por un lado en el campo de las "energías" corporales, ve de un modo ampliado lo que otros ven como aura, no sólo ve contornos corporales sino la luminosidad correspondiente a los chakras de la medicina hindú, y los meridianos de la medicina china, en su interrelación con diferentes órganos y funciones corporales. Este amigo, además puede ver con toda claridad escenas de la vida de la persona, en particular cuando son una traba emocional instalada en algún área del cuerpo energético como podríamos llamar al conjunto de energías que es capaz de describir emanando de una persona. Sus visiones además abarcan otras vidas, encarnaciones previas y las cosas que de ellas se harían presentes en la vida actual. Conozco también a una médico muy conocida entre quienes frecuentan a videntes, con las mismas capacidades.
Yo, con suerte veo las letras en esta pantalla. Más que eso, nada. Me declaro totalmente ciego a los planos suprasensibles de la experiencia humana. Inicialmente muy escéptico a estas cosas, tendía a tomarlo por fenómenos psicóticos, fuera de "realidad". Sin embargo, si somos estrictos con la psiquiatría, no corresponde, lo psicótico se presenta en lo auditivo, voces, etc.. que en general invitan al sujeto a hacer o decir cosas que lo sitúan fuera del campo de lo aceptable por su entorno social. En estos casos los fenómenos parecen ser eminentemente visuales, y en general tienden a hacer sentido y ser aceptables para quienes reciben estas visualizaciones. Si no recuerdo mal son las psicosis tóxicas las que producen fenómenos visuales, pero suelen estar acompañadas de alteraciones evidentes de orientación y consciencia y caen lejos de lo aceptable por los que rodean al sujeto.
Luego de haber conocido a muchas personas con estas capacidades, y sorprenderme por la consistencia de lo que ven en mí, me abro a la posibilidad y me hago la pregunta por el hecho de que existan personas que perciben dimensiones del mundo que nos rodea que escapan al común de los mortales, sin ser fenómenos delirantes, sino que en la medida en que se mantienen adaptados al mundo en el que habitan, son fenómenos perceptivos.
Yo, con suerte veo las letras en esta pantalla. Más que eso, nada. Me declaro totalmente ciego a los planos suprasensibles de la experiencia humana. Inicialmente muy escéptico a estas cosas, tendía a tomarlo por fenómenos psicóticos, fuera de "realidad". Sin embargo, si somos estrictos con la psiquiatría, no corresponde, lo psicótico se presenta en lo auditivo, voces, etc.. que en general invitan al sujeto a hacer o decir cosas que lo sitúan fuera del campo de lo aceptable por su entorno social. En estos casos los fenómenos parecen ser eminentemente visuales, y en general tienden a hacer sentido y ser aceptables para quienes reciben estas visualizaciones. Si no recuerdo mal son las psicosis tóxicas las que producen fenómenos visuales, pero suelen estar acompañadas de alteraciones evidentes de orientación y consciencia y caen lejos de lo aceptable por los que rodean al sujeto.
Luego de haber conocido a muchas personas con estas capacidades, y sorprenderme por la consistencia de lo que ven en mí, me abro a la posibilidad y me hago la pregunta por el hecho de que existan personas que perciben dimensiones del mundo que nos rodea que escapan al común de los mortales, sin ser fenómenos delirantes, sino que en la medida en que se mantienen adaptados al mundo en el que habitan, son fenómenos perceptivos.
Jacques Lacan, el personaje.
Declaro con énfasis que no me siento para nada experto en Lacan. Sin embargo, de lo que conozco a través de diversas experiencias, me formé una opinión, que paso a desarrollar. En relación a ser o no experto en Lacan, Lacan fue un personaje multifacético, muy complejo, cuya obra escrita conforma sólo una pequeña parte de lo que se ha constituido en el edificio Lacaniano actual, mayormente conformado por una tradición oral de creación y transmisión de un mito, la mayor parte de lo que circula como sus seminarios son transcripciones, es decir, lo que alguien escuchó decir a Lacan, y luego escribió. La autoría de muchos textos de Lacan es dudosa, más aún desde que su astuto yerno, Jacques Alain Miller heredara y se apoderara de toda la obra administrando la aparición de textos fundamentales. Es decir, a estas alturas Lacan es un país como el Vaticano, con su Papa, iglesias alternativas disidentes, cortes de asesores, su propia teología de la liberación y movimientos insurgentes e intrigas diversas que lejos de tener relación con la enseñanza que se busca transmitir, surge de la más profunda mediocridad egótica humana.
Es un problema saber qué dijo Lacan, agravado por el hecho muy bien descrito por alguien a quién le escuché decir, que un lacaniano, es alguien que, en un grupo de psicoanalistas, es el único que entiende a Lacan...
Sin descartar otros aciertos y aportes que mi ignorancia no me permiten valorar, el aspecto de la obra Lacaniana que ha capturado mi atención e interés por unos años, es su modo de comprender el efecto del tratamiento psicoanalítico sobre la transferencia, que lo conducen a pensar el análisis como terminable en la caída de la transferencia como posibilidad, dando paso a un cambio fundamental en la subjetividad, llevando al sujeto atrapado en el campo del Otro, a ser sujeto de sí. En ese punto hay algo notable, hay frases de Lacan sueltas por ahí en el seminario del acto y en el de la ética, "confía en el inconsciente, al final del análisis", "entrégate", "al final del análisis está el comienzo de la vida misma".
Estas ideas van de la mano con la noción de desidentificación del yo, una desconsistencia de la vivencia de ser uno mismo el que era, y la apertura a una flexibilidad existencial, que además acepta los límites de la comprensión, y particularmente del lenguaje para hablar de uno que es. Otra de las transferencias que para Lacan caen al final del análisis, el lenguaje no dice.
Esta idea del final del análisis concibe a un sujeto finalmente arrojado a un abismo de misterio, incertidumbre, y entrega, confianza. Llega el punto de abandono de la ilusión de que el analista sabe, que uno puede encontrar ese saber hablando y esperando que otro le descifre algo. En ese punto se diluye el analista, aparece la persona que había tras el semblante, y el propio ser es arrojado a la experiencia de ser ahí. Es un terremoto existencial de liberación del ser misterioso, impredecible. Esto es lo que se desarrolló dentro de las ideas del pase, a las que dedicaré otro texto.
Volviendo al personaje desde estas ideas, tengo la impresión de que Lacan trabajaba intensamente alrededor de estas ideas, y por una serie de circunstancias sociohistóricas, sumadas a su magnetismo y genialidad, fue quedando ubicado en el lugar de un dios, un ser excepcional y sobrenatural por sus seguidores. Atrapado, dijera lo que dijera la gente ya no lo escuchaba, lo imitaba, lo adoraba. He coincidido con Lacanianos importantes como Jacques Nassif en que Lacan despreciaba ferozmente a sus discípulos. Creo que lo hacía en el punto en el que Krishnamurti lloraba, cada uno desde su animal propio, su temperamento, enfrentando la desesperación, la soledad de quién busca compañeros en la aventura de la consciencia y se encuentra ganado. Zarathustra baja de la montaña alucinado con la muerte de dios y el nacimiento del hombre evolucionado en la propiedad de sí mismo, la gente que lo que quería era saber qué dijo dios, lo rechaza. Lacan corrió otra suerte, opuesta, como a muchos, lo hicieron estatua. Fue Wilfred Bion el que ante una reelección en la sociedad psicoanalítica de Londres, y el fanático fervor que producía entre sus seguidores, decide partir a California dejando todo "antes de que me hunda el peso de las medallas". Lacan quedó atrapado, no alcanzó a volar, se fascinó con el oro, y creo que mayoritariamente tenía plena consciencia de lo que ocurría pues sobre eso versaba sistemáticamente su enseñanza en los seminarios, la transferencia, sus efectos, la ilusión de ampararse bajo el manto de un ser visto como superior para calmar las propias angustias existenciales de ser un simple ser humano arrojado al vacío de la existencia.
Tengo la impresión de que lo desesperaba la estupidez con la que era seguido, y comenzó a probar, hablar incoherencias, tonterías, y lo seguían, haciendo comprensible y maravilloso lo imposible. He visto mucha obra de seguidores que me parece desarrollan un fragmento de idiotez que Lacan arrojó para ver si caían en cuenta de su realidad falible. Como ocurre en muchas disciplinas, mientras más obscuro e incomprensible una idea del maestro, más años se le dedican obsesivamente a elucidar los posibles sentidos que eso pudo tener para el genio. Mientras menos se entienda el pensamiento, más importancia se le asigna. Lacan fue aumentando el volumen, para ver si caían, circulan historias miles, le hizo rebajar 2 milímetros a una pata de su diván, para que cojeara, hacía todo tipo de arbitrariedades y payasadas con sus pacientes y seguidores, no lejos del maltrato y el abuso muchas veces, a la par de muchos gurúes del hinduismo y budismo, yo leo que la esperanza del muchacho es que alguno cayera de la hipnosis, viera el ridículo... se me viene a la mente la escena de un seminario grabado en video en que aparece Lacan vestido con un abrigo de visón blanco fumando un puro "cola de chancho", hay una escena con ese vestuario, que es literalmente circense, creo que está en internet, Lacan en esa pinta da un seminario y viene uno que le arroja un balde de agua fría, mojándolo entero y apagando el puro, el personaje continúa con su seminario indiferente a todo.
Es un problema saber qué dijo Lacan, agravado por el hecho muy bien descrito por alguien a quién le escuché decir, que un lacaniano, es alguien que, en un grupo de psicoanalistas, es el único que entiende a Lacan...
Sin descartar otros aciertos y aportes que mi ignorancia no me permiten valorar, el aspecto de la obra Lacaniana que ha capturado mi atención e interés por unos años, es su modo de comprender el efecto del tratamiento psicoanalítico sobre la transferencia, que lo conducen a pensar el análisis como terminable en la caída de la transferencia como posibilidad, dando paso a un cambio fundamental en la subjetividad, llevando al sujeto atrapado en el campo del Otro, a ser sujeto de sí. En ese punto hay algo notable, hay frases de Lacan sueltas por ahí en el seminario del acto y en el de la ética, "confía en el inconsciente, al final del análisis", "entrégate", "al final del análisis está el comienzo de la vida misma".
Estas ideas van de la mano con la noción de desidentificación del yo, una desconsistencia de la vivencia de ser uno mismo el que era, y la apertura a una flexibilidad existencial, que además acepta los límites de la comprensión, y particularmente del lenguaje para hablar de uno que es. Otra de las transferencias que para Lacan caen al final del análisis, el lenguaje no dice.
Esta idea del final del análisis concibe a un sujeto finalmente arrojado a un abismo de misterio, incertidumbre, y entrega, confianza. Llega el punto de abandono de la ilusión de que el analista sabe, que uno puede encontrar ese saber hablando y esperando que otro le descifre algo. En ese punto se diluye el analista, aparece la persona que había tras el semblante, y el propio ser es arrojado a la experiencia de ser ahí. Es un terremoto existencial de liberación del ser misterioso, impredecible. Esto es lo que se desarrolló dentro de las ideas del pase, a las que dedicaré otro texto.
Volviendo al personaje desde estas ideas, tengo la impresión de que Lacan trabajaba intensamente alrededor de estas ideas, y por una serie de circunstancias sociohistóricas, sumadas a su magnetismo y genialidad, fue quedando ubicado en el lugar de un dios, un ser excepcional y sobrenatural por sus seguidores. Atrapado, dijera lo que dijera la gente ya no lo escuchaba, lo imitaba, lo adoraba. He coincidido con Lacanianos importantes como Jacques Nassif en que Lacan despreciaba ferozmente a sus discípulos. Creo que lo hacía en el punto en el que Krishnamurti lloraba, cada uno desde su animal propio, su temperamento, enfrentando la desesperación, la soledad de quién busca compañeros en la aventura de la consciencia y se encuentra ganado. Zarathustra baja de la montaña alucinado con la muerte de dios y el nacimiento del hombre evolucionado en la propiedad de sí mismo, la gente que lo que quería era saber qué dijo dios, lo rechaza. Lacan corrió otra suerte, opuesta, como a muchos, lo hicieron estatua. Fue Wilfred Bion el que ante una reelección en la sociedad psicoanalítica de Londres, y el fanático fervor que producía entre sus seguidores, decide partir a California dejando todo "antes de que me hunda el peso de las medallas". Lacan quedó atrapado, no alcanzó a volar, se fascinó con el oro, y creo que mayoritariamente tenía plena consciencia de lo que ocurría pues sobre eso versaba sistemáticamente su enseñanza en los seminarios, la transferencia, sus efectos, la ilusión de ampararse bajo el manto de un ser visto como superior para calmar las propias angustias existenciales de ser un simple ser humano arrojado al vacío de la existencia.
Tengo la impresión de que lo desesperaba la estupidez con la que era seguido, y comenzó a probar, hablar incoherencias, tonterías, y lo seguían, haciendo comprensible y maravilloso lo imposible. He visto mucha obra de seguidores que me parece desarrollan un fragmento de idiotez que Lacan arrojó para ver si caían en cuenta de su realidad falible. Como ocurre en muchas disciplinas, mientras más obscuro e incomprensible una idea del maestro, más años se le dedican obsesivamente a elucidar los posibles sentidos que eso pudo tener para el genio. Mientras menos se entienda el pensamiento, más importancia se le asigna. Lacan fue aumentando el volumen, para ver si caían, circulan historias miles, le hizo rebajar 2 milímetros a una pata de su diván, para que cojeara, hacía todo tipo de arbitrariedades y payasadas con sus pacientes y seguidores, no lejos del maltrato y el abuso muchas veces, a la par de muchos gurúes del hinduismo y budismo, yo leo que la esperanza del muchacho es que alguno cayera de la hipnosis, viera el ridículo... se me viene a la mente la escena de un seminario grabado en video en que aparece Lacan vestido con un abrigo de visón blanco fumando un puro "cola de chancho", hay una escena con ese vestuario, que es literalmente circense, creo que está en internet, Lacan en esa pinta da un seminario y viene uno que le arroja un balde de agua fría, mojándolo entero y apagando el puro, el personaje continúa con su seminario indiferente a todo.
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