12/8/08

"El Planeta" en crisis y la EstetÉtica tele.visiva"

Escuchaba a un grupo de personas muy preocupadas por el planeta y los catastróficos eventos actuales y previsibles para un futuro cercano dada la actual evolución geoclimática y geopolítica.

Sin embargo, nos veía como grupo, llegamos en flamantes camionetas, vivimos de una manera común y corriente, y al hablar de la crisis planetaria parecíamos estar hablando de algo que sucede "allá" en "El Planeta" que parece ser un lugar "allá" en nuestras mentes. ¿O en la pantalla de tv?

Se habla en términos del precio del petróleo, de los gobiernos de las grandes potencias, de los nuevos equilibrios con la incorporación de India y China al gran baile del Capital... Todo por allá, lejos, en "El Planeta".

Una serie de sabias e informadas reflexiones de un grupo de personas que evidentemente leen los diarios, ven noticiarios en tv, escuchan debates radiales.

Es curioso que el estar tan "informado" y "conectado" finalmente te lleve a estarlo a algo por allá, o "ahí" pero no "aquí" en tí mismo y donde pones tus pies. El problema es "de la tierra" "de la humanidad" "de los gobiernos". Pero no de cada uno.

Entonces, vamos al cine con los niños a ver Wall-e espeluznante y extrarealista fantasía de Disney respecto a la crisis planetaria. Termina la película, sale la gente del cine y la sala queda plagada de kilos y kilos de basura de todo tipo, destacando por supuesto los envases plásticos.

Ahí algo me cuadró, la crisis planetaria sucede allá, en una pantalla, en el cine o la televisión. Asistimos a nuestra realidad cotidiana desde la dimensión televisiva, la vemos desde lejos como si no nos perteneciera.

Vemos nuestra propia destrucción sentados cómodamente en nuestro home theater o en las mullidas butacas de cine, rellenándonos como pavo navideño de "comida" que no necesitamos y que luego nos exigirá invertir vida en médicos, gimnasios y dietas, por supuesto.

Salimos de la pantalla y no nos preocupamos más, vivimos nuestra vida sobre el planeta que se agota, sin medir como cada uno de nuestros actos y omisiones está inmerso en la trama que podemos ver en un documental televisivo acerca de la crisis global.

La crisis global es acá, en tu casa que consume lo que ya no podemos darnos el lujo, en tu dormitorio cuando alienado por la pantalla que te arrulla con excrementos culturales ya no sabes ni con quién duermes, en tu barrio en el que encerrado en cada hogar transcurren dramas personales que si hiciéramos nuestros, de la comunidad podríamos llevar de un modo tan distinto.

Hace unos pocos días tocó el timbre de mi casa una mujer, desesperada, agotada, consumida por la angustia y ya habituada. Todo esto podía leerse con facilidad en su impronta que revelaba también que había visto mejores tiempos. Educada, algo humillada por lo que estaba haciendo, o más que humillada anticipándose a la humillación del rechazo, me explica que vive a unas pocas casas y tiene un hijo de 15 años consumido por una grave enfermedad pulmonar, ya terminal. Su agonía se alivia con oxígeno que ella ya no tiene con qué pagar. Iba casa por casa pidiendo ayuda. Eso ocurre a metros de mi dormitorio. Y yo me ocupo de cosas que ni sé, pero me dicen los medios...

¿Tienes empleada puertas adentro? ¿sabes realmente quién duerme en tu casa? ¿qué necesidades tiene? ¿O es simplemente una funcionaria te basta con que haga su trabajo y se trague su frustración y amargura? Si tienes suerte es extranjera, y la intensidad de su desesperación hará que no muestre nada que pueda perturbar tu dulce sueño, bien consolidado con medicamentos psiquiátricos que no te dejen despertar, claro.

¿Cuántos de estos dramas están en la casa de al lado, en la nuestra? Mientras en el cubículo aislado del costado otros pueden estar preocupados de la compra del último celular o de la acumulación de imágen en el próximo vehículo ultimo modelo.

La crisis global no está en la televisión. Está en tu casa.

17/7/08

Moral y Ética y lo que Dios manda... (sobre una idea lacaniana de Norberto Rabinovich)

Tema antiguo y ambiguo, dos palabras que siempre he visto usadas con un área de intersección amplia. Diversos significados, sesudas cavilaciones. Nunca del todo aclaradas.

Recibí un texto de Norberto Rabinovich, parte de un seminario alrededor de sus ideas teñidas de Lacan.

Extraje de ese escrito una conclusión notable, es ético un acto que transgrede una ley. Es moral lo ceñido a la ley.

Sin embargo, lo ético pareciera transgredir no cualquier ley, no es de andar rompiendo leyes para dárselas de ético.

De hecho el rebelde que vive en la ruptura de la ley, puede ser tan moral como el que más sin saberlo, pues sigue ceñido al problema del respeto por la ley.

La ley que rompe el acto ético, es la ley que ordena respetar la ley. La ley quebrantada es la ley del Otro.

Dice también Rabinovich, más de una vez, que el psicoanálisis es un acceso ético.

El síntoma no es ético, creo yo que es moral. El síntoma es un acceso autorizado (legal) al sufrimiento, sin que se tome en cuenta lo que comunica. Ni el "enfermo" lee lo que su síntoma porta.

Ser moral es sentirse enfermo de no ser como Dios manda.

Listo.

23/6/08

El que se suicida va preso. Chaitén y la falta de respeto.

Siempre me ha causado impresión el hecho de que los individuos seamos propiedad del estado.

Tal afirmación puede sonar extraña, pero la ley penaliza el suicidio, o el intento. El que se suicida, va preso. Si sobrevive, claro. Y si además es pobre, está poco informado o no tiene acceso a alguna red de influencia de menor grado que permita, en alguna buena clínica privada, hacer de su falta a la ley una pirueta que la convierta en una indigestión u otro accidente que cubra y explique las intervenciones médicas aplicadas.

Es como el aborto. Otra frontera de la propiedad de la vida de los individuos.

Es aquí donde la palabra "sujeto" alcanza su expresión más directa y concreta, un individuo está sujeto por el estado que lo sujeta.

El estado se apropia, sujeta a sus sujetos, con ello les resta su dignidad y responsabilizándose por ellos, les irresponsabiliza. Resultante, una masa social de sujetos o sostenidos que esperan de su sostenedor el sustento de cada día.

Esta sujeción es interesante en otro ámbito muy vigente por estos días de catástrofes volcánicas, pluviométricas y fluviales.

En el caso de la catástrofe de Chaitén (como se ha visto a lo largo de la historia de Chile) hemos visto por los medios sujetos indignados reclamando por la ayuda recibida, esperan recibir del estado la misma casa, la misma vida, la misma situación anterior a las furias ígneas.

Es decir, el estado o sostenedor, en tanto sujetador de sujetos, es a la vez garante (siempre fallido) de una vida sin sobresaltos. Los sujetos al recibir la ayuda se sienten con derecho a esperar todo de la máquina estatal, incluso la eliminación de las consecuencias de una manifestación de la naturaleza, en nada sorprendente, del todo natural y esperable.

¿Cómo actúa el estado para mantener y aumentar el problema?

Simple, tratando a los sujetos como perfectos idiotas, adueñándose de sus vidas. Por decreto se obliga a todos los habitantes de la zona de seguridad a abandonar el lugar. Los sujetos son tomados por el gobierno. No hay libertad para decidir el propio destino ni los propios riesgos. En ese mismo acto se firma el pacto desde el cual el sujeto es desprovisto de su autoridad sobre sí mismo, gustoso la entrega sentándose a reclamar de ahí en adelante, furioso, por lo que siente que le debe su nuevo dueño, el estado.

Los volcanes hacen erupción, el mar y los ríos se salen de su lugar, la tierra se calienta, todo cambia, la vida fluye impredecible. Morir es cierto. ¿De adónde un pickle gobierno terrícola puede ser exigido a responder por los hechos de la evolución del planeta?

¿Somos lo que comemos?

Con el añejamiento propio de la cuarentena, me ha venido una serie de inundaciones extrañas.

Solía ser un carnívoro de asados dominicales, mínimo, acompañados de buenos vinos que en el mejor estilo joven ejecutivo con curso de cata podía distinguir con la más agotadoras de las pituquerías. Acompañaba estos eventos, no se si para coronar las pituquerías, o para aturdir la consciencia ante tanta gula, con un buen puro y no pocos cafés, de grano por supuesto y ojalá expreso.

Un par de años han pasado en que misteriosamente he ido alejándome en forma espontánea y sorprendente para mí mismo, de toda esta serie de refinamientos "vernáculos". Junto con una serie de cambios amplios en mi forma de vivir, me he ido encontrando con un visceral rechazo ante mis habituales gustos y formas de alimentarme.

Con ello, y en conjunción con la aparición de un notable local de delicias orgánicas, he comenzado a disfrutar de las verduras bien soleadas, alimentadas por la tierra, y poco acompañadas de químicos. Mucha legumbre, buen aceite de oliva y hasta una dosis semanal de ese extraño quesillo con sabor a esponja, el tofu.

Dentro de mis correrías por el amplio mundo psi, me encontré viendo un documental de un centro zen, el regente, explica el significado de las extrañas palabras que repiten sentados a la mesa a la hora del almuerzo, en los retiros. Se trata de una serie de frases que recuerdan a quienes van a alimentarse, que lo que comen fue sembrado y trabajado por campesinos, nutrido por la tierra y regado por las lluvias, a la vez que energizado por el sol. Algo me pasó a partir de ese día, mientras como, muchas veces me he visto imaginando al sol radiante, la tierra, el agua, los campesinos, y como esas hojas o granos que mastico, de algún extraño modo concentran todo ese universo, y como de ese misterioso modo, pasan a formar parte de mí elementos universales tan dispersos. Con la carne lo mismo me pasa, no la he dejado aunque me apetece menos, pero comiéndola pienso en la vida del animal, el pasto que comió, el sol que brilló sobre ese pasto, el agua, etc... En este momento se me agregan los procesos industriales, la próxima vez que coma fideos recordaré a las nobles máquinas que los elaboran. Es impresionante pensar en imágenes de este modo, de pronto me veo como una especie de concentrado universal, todo en mí. El "todos somos uno" de los budistas cobra un sentido impresionante.

Nunca había tenido sentido alguno para mí la idea de que somos lo que comemos. Pero al dejar de pensar en forma de hechos aislados, todo toma un color diferente, el color de lo integrado.

Pensaba si el extremo rechazo de algunos vegetarianos por los productos animales revela un rechazo por incorporar lo propio de lo animal, pasión impulso que emerge en acto destructivo y creativo, comerse a otros y copular. Por otra parte no es raro tener más comodidad en cenarse el ser de un tomate o una lechuga, lo vegetal, tranquilo, quieto, estado vegetal mismo, pasa tan por debajo de la consciencia, a nadie inquieta vegetar. Animalear en cambio, sea para el lado destructivo o sexual, no deja indiferente a nadie.

Para qué decir lo mineral, a nadie molestará in-corporar sales, aún no he visto vegetarianos aminerálicos. Me causa gracia, pero sí he visto vegetarianos verduleros extreme hardcore, fui testigo en una ocasión de cómo uno de estos seres rechazaba una exquisita hoja de beterraga por su inervación rojo intenso "no como nada rojo" ¿pensaría en sangre animal?, capaz que la betarraga es un animal de tierra y aún no me enteré.

24/4/08

Psicoanalista se nace.

Todos nacemos psicoanalistas. Transcurrimos nuestros primeros días de vida en el acto existencial más puro, es lo que es. No hay tiempo ni espacio, la dinámica del deseo no ha colonizado nuestras mentes que aún no se desarrollan.

Acto psicoanalítico puro, existencia simple sin intermediaciones.

Años después, luego de pasar por las mil y una deformaciones que nos impone la cultura, somos entes mentales, resentidos sirvientes de una identidad que nos atrapa, vivimos desde el pasado en el futuro. Neuróticos ordinarios.

Algunos otros, no llegamos a consolidar ni la neurosis, vivimos en un accidentado tránsito vital, con frecuentes caídas de sistema dada la fragilidad, no llegamos a ser alguien, la máscara está llena de hoyos, no estamos ni al principio ni al final. Psicóticos ordinarios, en mayor o menor grado.

Dentro de todos estos, unos pocos, buscamos la manera más complicada de descomplicarnos, nos metemos a formarnos como psicoanalistas. Hay otros caminos, este es de los más mentales, se agota la mente, se agota el lenguaje, cae el psicoanálisis. Caen las escaleras, quedamos suspendidos allí donde la realidad nos vio llegar al mundo.

Psicoanalista se nace, y a algunos nos toma una enorme cantidad de complicaciones, intentar recuperar ese espacio, ,a existencia.

3/4/08

Sintomas, la vuelta de lo escondido.

Lo dijo con toda claridad el viejo Freud, lo reprimido, retorna.

Mucho he pensado en estos días en este potente concepto. A nivel social aparecen organizaciones paramilitares en el sur quemando buses, bombas varias en lugares diversos. Asesinatos, celebraciones en relación a asesinatos político que terminan en otro asesinato político.

Gobierno, me sorprende escuchar a quienes estaban del lado de las protestas y la víctima de la represión, manifestando los mismos niveles de cinismo frente a un orden social que se desordena, violencia y descontento que amanece por las grietas de la estructura del orden normalizado.

No es diferente el síntoma en el nivel individual. Pretendemos que no tenemos impulsos agresivos, sexuales, no demorarán mucho en aflorar manifestaciones de todo orden intentarno devolvernos aquello de lo que queremos enajenarnos.

Escondemos ante nosotros mismos nuestras dimensiones menos preferidas, nos sale un hijo que nos representa todo eso en su estado más agudo y doloroso.

Todo vuelve.

Por eso me conquista el trabajo de la consciencia, en el sentido de hacerse consciente de todo lo que nos conforma, de todo lo que participamos y creamos pensando que somos totalmente ajenos a ellos. Revisar cómo lo que odiamos en otros es precisamente lo menos cómodo de nuestra personalidad.

El loco en la sociedad no es otra cosa que el que nos representa lo insoportable de lo humano, el que nos trae de vuelta aquello que apartamos para sostener nuestra escenografía de una vida ideal, depurada.

El terrorista quizás no sea muy diferente, pero no está dispuesto al sacrificio como el que entra en la condición de loco y el trato que solemos darle.

No sostengo bajo ningún punto de vista la tolerancia o complicidad con actos que destruyan el derecho de todos y la convivencia. Sin embargo soy enfáticamente partidario de escuchar qué nos dicen los brotes que descalificamos con facilidad bajo la categoría "delincuente, criminal, loco, enfermo".

¿Quién es más enfermo?
El que da la vida por lo que ya no puede soportar
El que no lo soporta y se cree totalmente ajeno

La cura de un loco o un antisocial, es difícil en su arte.

Conceptualmente es básico, simple.

¿Cómo reconducir el brote de una verdad inevitable desde un acto insoportado a una expresión tolerable por el resto que puede aplastar al manifestante?

No otra cosa es la terapia. Cuando el caso es muy grave, ambas partes están en personas separadas. Menos grave, es la lucha interna.

24/3/08

El Cherokee y la carreta (encuentro psicosomatico).

Era una esquina de Santiago, de esas que ya se producen poco gracias al muro que conforman las autopistas.
La esquina no era entre dos calles, sino entre dos mundos.
Un semáforo en rojo puso a un flamante jeep Cherokee con su flamante dueño que lucía lentes, reloj, y actitud Cherokee, cara de satisfacción y velocidad... envidiable... junto a un clásido carretonero de Santiago. De esos que abundaban en barrios como La Vega y alrededor de algunas ferias. Enjuto hasta el límite, una lección de anatomía, vestido sólo con un gastado pantalón arremangado, a pata pelá, mugriento y con cara de espanto, tirando un carro cargado hasta el asombro, con ruedas que no ruedan...

El abismo que separa las realidades alcanza niveles sorprendentes para mí.

Pienso, el flamante conductor del bello auto, ¿no recibe impacto alguno? Yo creo que eso duele y envenena hasta el fondo del alma, a todos. Para qué decir el carretonero... Pienso que el impacto se recibe en alguna parte, el cuerpo (contracturas y enfermedades varias), la violencia de nuestras relaciones, las adicciones múltiples de las que somos parte (el consumo, estimulantes, drogas legales y de las otras, la hiperestimulación (tv, mp3, audífonos, "noticias")).

La pobreza, la marginalidad, la falta de oportunidades, la explotación ¿sólo daña a los marginados y explotados? Yo creo que no, creo que los "ganadores" de este mundo estamos permanentemente sufriendo el impacto del dolor del maltrato sobre el que se asienta nuestra convivencia cotidiana y que creamos en cada uno de nuestros haceres en el mundo.

No hay que esperar el próximo carretón para vivir la experiencia. Basta con saber algo de la vida íntima del conserje de nuestro edificio, la secretaria, el junior, el que nos lava el auto, nuestra "asesora del hogar" (renunciamos a llamarla empleada, pero ¿la tratamos mejor? ¿le pagamos dignamente?...

¿Somos inmunes al mundo que creamos?

¿Cómo hacemos para participar de la creación de realidades que luego nos parecen horribles y ajenas?

18/3/08

Silencio y Obscuridad

Lentamente la urbe y sus vías se han ido inundando de imágen y sonidos, muchas veces estridentes, llamativos, controladores.

Muchos lugares tienen pantallas que es casi imposible evitar, con imágenes que no podemos apartar de nuestro campo visual.

Restaurantes, malls, tiendas, micros, carros de metro, estaciones, buses, salas de espera en ámbitos variados, llenas de pantallas de última generación con esa imagen que supera a la realidad en brillo y colorido.

No pocas veces me ha sorprendido constatar que la música ambiental acompaña imágenes de clips musicales sin coincidir. Uno escucha una cosa y ve otra.

Las imágenes en video no coinciden tampoco con la propuesta aparente de los ambientes en los que la pantalla los ofrece.

Nos dejamos llevar, con esa bovina pasividad, la misma con la que permitimos que la televisión inunde nuestros hogares con las imágenes más diversamente chocantes, violentas y espantosas, en una concentración tal que en pocos meses hemos visto más sangre, tortura, violencia y sexo que el más desatado delincuente o el más experto policía.

Es increíble, a veces pagamos por eso. Vamos al cine, elegimos violencia, terror, desconfianza. Quizás en la ilusión de que eso quede en la pantalla. La ilusión del cine, todos sabemos que son actores. Pero, en el cine, en el teatro, la literatura, pagamos para que nos engañen. Para que nos ayuden a crear un mundo ficticio, por terrorífico que sea, tiene fin. Si no pagas no entras.

Nos llenamos de aparatos, mp3, mp4, celulares, palms, combinaciones de ellos, todo el día pendientes de sus sonidos y luces, de sus baterías, de sus accesorios y cables, de sus envases para transportarlos.

Colonizados por la exterioridad, dejamos que nos atrapen los sentidos, llamando desde afuera con su canto de sirena.

Eludimos el silencio, la obscuridad. Como dijo sabiamente un amigo hace poco, hoy en día pagamos, y cada vez más caro, por silencio y obscuridad.

Parece ser pecaminoso querer comer sin una tv, sin "música". Dejé de ir a mi restaurant preferido, almorzaba todos los sábado, al dueño le dio por "aggiornarse" remodeló el local, y por supuesto, sendas pantallas para que nadie se pierda la imagen de carreras de moto, auto, o una que otra bella mina mediática, al ritmo de música "lounge" que tiene aroma a calma, pero que no deja conversar.

¿Iremos a encontrar algo en esta desesperada búsqueda por el sonido más perfecto, la imagen digital?

Entiendo, la economía, el crecimiento positivo permanente, requiere adictos, adictos a lo exterior, tenemos que cambiar el celular, es muy viejo, el mp3, muy poca capacidad, el computador, no procesa los últimos formatos de imágen ... ... ...

En realidad, qué aburrido pensar en silencio y oscuridad ¿inventarán alguna vez un modo de iluminar el cielo y eliminar la noche? mejor aún, en una de esas hacemos desaparecer las pantallas inventando un modo de proyectar en el cielo.

Nos vemos, me voy al mall a cambiar el celular.

5/2/08

Instituciones Psicoanaliticas, un oximoron

La sola idea de institución psicoanalítica para mí es un oximoron, la armonización imposible de dos opuestos.

El psicoanálisis es para mí la herramienta liberadora más poderosa que conozco en tanto aborda y desarticula las dinámicas del poder desde el núcleo central del mismo. El individuo, el individuo atrapado por la "pasión de la servidumbre voluntaria" (Etienne de la Boetie). No hay un punto más central del anclaje del poder que el núcleo subjetivo del individuo dispuesto a servir, desesperado por encontrar su amo. Deseando la ley que lo marque dentro de un feudo, lo ordene liberándolo de la tensión constante de la responsabilidad personal, sin tregua, y el desamparo constitutivo de lo humano.

Es en la esperanza de servir a un amo que hacemos ilusiones de estar amparados por el poderoso, aceptando nuestra pobre condición humana en la medida en que sentimos que si somos favorecidos por el amo, todopoderoso y superior, estaremos al abrigo de los riesgos propios de nuestra condición de pobres y humildes mortales. Como si hubiera otros que no pertenecen a esta miserable condición y podrían concedernos el favor. Dispuestos estamos a darlo todo en pos de sostener la ilusión, no importando cuánta evidencia se nos presente de lo contrario. El amo no hará otra cosa que servirse del voluntario sirviente, sin que uno ni otro escapen a las condiciones de la existencia, totalmente democráticas, igual para todos.

El psicoanálisis se inicia sobre el fenómeno transferencial, la ubicación de un amo en el psicoanalista. El psicoanalista bien formado sabrá conducir el proceso para disolver la dinámica de poder implícita en una relación tal. Cierto es que esto se escapa a muchos psicoanalistas que no hacen otra cosa que explotar la dinámica hasta extremos ridículos, llevando procesos interminables en que su analizado sólo va agregando carga culpable por ser y existir tal como es.

Las instituciones psicoanalíticas que he conocido, no son otra cosa que agrupaciones de sujetos temerosos de su precariedad e ignorancia, agrupados bajo una jerarquía de señores a los que se supone de algún modo superiores o dotados de algún don casi místico en la revelación de los secretos de lo humano. Profetas vivientes. Sus enseñanzas se transforman en sagrada escritura que los fieles repiten al pie de la letra, sin un punto de reflexión profunda ni de búsqueda experiencial personal al respecto. La mayor parte de los jerarcas de las instituciones son hombres talentosos en lo clínico, creativos y libres que se han atrevido a hablar en su idioma personal, recreando y apoderádose del psicoanálisis, herejes muchas veces con lo conservador del movimiento.

Su ejemplo muchas veces es seguido del modo que propone la sumisión y el poder, contra la voluntad de estos maestros, sus seguidores siguen a la persona santificándola, cosifican sus palabras y no su ejemplo personal de búsqueda. Se llega al punto del fetichismo en el que tener o no determinado libro en su versión original, haber sido analizado por un analizado del linaje de un determinado analista, llega a tener un valor delirante.

El problema es que cuando el psicoanálisis hace su efecto tal como lo entendiera Bion y Lacan a mi modo de ver, el sujeto termina arrojado al vacío de la existencia creativa, impredecible e incierta, incapaz de sostenerse en estructuras religiosas como la descrita.

En ese punto no es posible sostener ideas sin criticarlas por el poder o rango del que las emitió, y la institución no soporta tal movimiento, a no ser que el rebelde se haga lugar como nuevo caudillo.

Bion, en el momento en que más fanatismo generaba dentro de la sociedad londinense, enfrentando una posible reelección, decide irse a Beverly Hills California, donde prácticamente no lo conocían, en sus palabras "antes de que me hunda el peso de las medallas". Desarrolló todo un trabajo dentro del tema "el místico y el grupo" que explora la relación de los grupos con el caudillo y la verdad.

Yo creo que las instituciones psicoanalíticas son un imposible, algo se pierde, o lo institucional que no resiste la libertad de pensamiento, o lo psicoanalítico que no resiste ataduras.

El psicoanálisis como experiencia es un acceso ético, el locus de la verdad subjetiva se suelta de su posición sometida en el Otro, liberada esa amarra, será lo que la existencia presente en adelante.

4/2/08

Vivir en la Mente. El Mapa y el Dragon.

Gudo Wafu Nishijima, cuenta de un hombre a quien fascinaban los dragones, los estudiaba, los imaginaba, los dibujaba. Leía de dragones, soñaba con dragones, cantaba acerca de dragones. Sus murallas estaban llenas de bellas ilustraciones de dragones, sus muebles plenos de hermosas figuras de dragones.

Un buen día, un dragón pasaba por ahí y no tuvo mejor idea que asomarse por la ventana de la casa del buen hombre, el que al verlo, presa del más absoluto terror, cayó muerto al instante.

Tengo la impresión de que esta pequeña historia es tan cercana a mi vida. Cuántas veces desarrollamos interminables modelos mentales acerca de cosas que suponemos que nos gustaría vivir, pero una vez en ellas, no podemos de miedo frente a una realidad fáctica, ineludible, que no admite las decoraciones y matices para los que la mente se presta.

Viene a mi mente mi antiguo maestro Humberto Maturana, creo que de las cosas que más me marcó de su enseñanza era el énfasis en la distinción entre hechos y explicaciones. Las cosas son lo que son, lo demás son ideas, explicaciones.

Es la vieja idea de confundir el mapa con el territorio que representa. Los mapas por buenos que sean son mapas. Muchas veces vivimos la vida en mapas, dentro de nuestras cabezas, y cuando el territorio se nos hace presente con matices y detalles que no estaban en el mapa sufrimos insoportablemente.

Vivir en el pasado y en el futuro es vivir dentro del mapa. El territorio existencial es aquí y ahora. Lugar donde no hay espacio para dudas, las cosas son lo que son. En el mapa está lo que nos gustaría que fueran, o lo que podrían haber sido si es que las condiciones hubieran sido otras. Sin embargo, eso es fantasía. La realidad es sólida.

¿Cuánto tiempo de vida perdemos navegando en nuestras anticipaciones y lamentos por lo que no es como nos gustaría?

¿Cuánto más simple es vivir enfrentado a lo que es?

Simple no dice "fácil".

A mis hermanos Psi

Queridos hermanos, Marx. Agradezco la conformación de esta cofradía de selectos analistas, y un antianalista sinclubista retirado, en este ...