La idea de integración acompaña a todos los modelos de psicoterapia que conozco. La palabra misma alude a componer en un todo las partes, re-unir.
Las dificultades psicológicas pueden fácilmente ser vistas bajo la idea de fragmentación, escisión, disociación, en simple, desconección. Algo se aparta de un todo conformando una parte. Es ya un lugar común de la cultura "psi" el decir que alguien está "desconectado" de sus emociones, de su cuerpo, etc...
No nos es ajeno tampoco el discurso más propio de la cultura "new age" que engloba diversas corrientes espirituales, esotéricas. Todas ellas apuntan sin duda al apartamiento del resto del universo en la que los terrícolas vivimos. Sintiéndonos apartados del funcionamiento de la maravillosa dinámica cósmica.
También está el conocido y manoseado discurso ecológico, que apunta a lo apartados que vivimos del ambiente natural, y humano, que nos rodea en diversas escalas. La integración, la reunión, el todos somos uno es el norte de esta mirada.
Finalmente todo confluye, las tendencias hacia el desarrollo de lo humano coinciden en la idea de la integración en todos los niveles.
A mi entender el desarrollo de la persona humana, la salud, está determinada precisamente por la integración, más allá del modelo psicoanalítico que es el que más conocí, quizás coincidiendo con el mundo transpersonal, con las ideas de Jung, la integración del individuo en sí, mente, cuerpo, su entorno, familia, trabajo, el suelo que pisa, los seres vivos no humanos que lo rodean y lo alimentan, pasando al cosmos, sus fuerzas. Yo no tengo una experiencia directa, pero cómo va a ser posible que las inmensas fuerzas que fluyen en el cosmos del cual somos una pequeñísima parte, no tenga una influencia sobre nuestras vidas.
Las múltiples formas de enfermedad de lo humano, pueden ser vistas como distintos niveles de desconexión con los múltiples niveles en que somos todos uno.
Recuerdo el impacto que me causó la lectura de un texto del monje budista vietnamita Thich Nhat Hanh, que dice que si eres poeta, al momento de leer su texto ves entonces la nube que flota sobre el libro... la nube que regó los árboles del cual salió la pulpa que dió lugar al papel...... .... ... ..
Matías Fernández Depetris
Psicoterapeuta sin club discípulo de Groucho Marx
(Fundador y miembro único de Psicoterapia Sinclubista Marxista)
28/8/08
No tengo tiempo, luego existo.
(Para Revista Cuaderno nº1)
El tiempo no existe, sin embargo de esa lana tejemos nuestras vidas. El tiempo, como el dinero y las matemáticas son especulaciones. Pliegues de nada, vacío infinitamente doblado sobre sí mismo constituye algo, ilusión. Pensamiento. El tiempo aparece cuando pensando nos salimos del presente, del estar ahí mismo donde somos a cada momento. El pensar en su origen es un modo de relacionarnos con lo que no está, anticipamos acontecimientos creando complejos escenarios mentales donde manipulamos ampliamente nuestra vivencia de lo que es real. Al salir así de eso, que es, eterno presente, entramos en el infinito espacio mental, dominio del ego y las ideas todopoderosas. Salimos de eso presente y entramos en el ego tiempo mente. Catapultados así hacia lo futuro, vivimos persiguiendo nuestras ilusiones. Ahí anidamos la vida, escapándole a la inmediatez existencial donde todo se juega ya mismo. Ahí, aquí, ahora. El tiempo aparece como la dimensión de la distancia a la que estamos de nuestros deseos. Deseo y tiempo, circulan por las mismas vías de la nada mental. Deseamos... lo imposible, en el tiempo.... que no existe.
Vivimos hoy el futuro como si lo conociéramos, lo que vemos adelante es el pasado como en un espejo retrovisor que nos habla del futuro desde lo ya vivido, sorteando el misterioso infinito, vacío y sin forma del porvenir. Memorias del futuro decía Wilfred Bion. Miramos ciegos al presente, al futuro que no existe, y vemos lo pasado que confundimos con lo futuro.
Lo que imaginamos para mañana cubre lo que estamos haciendo ahora. Pensar en pasar a pagar una cuenta al otro día, los obstáculos que podemos encontrar... ocupados en que no hemos tenido el tiempo de ir a cortarnos el pelo, comprar calcetines, cambiar el celular, o pasar a revisar el boleto de kino, nos saca del momento ansiado en el que estamos al fin en casa, momento que cuando llega, ya no estamos ahí para disfrutarlo. Estuvimos ahí en el pensamiento antes de su realización, estuvimos ahí en el tiempo... no estamos en el presente.
Vemos transcurrir la vida sin tener el tiempo suficiente para compartir con los nuestros, en eso nos ocupamos mientras estamos en el café con algún amigo, o cuando estamos en el día a día con quienes trabajamos, el quiosquero de la esquina, la chica que nos sirve el almuerzo o la señora que asea los baños de la oficina, esos nuestros que por desconocerlos se nos pasan por delante, farreándonos la vida misma, en el tiempo.
Añoramos tiempo para nuestra pareja, cuando estamos juntos, no deja de ser notable, berreamos por tener tiempo para "nosotros mismos" a la vez que ensoñamos escenitas con las otras personas con las que podríamos haber convivido o a la que podríamos tirarle las manos gustosamente sin compromisos. Esperamos un momento propicio para desatar nuestras pasiones en el ring de cuatro perillas, estando en medio de ellas ya no nos sorprendemos al vernos pensando en las tareas pendientes, en qué cocinar para mañana o en las pechugas de la vecina.
Trabajamos para para unas merecidas vacaciones, vivimos el presente enganchados a esa promesa. Ocio, naturaleza, actividades novedosas, quizás bellas ciudades y cómodos hoteles... un abanico de espacio personal y asombro en potencia. No pasarán dos o tres días (o minutos) de llegar para que ya con nuestra mente estemos enredados planificando cómo ocupar el tiempo que nos abruma al tenerlo libre, o de vuelta en nuestra cotidianeidad organizando el año que comenzará... si es que aún habitamos esta dimensión...
...Como si caernos muertos en este mismo instante no fuera una posibilidad... ¿No es un milagro despertar cada día? Morir es cierto, decía Roser Bru con una serie de grabados. Pero claro, creemos tener tiempo, porque el tiempo es nuestro, es mental. Es el espacio mental. Las ideas todo lo pueden. Somos dioses. El tiempo, sangre de dioses, es el éter que llena ese espacio mental.
La existencia ocurre, la vivencia existencial se nos juega en la mente. Pienso, luego existo. Jacques Lacan, el perro, dijo algo así como "Allí donde no pienso, existo", también planteó dentro de los objetivos de su terapéutica la desconsistencia del asegurado ego, el confiar y entregarse al inconsciente, a eso, que es. No son pocos los que, dentro de un plano más declaradamente espiritual se plantean la entrega al misterio, resignando la existencia a un espacio sin garantías.
Todas las garantías, seguros, guardias,, cercos eléctricos, barrios protegidos, ahorros, inversiones, planes de jubilación etc... las cosas en las que creemos y confiamos, son anticipaciones en el tiempo, que no existe. ¿Qué es vivir? Por un lado jugamos nuestros esfuerzos cotidianos para sostener la ilusión de una vida garantizada que la sociedad del consumo nos ofrece en cómodas cuotas sin fin, por el otro lado vivimos en la construcción de ilusiones en el tiempo, que cuando llegan para ser disfrutadas, ya no podemos asir porque estamos ocupados en la siguiente quimera. La mente es una enfermedad, decía Donald Winnicott. Algunos budistas aspiran a la budeidad de un gato, acto perfecto sin tiempomente, sintonía pura con lo que es. La sabiduría Nike "Just do it".
Termino con una historia que debe ser viejísima, me ha llegado de fuentes tan diversas como algún cuento sufi, o budista, y nuestro clásico Condorito. Se trata de un hombre, un campesino sentado pescando a la orilla de un río una plácida tarde de verano. Pasea por ahí un acaudalado hombre de negocios, disfrutando unos días de vacaciones. Se acerca al pescador y lo observa, vestido con pobreza, su caña de pescar es literalmente una caña, sin tecnologías ni sofisticaciones. Se acerca y se produce el siguiente diálogo:
- Buenas tardes buen hombre.
- Buenas tardes patrón. ¿anda paseando?
- Si, y usted...
- Aquí, pescando alguna cosita para la sartén..
- Dígame... ¿nunca ha pensado comprar una buena caña de pescar?
- ... no... ¿y pa'qué?
- eeh.. bueno, para que pueda aumentar y mejorar la pesca.
- ... mmeee..
- a ver, obvio pues, para tener unos pescados para vender en el pueblo.
- ¿y pa'qué?
- Bueno, para poder comprar un bote, y sacar más pescado.
- ¿y pa'qué?
- Para aumentar las ventas y poner una pescadería.
- ¿y pa'qué?
- ¡ Para juntar antecedentes como PYME y pedir un crédito !
- ¿y pa'qué?
- ¡ Para construir un frigorífico y comprar camiones y tener una cadena de distribución a lo largo del país !
- ¡¡ ¿y pa'qué? !!
- ¡¡¡ Para generar recursos, entrar en bolsa y comenzar un negocio de exportaciones !!!
- ¡¡¡ ¿y pa'qué patrón? !!!
- ¡¡¡ Obvio pues huaso bruto, para ganar PLATA, mucha, muchísima PLATA !!!!
- ¡¡¡¡¡ ¿Y PA' QUÉ PATRONCITO? !!!!!
- ¡¡¡¡¡ PARA TENER TIEMPO PARA VENIR DE VACACIONES A PESCAR AL RIO !!!!!!!
El tiempo no existe, sin embargo de esa lana tejemos nuestras vidas. El tiempo, como el dinero y las matemáticas son especulaciones. Pliegues de nada, vacío infinitamente doblado sobre sí mismo constituye algo, ilusión. Pensamiento. El tiempo aparece cuando pensando nos salimos del presente, del estar ahí mismo donde somos a cada momento. El pensar en su origen es un modo de relacionarnos con lo que no está, anticipamos acontecimientos creando complejos escenarios mentales donde manipulamos ampliamente nuestra vivencia de lo que es real. Al salir así de eso, que es, eterno presente, entramos en el infinito espacio mental, dominio del ego y las ideas todopoderosas. Salimos de eso presente y entramos en el ego tiempo mente. Catapultados así hacia lo futuro, vivimos persiguiendo nuestras ilusiones. Ahí anidamos la vida, escapándole a la inmediatez existencial donde todo se juega ya mismo. Ahí, aquí, ahora. El tiempo aparece como la dimensión de la distancia a la que estamos de nuestros deseos. Deseo y tiempo, circulan por las mismas vías de la nada mental. Deseamos... lo imposible, en el tiempo.... que no existe.
Vivimos hoy el futuro como si lo conociéramos, lo que vemos adelante es el pasado como en un espejo retrovisor que nos habla del futuro desde lo ya vivido, sorteando el misterioso infinito, vacío y sin forma del porvenir. Memorias del futuro decía Wilfred Bion. Miramos ciegos al presente, al futuro que no existe, y vemos lo pasado que confundimos con lo futuro.
Lo que imaginamos para mañana cubre lo que estamos haciendo ahora. Pensar en pasar a pagar una cuenta al otro día, los obstáculos que podemos encontrar... ocupados en que no hemos tenido el tiempo de ir a cortarnos el pelo, comprar calcetines, cambiar el celular, o pasar a revisar el boleto de kino, nos saca del momento ansiado en el que estamos al fin en casa, momento que cuando llega, ya no estamos ahí para disfrutarlo. Estuvimos ahí en el pensamiento antes de su realización, estuvimos ahí en el tiempo... no estamos en el presente.
Vemos transcurrir la vida sin tener el tiempo suficiente para compartir con los nuestros, en eso nos ocupamos mientras estamos en el café con algún amigo, o cuando estamos en el día a día con quienes trabajamos, el quiosquero de la esquina, la chica que nos sirve el almuerzo o la señora que asea los baños de la oficina, esos nuestros que por desconocerlos se nos pasan por delante, farreándonos la vida misma, en el tiempo.
Añoramos tiempo para nuestra pareja, cuando estamos juntos, no deja de ser notable, berreamos por tener tiempo para "nosotros mismos" a la vez que ensoñamos escenitas con las otras personas con las que podríamos haber convivido o a la que podríamos tirarle las manos gustosamente sin compromisos. Esperamos un momento propicio para desatar nuestras pasiones en el ring de cuatro perillas, estando en medio de ellas ya no nos sorprendemos al vernos pensando en las tareas pendientes, en qué cocinar para mañana o en las pechugas de la vecina.
Trabajamos para para unas merecidas vacaciones, vivimos el presente enganchados a esa promesa. Ocio, naturaleza, actividades novedosas, quizás bellas ciudades y cómodos hoteles... un abanico de espacio personal y asombro en potencia. No pasarán dos o tres días (o minutos) de llegar para que ya con nuestra mente estemos enredados planificando cómo ocupar el tiempo que nos abruma al tenerlo libre, o de vuelta en nuestra cotidianeidad organizando el año que comenzará... si es que aún habitamos esta dimensión...
...Como si caernos muertos en este mismo instante no fuera una posibilidad... ¿No es un milagro despertar cada día? Morir es cierto, decía Roser Bru con una serie de grabados. Pero claro, creemos tener tiempo, porque el tiempo es nuestro, es mental. Es el espacio mental. Las ideas todo lo pueden. Somos dioses. El tiempo, sangre de dioses, es el éter que llena ese espacio mental.
La existencia ocurre, la vivencia existencial se nos juega en la mente. Pienso, luego existo. Jacques Lacan, el perro, dijo algo así como "Allí donde no pienso, existo", también planteó dentro de los objetivos de su terapéutica la desconsistencia del asegurado ego, el confiar y entregarse al inconsciente, a eso, que es. No son pocos los que, dentro de un plano más declaradamente espiritual se plantean la entrega al misterio, resignando la existencia a un espacio sin garantías.
Todas las garantías, seguros, guardias,, cercos eléctricos, barrios protegidos, ahorros, inversiones, planes de jubilación etc... las cosas en las que creemos y confiamos, son anticipaciones en el tiempo, que no existe. ¿Qué es vivir? Por un lado jugamos nuestros esfuerzos cotidianos para sostener la ilusión de una vida garantizada que la sociedad del consumo nos ofrece en cómodas cuotas sin fin, por el otro lado vivimos en la construcción de ilusiones en el tiempo, que cuando llegan para ser disfrutadas, ya no podemos asir porque estamos ocupados en la siguiente quimera. La mente es una enfermedad, decía Donald Winnicott. Algunos budistas aspiran a la budeidad de un gato, acto perfecto sin tiempomente, sintonía pura con lo que es. La sabiduría Nike "Just do it".
Termino con una historia que debe ser viejísima, me ha llegado de fuentes tan diversas como algún cuento sufi, o budista, y nuestro clásico Condorito. Se trata de un hombre, un campesino sentado pescando a la orilla de un río una plácida tarde de verano. Pasea por ahí un acaudalado hombre de negocios, disfrutando unos días de vacaciones. Se acerca al pescador y lo observa, vestido con pobreza, su caña de pescar es literalmente una caña, sin tecnologías ni sofisticaciones. Se acerca y se produce el siguiente diálogo:
- Buenas tardes buen hombre.
- Buenas tardes patrón. ¿anda paseando?
- Si, y usted...
- Aquí, pescando alguna cosita para la sartén..
- Dígame... ¿nunca ha pensado comprar una buena caña de pescar?
- ... no... ¿y pa'qué?
- eeh.. bueno, para que pueda aumentar y mejorar la pesca.
- ... mmeee..
- a ver, obvio pues, para tener unos pescados para vender en el pueblo.
- ¿y pa'qué?
- Bueno, para poder comprar un bote, y sacar más pescado.
- ¿y pa'qué?
- Para aumentar las ventas y poner una pescadería.
- ¿y pa'qué?
- ¡ Para juntar antecedentes como PYME y pedir un crédito !
- ¿y pa'qué?
- ¡ Para construir un frigorífico y comprar camiones y tener una cadena de distribución a lo largo del país !
- ¡¡ ¿y pa'qué? !!
- ¡¡¡ Para generar recursos, entrar en bolsa y comenzar un negocio de exportaciones !!!
- ¡¡¡ ¿y pa'qué patrón? !!!
- ¡¡¡ Obvio pues huaso bruto, para ganar PLATA, mucha, muchísima PLATA !!!!
- ¡¡¡¡¡ ¿Y PA' QUÉ PATRONCITO? !!!!!
- ¡¡¡¡¡ PARA TENER TIEMPO PARA VENIR DE VACACIONES A PESCAR AL RIO !!!!!!!
20/8/08
¿ECOlogía o EGOlogía?
Esta moda pareció ser en algún momento un gran despertar a la consciencia de nuestro lugar en el sistema planetario y nuestro rol como integrados participantes de la cadena de la vida, o de brutos explotadores de cuanto recurso encontramos, sin otra consideración que el más inmediato y básico principio del placer.
Mucho se habla, se escribe, en nombre de la ecología. Sin embargo, sin ponerse muy fino en la observación uno se encuentra con quienes se hacen vegetarianos pensando en vivir mejor, pero no tienen la más mínima inquietud en relación al brutal sistema de tortura y masacre en el que se produce la carne disponible para el consumo. Comen orgánico, lo que está muy bien, pero ahí se quedan muy tranquilos sin interiorizarse del problema que implica lo transgénico, los pesticidas, los usos abusivos del suelo agrícola.
Otros, enarbolan sus banderas ecológicas para protestar por una antena de telefonía celular, muy próxima a sus hogares o muy fea para ser aceptada en un amable barrio burgués. Algunos se conforman con el disfraz de palmera que está en boga, otros se calman si les corren la antena lejos de casa. A nadie parece importarle el conciudadano (generalmente más pobre) al que le llegará la antena desplazada, o las consecuencias amplias que tiene la cultura celular como modo de vida.
El mejor ejemplo de lo que me inquieta, es nuestro flamante Capitán Planeta, que en un momento de cósmica inspiración ecológica, anunció con desfachatada autoridad, que la solución para la contaminación de los humedales de Valdivia, por la planta elaboradora de papel, era ni más ni menos que.... sacar un conducto desde la planta hasta Mehuín, caleta pesquera cercana a Valdivia, y tirar allí todo lo que destruyó la vida en los humedales. En su momento se hizo un reportaje a la planta que dio el modelo para la que hay en Valdivia, una planta Finlandesa, ellos tenían 3 etapas más en el procesamiento de deshechos, y obtenían agua potable al final de la línea. En Chile sencillamente se construyó la planta a medias, con énfasis productivo.
Es decir, mi discurso ecológico y mi metro cuadrado. Listo. Barrer la mugre bajo la alfombra.
¿Cuál será la lógica?
a. Si no lo veo, no existe
b. Dale no más, total los chilenos son imbéciles
c. El Mar es una planta de procesamiento de deshechos natural
No sé, pero más que una ECO lógica, suena a una EGO lógica.
Mucho se habla, se escribe, en nombre de la ecología. Sin embargo, sin ponerse muy fino en la observación uno se encuentra con quienes se hacen vegetarianos pensando en vivir mejor, pero no tienen la más mínima inquietud en relación al brutal sistema de tortura y masacre en el que se produce la carne disponible para el consumo. Comen orgánico, lo que está muy bien, pero ahí se quedan muy tranquilos sin interiorizarse del problema que implica lo transgénico, los pesticidas, los usos abusivos del suelo agrícola.
Otros, enarbolan sus banderas ecológicas para protestar por una antena de telefonía celular, muy próxima a sus hogares o muy fea para ser aceptada en un amable barrio burgués. Algunos se conforman con el disfraz de palmera que está en boga, otros se calman si les corren la antena lejos de casa. A nadie parece importarle el conciudadano (generalmente más pobre) al que le llegará la antena desplazada, o las consecuencias amplias que tiene la cultura celular como modo de vida.
El mejor ejemplo de lo que me inquieta, es nuestro flamante Capitán Planeta, que en un momento de cósmica inspiración ecológica, anunció con desfachatada autoridad, que la solución para la contaminación de los humedales de Valdivia, por la planta elaboradora de papel, era ni más ni menos que.... sacar un conducto desde la planta hasta Mehuín, caleta pesquera cercana a Valdivia, y tirar allí todo lo que destruyó la vida en los humedales. En su momento se hizo un reportaje a la planta que dio el modelo para la que hay en Valdivia, una planta Finlandesa, ellos tenían 3 etapas más en el procesamiento de deshechos, y obtenían agua potable al final de la línea. En Chile sencillamente se construyó la planta a medias, con énfasis productivo.
Es decir, mi discurso ecológico y mi metro cuadrado. Listo. Barrer la mugre bajo la alfombra.
¿Cuál será la lógica?
a. Si no lo veo, no existe
b. Dale no más, total los chilenos son imbéciles
c. El Mar es una planta de procesamiento de deshechos natural
No sé, pero más que una ECO lógica, suena a una EGO lógica.
18/8/08
Abandona todo y ven.
Muchos maestros del espíritu en diversas citas aparecen invitándonos a dejar todo tras ellos o tras Dios o algo similar. El bello mensaje de Jesús está dentro de la misma línea.
Probablemente muchos ya lo hayan entendido así. Pero yo veo un profundo llamado a hacernos realmente más de lo que es nuestro, abandonándolo.
Sí. Abandonando lo que compartimos de la vida, los hijos que tenemos, a los que tenemos cerca, nuestras posesiones.
Puede entenderse con facilidad como una invitación concreta a irse, lejos.
Muchos lo han entendido así, harapientos, fuera de la sociedad, lejos de los que los rodearon y los que podrían rodearlos.
Otros, un poco más elaborados encontraron refugio en monasterios y disciplinas religiosas, dejando tras sí todo lo que era su vida.
Caminos hay muchos, y quizás la invitación de los maestros del espíritu, es una invitación universal, que a cada uno toca. Así como hay monjes en la soledad de un monasterio, ermitaños en algún rincón metidos en sí mismos. Habemos otros imbuídos en el hacer familia, conformar comunidad.
Creo que también nos cabe la invitación a abandonar todo, pareja, hijos, etc...
Creo que la invitación es a abandonarlos como posesiones nuestras para dejarlos ser. Aceptar que no somos dueños del destino de nadie, ni siquiera del propio.
Entregarse a la aventura del ser implica abrirse a lo incierto del existir, abandonando la esperanza feroz que destruye nuestras familias y nuestra sociedad día a día.
La loca expectativa de que los demás están ahí para satisfacernos, para llenar nuestras carencias, cumplir nuestros sueños frustrados, seguir el camino que nosotros creemos mejor para ellos.
En pareja, ¿no es éste el nudo más habitual? ¿Amamos? o más bien queremos para nosotros al otro como un recurso en el cumplimiento de nuestro sueño...
A nuestros hijos, ¿será Amor? ése del que tanto hablamos, con el que nos llenamos la boca, hacerlos puré para meterlos en el formato de lo que nos parece decente, bueno, sano, correcto, etc... Quizás en el cuidar la infancia no haya tantas dudas, pero cuando nuestros hijos comienzan a declararse personas, otros, etc... en plena adolescencia, ¿los amamos?
¿Cuánto nos desespera que los demás no estén para cumplir nuestros sueños?
Cuánta vida derramada en el intento de vivir "como Dios manda".
Como Dios manda.... jaja, debe haber muchos dioses, porque al parecer todos sabemos lo que Dios manda... o será.... que en el fondo cada uno de nosotros se erige en un Dios autoritario al cerrarse a la deidad que somos todos, en el núcleo mismo del ser.
El ser que somos, no el que querríamos ser.
Probablemente muchos ya lo hayan entendido así. Pero yo veo un profundo llamado a hacernos realmente más de lo que es nuestro, abandonándolo.
Sí. Abandonando lo que compartimos de la vida, los hijos que tenemos, a los que tenemos cerca, nuestras posesiones.
Puede entenderse con facilidad como una invitación concreta a irse, lejos.
Muchos lo han entendido así, harapientos, fuera de la sociedad, lejos de los que los rodearon y los que podrían rodearlos.
Otros, un poco más elaborados encontraron refugio en monasterios y disciplinas religiosas, dejando tras sí todo lo que era su vida.
Caminos hay muchos, y quizás la invitación de los maestros del espíritu, es una invitación universal, que a cada uno toca. Así como hay monjes en la soledad de un monasterio, ermitaños en algún rincón metidos en sí mismos. Habemos otros imbuídos en el hacer familia, conformar comunidad.
Creo que también nos cabe la invitación a abandonar todo, pareja, hijos, etc...
Creo que la invitación es a abandonarlos como posesiones nuestras para dejarlos ser. Aceptar que no somos dueños del destino de nadie, ni siquiera del propio.
Entregarse a la aventura del ser implica abrirse a lo incierto del existir, abandonando la esperanza feroz que destruye nuestras familias y nuestra sociedad día a día.
La loca expectativa de que los demás están ahí para satisfacernos, para llenar nuestras carencias, cumplir nuestros sueños frustrados, seguir el camino que nosotros creemos mejor para ellos.
En pareja, ¿no es éste el nudo más habitual? ¿Amamos? o más bien queremos para nosotros al otro como un recurso en el cumplimiento de nuestro sueño...
A nuestros hijos, ¿será Amor? ése del que tanto hablamos, con el que nos llenamos la boca, hacerlos puré para meterlos en el formato de lo que nos parece decente, bueno, sano, correcto, etc... Quizás en el cuidar la infancia no haya tantas dudas, pero cuando nuestros hijos comienzan a declararse personas, otros, etc... en plena adolescencia, ¿los amamos?
¿Cuánto nos desespera que los demás no estén para cumplir nuestros sueños?
Cuánta vida derramada en el intento de vivir "como Dios manda".
Como Dios manda.... jaja, debe haber muchos dioses, porque al parecer todos sabemos lo que Dios manda... o será.... que en el fondo cada uno de nosotros se erige en un Dios autoritario al cerrarse a la deidad que somos todos, en el núcleo mismo del ser.
El ser que somos, no el que querríamos ser.
12/8/08
"El Planeta" en crisis y la EstetÉtica tele.visiva"
Escuchaba a un grupo de personas muy preocupadas por el planeta y los catastróficos eventos actuales y previsibles para un futuro cercano dada la actual evolución geoclimática y geopolítica.
Sin embargo, nos veía como grupo, llegamos en flamantes camionetas, vivimos de una manera común y corriente, y al hablar de la crisis planetaria parecíamos estar hablando de algo que sucede "allá" en "El Planeta" que parece ser un lugar "allá" en nuestras mentes. ¿O en la pantalla de tv?
Se habla en términos del precio del petróleo, de los gobiernos de las grandes potencias, de los nuevos equilibrios con la incorporación de India y China al gran baile del Capital... Todo por allá, lejos, en "El Planeta".
Una serie de sabias e informadas reflexiones de un grupo de personas que evidentemente leen los diarios, ven noticiarios en tv, escuchan debates radiales.
Es curioso que el estar tan "informado" y "conectado" finalmente te lleve a estarlo a algo por allá, o "ahí" pero no "aquí" en tí mismo y donde pones tus pies. El problema es "de la tierra" "de la humanidad" "de los gobiernos". Pero no de cada uno.
Entonces, vamos al cine con los niños a ver Wall-e espeluznante y extrarealista fantasía de Disney respecto a la crisis planetaria. Termina la película, sale la gente del cine y la sala queda plagada de kilos y kilos de basura de todo tipo, destacando por supuesto los envases plásticos.
Ahí algo me cuadró, la crisis planetaria sucede allá, en una pantalla, en el cine o la televisión. Asistimos a nuestra realidad cotidiana desde la dimensión televisiva, la vemos desde lejos como si no nos perteneciera.
Vemos nuestra propia destrucción sentados cómodamente en nuestro home theater o en las mullidas butacas de cine, rellenándonos como pavo navideño de "comida" que no necesitamos y que luego nos exigirá invertir vida en médicos, gimnasios y dietas, por supuesto.
Salimos de la pantalla y no nos preocupamos más, vivimos nuestra vida sobre el planeta que se agota, sin medir como cada uno de nuestros actos y omisiones está inmerso en la trama que podemos ver en un documental televisivo acerca de la crisis global.
La crisis global es acá, en tu casa que consume lo que ya no podemos darnos el lujo, en tu dormitorio cuando alienado por la pantalla que te arrulla con excrementos culturales ya no sabes ni con quién duermes, en tu barrio en el que encerrado en cada hogar transcurren dramas personales que si hiciéramos nuestros, de la comunidad podríamos llevar de un modo tan distinto.
Hace unos pocos días tocó el timbre de mi casa una mujer, desesperada, agotada, consumida por la angustia y ya habituada. Todo esto podía leerse con facilidad en su impronta que revelaba también que había visto mejores tiempos. Educada, algo humillada por lo que estaba haciendo, o más que humillada anticipándose a la humillación del rechazo, me explica que vive a unas pocas casas y tiene un hijo de 15 años consumido por una grave enfermedad pulmonar, ya terminal. Su agonía se alivia con oxígeno que ella ya no tiene con qué pagar. Iba casa por casa pidiendo ayuda. Eso ocurre a metros de mi dormitorio. Y yo me ocupo de cosas que ni sé, pero me dicen los medios...
¿Tienes empleada puertas adentro? ¿sabes realmente quién duerme en tu casa? ¿qué necesidades tiene? ¿O es simplemente una funcionaria te basta con que haga su trabajo y se trague su frustración y amargura? Si tienes suerte es extranjera, y la intensidad de su desesperación hará que no muestre nada que pueda perturbar tu dulce sueño, bien consolidado con medicamentos psiquiátricos que no te dejen despertar, claro.
¿Cuántos de estos dramas están en la casa de al lado, en la nuestra? Mientras en el cubículo aislado del costado otros pueden estar preocupados de la compra del último celular o de la acumulación de imágen en el próximo vehículo ultimo modelo.
La crisis global no está en la televisión. Está en tu casa.
Sin embargo, nos veía como grupo, llegamos en flamantes camionetas, vivimos de una manera común y corriente, y al hablar de la crisis planetaria parecíamos estar hablando de algo que sucede "allá" en "El Planeta" que parece ser un lugar "allá" en nuestras mentes. ¿O en la pantalla de tv?
Se habla en términos del precio del petróleo, de los gobiernos de las grandes potencias, de los nuevos equilibrios con la incorporación de India y China al gran baile del Capital... Todo por allá, lejos, en "El Planeta".
Una serie de sabias e informadas reflexiones de un grupo de personas que evidentemente leen los diarios, ven noticiarios en tv, escuchan debates radiales.
Es curioso que el estar tan "informado" y "conectado" finalmente te lleve a estarlo a algo por allá, o "ahí" pero no "aquí" en tí mismo y donde pones tus pies. El problema es "de la tierra" "de la humanidad" "de los gobiernos". Pero no de cada uno.
Entonces, vamos al cine con los niños a ver Wall-e espeluznante y extrarealista fantasía de Disney respecto a la crisis planetaria. Termina la película, sale la gente del cine y la sala queda plagada de kilos y kilos de basura de todo tipo, destacando por supuesto los envases plásticos.
Ahí algo me cuadró, la crisis planetaria sucede allá, en una pantalla, en el cine o la televisión. Asistimos a nuestra realidad cotidiana desde la dimensión televisiva, la vemos desde lejos como si no nos perteneciera.
Vemos nuestra propia destrucción sentados cómodamente en nuestro home theater o en las mullidas butacas de cine, rellenándonos como pavo navideño de "comida" que no necesitamos y que luego nos exigirá invertir vida en médicos, gimnasios y dietas, por supuesto.
Salimos de la pantalla y no nos preocupamos más, vivimos nuestra vida sobre el planeta que se agota, sin medir como cada uno de nuestros actos y omisiones está inmerso en la trama que podemos ver en un documental televisivo acerca de la crisis global.
La crisis global es acá, en tu casa que consume lo que ya no podemos darnos el lujo, en tu dormitorio cuando alienado por la pantalla que te arrulla con excrementos culturales ya no sabes ni con quién duermes, en tu barrio en el que encerrado en cada hogar transcurren dramas personales que si hiciéramos nuestros, de la comunidad podríamos llevar de un modo tan distinto.
Hace unos pocos días tocó el timbre de mi casa una mujer, desesperada, agotada, consumida por la angustia y ya habituada. Todo esto podía leerse con facilidad en su impronta que revelaba también que había visto mejores tiempos. Educada, algo humillada por lo que estaba haciendo, o más que humillada anticipándose a la humillación del rechazo, me explica que vive a unas pocas casas y tiene un hijo de 15 años consumido por una grave enfermedad pulmonar, ya terminal. Su agonía se alivia con oxígeno que ella ya no tiene con qué pagar. Iba casa por casa pidiendo ayuda. Eso ocurre a metros de mi dormitorio. Y yo me ocupo de cosas que ni sé, pero me dicen los medios...
¿Tienes empleada puertas adentro? ¿sabes realmente quién duerme en tu casa? ¿qué necesidades tiene? ¿O es simplemente una funcionaria te basta con que haga su trabajo y se trague su frustración y amargura? Si tienes suerte es extranjera, y la intensidad de su desesperación hará que no muestre nada que pueda perturbar tu dulce sueño, bien consolidado con medicamentos psiquiátricos que no te dejen despertar, claro.
¿Cuántos de estos dramas están en la casa de al lado, en la nuestra? Mientras en el cubículo aislado del costado otros pueden estar preocupados de la compra del último celular o de la acumulación de imágen en el próximo vehículo ultimo modelo.
La crisis global no está en la televisión. Está en tu casa.
17/7/08
Moral y Ética y lo que Dios manda... (sobre una idea lacaniana de Norberto Rabinovich)
Tema antiguo y ambiguo, dos palabras que siempre he visto usadas con un área de intersección amplia. Diversos significados, sesudas cavilaciones. Nunca del todo aclaradas.
Recibí un texto de Norberto Rabinovich, parte de un seminario alrededor de sus ideas teñidas de Lacan.
Extraje de ese escrito una conclusión notable, es ético un acto que transgrede una ley. Es moral lo ceñido a la ley.
Sin embargo, lo ético pareciera transgredir no cualquier ley, no es de andar rompiendo leyes para dárselas de ético.
De hecho el rebelde que vive en la ruptura de la ley, puede ser tan moral como el que más sin saberlo, pues sigue ceñido al problema del respeto por la ley.
La ley que rompe el acto ético, es la ley que ordena respetar la ley. La ley quebrantada es la ley del Otro.
Dice también Rabinovich, más de una vez, que el psicoanálisis es un acceso ético.
El síntoma no es ético, creo yo que es moral. El síntoma es un acceso autorizado (legal) al sufrimiento, sin que se tome en cuenta lo que comunica. Ni el "enfermo" lee lo que su síntoma porta.
Ser moral es sentirse enfermo de no ser como Dios manda.
Listo.
Recibí un texto de Norberto Rabinovich, parte de un seminario alrededor de sus ideas teñidas de Lacan.
Extraje de ese escrito una conclusión notable, es ético un acto que transgrede una ley. Es moral lo ceñido a la ley.
Sin embargo, lo ético pareciera transgredir no cualquier ley, no es de andar rompiendo leyes para dárselas de ético.
De hecho el rebelde que vive en la ruptura de la ley, puede ser tan moral como el que más sin saberlo, pues sigue ceñido al problema del respeto por la ley.
La ley que rompe el acto ético, es la ley que ordena respetar la ley. La ley quebrantada es la ley del Otro.
Dice también Rabinovich, más de una vez, que el psicoanálisis es un acceso ético.
El síntoma no es ético, creo yo que es moral. El síntoma es un acceso autorizado (legal) al sufrimiento, sin que se tome en cuenta lo que comunica. Ni el "enfermo" lee lo que su síntoma porta.
Ser moral es sentirse enfermo de no ser como Dios manda.
Listo.
23/6/08
El que se suicida va preso. Chaitén y la falta de respeto.
Siempre me ha causado impresión el hecho de que los individuos seamos propiedad del estado.
Tal afirmación puede sonar extraña, pero la ley penaliza el suicidio, o el intento. El que se suicida, va preso. Si sobrevive, claro. Y si además es pobre, está poco informado o no tiene acceso a alguna red de influencia de menor grado que permita, en alguna buena clínica privada, hacer de su falta a la ley una pirueta que la convierta en una indigestión u otro accidente que cubra y explique las intervenciones médicas aplicadas.
Es como el aborto. Otra frontera de la propiedad de la vida de los individuos.
Es aquí donde la palabra "sujeto" alcanza su expresión más directa y concreta, un individuo está sujeto por el estado que lo sujeta.
El estado se apropia, sujeta a sus sujetos, con ello les resta su dignidad y responsabilizándose por ellos, les irresponsabiliza. Resultante, una masa social de sujetos o sostenidos que esperan de su sostenedor el sustento de cada día.
Esta sujeción es interesante en otro ámbito muy vigente por estos días de catástrofes volcánicas, pluviométricas y fluviales.
En el caso de la catástrofe de Chaitén (como se ha visto a lo largo de la historia de Chile) hemos visto por los medios sujetos indignados reclamando por la ayuda recibida, esperan recibir del estado la misma casa, la misma vida, la misma situación anterior a las furias ígneas.
Es decir, el estado o sostenedor, en tanto sujetador de sujetos, es a la vez garante (siempre fallido) de una vida sin sobresaltos. Los sujetos al recibir la ayuda se sienten con derecho a esperar todo de la máquina estatal, incluso la eliminación de las consecuencias de una manifestación de la naturaleza, en nada sorprendente, del todo natural y esperable.
¿Cómo actúa el estado para mantener y aumentar el problema?
Simple, tratando a los sujetos como perfectos idiotas, adueñándose de sus vidas. Por decreto se obliga a todos los habitantes de la zona de seguridad a abandonar el lugar. Los sujetos son tomados por el gobierno. No hay libertad para decidir el propio destino ni los propios riesgos. En ese mismo acto se firma el pacto desde el cual el sujeto es desprovisto de su autoridad sobre sí mismo, gustoso la entrega sentándose a reclamar de ahí en adelante, furioso, por lo que siente que le debe su nuevo dueño, el estado.
Los volcanes hacen erupción, el mar y los ríos se salen de su lugar, la tierra se calienta, todo cambia, la vida fluye impredecible. Morir es cierto. ¿De adónde un pickle gobierno terrícola puede ser exigido a responder por los hechos de la evolución del planeta?
Tal afirmación puede sonar extraña, pero la ley penaliza el suicidio, o el intento. El que se suicida, va preso. Si sobrevive, claro. Y si además es pobre, está poco informado o no tiene acceso a alguna red de influencia de menor grado que permita, en alguna buena clínica privada, hacer de su falta a la ley una pirueta que la convierta en una indigestión u otro accidente que cubra y explique las intervenciones médicas aplicadas.
Es como el aborto. Otra frontera de la propiedad de la vida de los individuos.
Es aquí donde la palabra "sujeto" alcanza su expresión más directa y concreta, un individuo está sujeto por el estado que lo sujeta.
El estado se apropia, sujeta a sus sujetos, con ello les resta su dignidad y responsabilizándose por ellos, les irresponsabiliza. Resultante, una masa social de sujetos o sostenidos que esperan de su sostenedor el sustento de cada día.
Esta sujeción es interesante en otro ámbito muy vigente por estos días de catástrofes volcánicas, pluviométricas y fluviales.
En el caso de la catástrofe de Chaitén (como se ha visto a lo largo de la historia de Chile) hemos visto por los medios sujetos indignados reclamando por la ayuda recibida, esperan recibir del estado la misma casa, la misma vida, la misma situación anterior a las furias ígneas.
Es decir, el estado o sostenedor, en tanto sujetador de sujetos, es a la vez garante (siempre fallido) de una vida sin sobresaltos. Los sujetos al recibir la ayuda se sienten con derecho a esperar todo de la máquina estatal, incluso la eliminación de las consecuencias de una manifestación de la naturaleza, en nada sorprendente, del todo natural y esperable.
¿Cómo actúa el estado para mantener y aumentar el problema?
Simple, tratando a los sujetos como perfectos idiotas, adueñándose de sus vidas. Por decreto se obliga a todos los habitantes de la zona de seguridad a abandonar el lugar. Los sujetos son tomados por el gobierno. No hay libertad para decidir el propio destino ni los propios riesgos. En ese mismo acto se firma el pacto desde el cual el sujeto es desprovisto de su autoridad sobre sí mismo, gustoso la entrega sentándose a reclamar de ahí en adelante, furioso, por lo que siente que le debe su nuevo dueño, el estado.
Los volcanes hacen erupción, el mar y los ríos se salen de su lugar, la tierra se calienta, todo cambia, la vida fluye impredecible. Morir es cierto. ¿De adónde un pickle gobierno terrícola puede ser exigido a responder por los hechos de la evolución del planeta?
¿Somos lo que comemos?
Con el añejamiento propio de la cuarentena, me ha venido una serie de inundaciones extrañas.
Solía ser un carnívoro de asados dominicales, mínimo, acompañados de buenos vinos que en el mejor estilo joven ejecutivo con curso de cata podía distinguir con la más agotadoras de las pituquerías. Acompañaba estos eventos, no se si para coronar las pituquerías, o para aturdir la consciencia ante tanta gula, con un buen puro y no pocos cafés, de grano por supuesto y ojalá expreso.
Un par de años han pasado en que misteriosamente he ido alejándome en forma espontánea y sorprendente para mí mismo, de toda esta serie de refinamientos "vernáculos". Junto con una serie de cambios amplios en mi forma de vivir, me he ido encontrando con un visceral rechazo ante mis habituales gustos y formas de alimentarme.
Con ello, y en conjunción con la aparición de un notable local de delicias orgánicas, he comenzado a disfrutar de las verduras bien soleadas, alimentadas por la tierra, y poco acompañadas de químicos. Mucha legumbre, buen aceite de oliva y hasta una dosis semanal de ese extraño quesillo con sabor a esponja, el tofu.
Dentro de mis correrías por el amplio mundo psi, me encontré viendo un documental de un centro zen, el regente, explica el significado de las extrañas palabras que repiten sentados a la mesa a la hora del almuerzo, en los retiros. Se trata de una serie de frases que recuerdan a quienes van a alimentarse, que lo que comen fue sembrado y trabajado por campesinos, nutrido por la tierra y regado por las lluvias, a la vez que energizado por el sol. Algo me pasó a partir de ese día, mientras como, muchas veces me he visto imaginando al sol radiante, la tierra, el agua, los campesinos, y como esas hojas o granos que mastico, de algún extraño modo concentran todo ese universo, y como de ese misterioso modo, pasan a formar parte de mí elementos universales tan dispersos. Con la carne lo mismo me pasa, no la he dejado aunque me apetece menos, pero comiéndola pienso en la vida del animal, el pasto que comió, el sol que brilló sobre ese pasto, el agua, etc... En este momento se me agregan los procesos industriales, la próxima vez que coma fideos recordaré a las nobles máquinas que los elaboran. Es impresionante pensar en imágenes de este modo, de pronto me veo como una especie de concentrado universal, todo en mí. El "todos somos uno" de los budistas cobra un sentido impresionante.
Nunca había tenido sentido alguno para mí la idea de que somos lo que comemos. Pero al dejar de pensar en forma de hechos aislados, todo toma un color diferente, el color de lo integrado.
Pensaba si el extremo rechazo de algunos vegetarianos por los productos animales revela un rechazo por incorporar lo propio de lo animal, pasión impulso que emerge en acto destructivo y creativo, comerse a otros y copular. Por otra parte no es raro tener más comodidad en cenarse el ser de un tomate o una lechuga, lo vegetal, tranquilo, quieto, estado vegetal mismo, pasa tan por debajo de la consciencia, a nadie inquieta vegetar. Animalear en cambio, sea para el lado destructivo o sexual, no deja indiferente a nadie.
Para qué decir lo mineral, a nadie molestará in-corporar sales, aún no he visto vegetarianos aminerálicos. Me causa gracia, pero sí he visto vegetarianos verduleros extreme hardcore, fui testigo en una ocasión de cómo uno de estos seres rechazaba una exquisita hoja de beterraga por su inervación rojo intenso "no como nada rojo" ¿pensaría en sangre animal?, capaz que la betarraga es un animal de tierra y aún no me enteré.
Solía ser un carnívoro de asados dominicales, mínimo, acompañados de buenos vinos que en el mejor estilo joven ejecutivo con curso de cata podía distinguir con la más agotadoras de las pituquerías. Acompañaba estos eventos, no se si para coronar las pituquerías, o para aturdir la consciencia ante tanta gula, con un buen puro y no pocos cafés, de grano por supuesto y ojalá expreso.
Un par de años han pasado en que misteriosamente he ido alejándome en forma espontánea y sorprendente para mí mismo, de toda esta serie de refinamientos "vernáculos". Junto con una serie de cambios amplios en mi forma de vivir, me he ido encontrando con un visceral rechazo ante mis habituales gustos y formas de alimentarme.
Con ello, y en conjunción con la aparición de un notable local de delicias orgánicas, he comenzado a disfrutar de las verduras bien soleadas, alimentadas por la tierra, y poco acompañadas de químicos. Mucha legumbre, buen aceite de oliva y hasta una dosis semanal de ese extraño quesillo con sabor a esponja, el tofu.
Dentro de mis correrías por el amplio mundo psi, me encontré viendo un documental de un centro zen, el regente, explica el significado de las extrañas palabras que repiten sentados a la mesa a la hora del almuerzo, en los retiros. Se trata de una serie de frases que recuerdan a quienes van a alimentarse, que lo que comen fue sembrado y trabajado por campesinos, nutrido por la tierra y regado por las lluvias, a la vez que energizado por el sol. Algo me pasó a partir de ese día, mientras como, muchas veces me he visto imaginando al sol radiante, la tierra, el agua, los campesinos, y como esas hojas o granos que mastico, de algún extraño modo concentran todo ese universo, y como de ese misterioso modo, pasan a formar parte de mí elementos universales tan dispersos. Con la carne lo mismo me pasa, no la he dejado aunque me apetece menos, pero comiéndola pienso en la vida del animal, el pasto que comió, el sol que brilló sobre ese pasto, el agua, etc... En este momento se me agregan los procesos industriales, la próxima vez que coma fideos recordaré a las nobles máquinas que los elaboran. Es impresionante pensar en imágenes de este modo, de pronto me veo como una especie de concentrado universal, todo en mí. El "todos somos uno" de los budistas cobra un sentido impresionante.
Nunca había tenido sentido alguno para mí la idea de que somos lo que comemos. Pero al dejar de pensar en forma de hechos aislados, todo toma un color diferente, el color de lo integrado.
Pensaba si el extremo rechazo de algunos vegetarianos por los productos animales revela un rechazo por incorporar lo propio de lo animal, pasión impulso que emerge en acto destructivo y creativo, comerse a otros y copular. Por otra parte no es raro tener más comodidad en cenarse el ser de un tomate o una lechuga, lo vegetal, tranquilo, quieto, estado vegetal mismo, pasa tan por debajo de la consciencia, a nadie inquieta vegetar. Animalear en cambio, sea para el lado destructivo o sexual, no deja indiferente a nadie.
Para qué decir lo mineral, a nadie molestará in-corporar sales, aún no he visto vegetarianos aminerálicos. Me causa gracia, pero sí he visto vegetarianos verduleros extreme hardcore, fui testigo en una ocasión de cómo uno de estos seres rechazaba una exquisita hoja de beterraga por su inervación rojo intenso "no como nada rojo" ¿pensaría en sangre animal?, capaz que la betarraga es un animal de tierra y aún no me enteré.
24/4/08
Psicoanalista se nace.
Todos nacemos psicoanalistas. Transcurrimos nuestros primeros días de vida en el acto existencial más puro, es lo que es. No hay tiempo ni espacio, la dinámica del deseo no ha colonizado nuestras mentes que aún no se desarrollan.
Acto psicoanalítico puro, existencia simple sin intermediaciones.
Años después, luego de pasar por las mil y una deformaciones que nos impone la cultura, somos entes mentales, resentidos sirvientes de una identidad que nos atrapa, vivimos desde el pasado en el futuro. Neuróticos ordinarios.
Algunos otros, no llegamos a consolidar ni la neurosis, vivimos en un accidentado tránsito vital, con frecuentes caídas de sistema dada la fragilidad, no llegamos a ser alguien, la máscara está llena de hoyos, no estamos ni al principio ni al final. Psicóticos ordinarios, en mayor o menor grado.
Dentro de todos estos, unos pocos, buscamos la manera más complicada de descomplicarnos, nos metemos a formarnos como psicoanalistas. Hay otros caminos, este es de los más mentales, se agota la mente, se agota el lenguaje, cae el psicoanálisis. Caen las escaleras, quedamos suspendidos allí donde la realidad nos vio llegar al mundo.
Psicoanalista se nace, y a algunos nos toma una enorme cantidad de complicaciones, intentar recuperar ese espacio, ,a existencia.
Acto psicoanalítico puro, existencia simple sin intermediaciones.
Años después, luego de pasar por las mil y una deformaciones que nos impone la cultura, somos entes mentales, resentidos sirvientes de una identidad que nos atrapa, vivimos desde el pasado en el futuro. Neuróticos ordinarios.
Algunos otros, no llegamos a consolidar ni la neurosis, vivimos en un accidentado tránsito vital, con frecuentes caídas de sistema dada la fragilidad, no llegamos a ser alguien, la máscara está llena de hoyos, no estamos ni al principio ni al final. Psicóticos ordinarios, en mayor o menor grado.
Dentro de todos estos, unos pocos, buscamos la manera más complicada de descomplicarnos, nos metemos a formarnos como psicoanalistas. Hay otros caminos, este es de los más mentales, se agota la mente, se agota el lenguaje, cae el psicoanálisis. Caen las escaleras, quedamos suspendidos allí donde la realidad nos vio llegar al mundo.
Psicoanalista se nace, y a algunos nos toma una enorme cantidad de complicaciones, intentar recuperar ese espacio, ,a existencia.
3/4/08
Sintomas, la vuelta de lo escondido.
Lo dijo con toda claridad el viejo Freud, lo reprimido, retorna.
Mucho he pensado en estos días en este potente concepto. A nivel social aparecen organizaciones paramilitares en el sur quemando buses, bombas varias en lugares diversos. Asesinatos, celebraciones en relación a asesinatos político que terminan en otro asesinato político.
Gobierno, me sorprende escuchar a quienes estaban del lado de las protestas y la víctima de la represión, manifestando los mismos niveles de cinismo frente a un orden social que se desordena, violencia y descontento que amanece por las grietas de la estructura del orden normalizado.
No es diferente el síntoma en el nivel individual. Pretendemos que no tenemos impulsos agresivos, sexuales, no demorarán mucho en aflorar manifestaciones de todo orden intentarno devolvernos aquello de lo que queremos enajenarnos.
Escondemos ante nosotros mismos nuestras dimensiones menos preferidas, nos sale un hijo que nos representa todo eso en su estado más agudo y doloroso.
Todo vuelve.
Por eso me conquista el trabajo de la consciencia, en el sentido de hacerse consciente de todo lo que nos conforma, de todo lo que participamos y creamos pensando que somos totalmente ajenos a ellos. Revisar cómo lo que odiamos en otros es precisamente lo menos cómodo de nuestra personalidad.
El loco en la sociedad no es otra cosa que el que nos representa lo insoportable de lo humano, el que nos trae de vuelta aquello que apartamos para sostener nuestra escenografía de una vida ideal, depurada.
El terrorista quizás no sea muy diferente, pero no está dispuesto al sacrificio como el que entra en la condición de loco y el trato que solemos darle.
No sostengo bajo ningún punto de vista la tolerancia o complicidad con actos que destruyan el derecho de todos y la convivencia. Sin embargo soy enfáticamente partidario de escuchar qué nos dicen los brotes que descalificamos con facilidad bajo la categoría "delincuente, criminal, loco, enfermo".
¿Quién es más enfermo?
El que da la vida por lo que ya no puede soportar
El que no lo soporta y se cree totalmente ajeno
La cura de un loco o un antisocial, es difícil en su arte.
Conceptualmente es básico, simple.
¿Cómo reconducir el brote de una verdad inevitable desde un acto insoportado a una expresión tolerable por el resto que puede aplastar al manifestante?
No otra cosa es la terapia. Cuando el caso es muy grave, ambas partes están en personas separadas. Menos grave, es la lucha interna.
Mucho he pensado en estos días en este potente concepto. A nivel social aparecen organizaciones paramilitares en el sur quemando buses, bombas varias en lugares diversos. Asesinatos, celebraciones en relación a asesinatos político que terminan en otro asesinato político.
Gobierno, me sorprende escuchar a quienes estaban del lado de las protestas y la víctima de la represión, manifestando los mismos niveles de cinismo frente a un orden social que se desordena, violencia y descontento que amanece por las grietas de la estructura del orden normalizado.
No es diferente el síntoma en el nivel individual. Pretendemos que no tenemos impulsos agresivos, sexuales, no demorarán mucho en aflorar manifestaciones de todo orden intentarno devolvernos aquello de lo que queremos enajenarnos.
Escondemos ante nosotros mismos nuestras dimensiones menos preferidas, nos sale un hijo que nos representa todo eso en su estado más agudo y doloroso.
Todo vuelve.
Por eso me conquista el trabajo de la consciencia, en el sentido de hacerse consciente de todo lo que nos conforma, de todo lo que participamos y creamos pensando que somos totalmente ajenos a ellos. Revisar cómo lo que odiamos en otros es precisamente lo menos cómodo de nuestra personalidad.
El loco en la sociedad no es otra cosa que el que nos representa lo insoportable de lo humano, el que nos trae de vuelta aquello que apartamos para sostener nuestra escenografía de una vida ideal, depurada.
El terrorista quizás no sea muy diferente, pero no está dispuesto al sacrificio como el que entra en la condición de loco y el trato que solemos darle.
No sostengo bajo ningún punto de vista la tolerancia o complicidad con actos que destruyan el derecho de todos y la convivencia. Sin embargo soy enfáticamente partidario de escuchar qué nos dicen los brotes que descalificamos con facilidad bajo la categoría "delincuente, criminal, loco, enfermo".
¿Quién es más enfermo?
El que da la vida por lo que ya no puede soportar
El que no lo soporta y se cree totalmente ajeno
La cura de un loco o un antisocial, es difícil en su arte.
Conceptualmente es básico, simple.
¿Cómo reconducir el brote de una verdad inevitable desde un acto insoportado a una expresión tolerable por el resto que puede aplastar al manifestante?
No otra cosa es la terapia. Cuando el caso es muy grave, ambas partes están en personas separadas. Menos grave, es la lucha interna.
24/3/08
El Cherokee y la carreta (encuentro psicosomatico).
Era una esquina de Santiago, de esas que ya se producen poco gracias al muro que conforman las autopistas.
La esquina no era entre dos calles, sino entre dos mundos.
Un semáforo en rojo puso a un flamante jeep Cherokee con su flamante dueño que lucía lentes, reloj, y actitud Cherokee, cara de satisfacción y velocidad... envidiable... junto a un clásido carretonero de Santiago. De esos que abundaban en barrios como La Vega y alrededor de algunas ferias. Enjuto hasta el límite, una lección de anatomía, vestido sólo con un gastado pantalón arremangado, a pata pelá, mugriento y con cara de espanto, tirando un carro cargado hasta el asombro, con ruedas que no ruedan...
El abismo que separa las realidades alcanza niveles sorprendentes para mí.
Pienso, el flamante conductor del bello auto, ¿no recibe impacto alguno? Yo creo que eso duele y envenena hasta el fondo del alma, a todos. Para qué decir el carretonero... Pienso que el impacto se recibe en alguna parte, el cuerpo (contracturas y enfermedades varias), la violencia de nuestras relaciones, las adicciones múltiples de las que somos parte (el consumo, estimulantes, drogas legales y de las otras, la hiperestimulación (tv, mp3, audífonos, "noticias")).
La pobreza, la marginalidad, la falta de oportunidades, la explotación ¿sólo daña a los marginados y explotados? Yo creo que no, creo que los "ganadores" de este mundo estamos permanentemente sufriendo el impacto del dolor del maltrato sobre el que se asienta nuestra convivencia cotidiana y que creamos en cada uno de nuestros haceres en el mundo.
No hay que esperar el próximo carretón para vivir la experiencia. Basta con saber algo de la vida íntima del conserje de nuestro edificio, la secretaria, el junior, el que nos lava el auto, nuestra "asesora del hogar" (renunciamos a llamarla empleada, pero ¿la tratamos mejor? ¿le pagamos dignamente?...
¿Somos inmunes al mundo que creamos?
¿Cómo hacemos para participar de la creación de realidades que luego nos parecen horribles y ajenas?
La esquina no era entre dos calles, sino entre dos mundos.
Un semáforo en rojo puso a un flamante jeep Cherokee con su flamante dueño que lucía lentes, reloj, y actitud Cherokee, cara de satisfacción y velocidad... envidiable... junto a un clásido carretonero de Santiago. De esos que abundaban en barrios como La Vega y alrededor de algunas ferias. Enjuto hasta el límite, una lección de anatomía, vestido sólo con un gastado pantalón arremangado, a pata pelá, mugriento y con cara de espanto, tirando un carro cargado hasta el asombro, con ruedas que no ruedan...
El abismo que separa las realidades alcanza niveles sorprendentes para mí.
Pienso, el flamante conductor del bello auto, ¿no recibe impacto alguno? Yo creo que eso duele y envenena hasta el fondo del alma, a todos. Para qué decir el carretonero... Pienso que el impacto se recibe en alguna parte, el cuerpo (contracturas y enfermedades varias), la violencia de nuestras relaciones, las adicciones múltiples de las que somos parte (el consumo, estimulantes, drogas legales y de las otras, la hiperestimulación (tv, mp3, audífonos, "noticias")).
La pobreza, la marginalidad, la falta de oportunidades, la explotación ¿sólo daña a los marginados y explotados? Yo creo que no, creo que los "ganadores" de este mundo estamos permanentemente sufriendo el impacto del dolor del maltrato sobre el que se asienta nuestra convivencia cotidiana y que creamos en cada uno de nuestros haceres en el mundo.
No hay que esperar el próximo carretón para vivir la experiencia. Basta con saber algo de la vida íntima del conserje de nuestro edificio, la secretaria, el junior, el que nos lava el auto, nuestra "asesora del hogar" (renunciamos a llamarla empleada, pero ¿la tratamos mejor? ¿le pagamos dignamente?...
¿Somos inmunes al mundo que creamos?
¿Cómo hacemos para participar de la creación de realidades que luego nos parecen horribles y ajenas?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
A mis hermanos Psi
Queridos hermanos, Marx. Agradezco la conformación de esta cofradía de selectos analistas, y un antianalista sinclubista retirado, en este ...
-
A la antroposofía llegué por su medicina. Luego de años de padecer una sinusitis crónica con frecuentes episodios agudos que eran tratados c...
-
Se le atribuyen las siguientes palabras a Bert Hellinger en la página 247 de su libro "Gottesgedanken" (2004). No me consta, sin...